34 Un par de días
Bajamos a la acera, en la última parada, al sonido de lostranvías, las voces y mil pasos sobre la piedra.
El aire olía a café, a lluvia y a algo dulce de una panadería cercana. Una palomaaterrizó a nuestros pies y nos miró con desaprobación.
—La paloma te recuerda —dijo Daniel con solemnidad.
Saqué el teléfono. Miré la hora. Eran las tres y cuarto.
Tres horas y cuarenta y cinco minutos, pensé. Podíasobrevivir tres horas y cuarenta y cinco minutos.
Aún no sabía cuánto me equivocaba, ni cuánto puedeaguantar una persona con una sola frase, cuando la frase esNosveremos pronto.