56 Un par de días
Pero para entonces ya comprendía que, para alguien que se havisto obligado a dejarlo todo, no son cosas aburridas. Son lasparedes de una vida. La estabilidad no es un lujo para ella. Esalgo que ha tenido que ganarse dos veces.
Y cuando le pregunté si había algo que nunca le hubieracontado a nadie, respondió demasiado deprisa, y demasiadoalegremente.
—No —dijo—. Nada.
La miré un momento. No insistí. Hay puertas que no seabren llamando más fuerte. Se abren cuando uno se convierteen la clase de persona para quien alguien querrá, con el tiempo,
abrirlas.
Decidí, en silencio, ser esa persona, si ella me lo permitía.
Creo que, a su manera, ya lo había permitido.