Un par de días 25 Capítulo S e i s
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25 Capítulo S e i s

La puerta y las patatas fritas

N a d i y a

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Cuando yoteníasieteaños,miabuelome esperaba en la puertadel colegio.

Nunca llegaba antes ni después. Aparecía justo en elinstante en que dejaba de sonar el último timbre, con lamisma chaqueta gris en todas las estaciones y las manoscruzadas a la espalda, como un hombre que pasa revista a undesfile.

Los demás niños corrían hacia sus madres.

Yo corríahacia él. Fingía no verme hasta que yo estaba casi pegada a susrodillas, y entonces decía, con enorme sorpresa:

—Ah, aquí estás. Ya empezaba a pensar que me habíaequivocado de colegio.

Era nuestra broma. La repitió todos los días durante años.

Después volvíamos a casa por el camino largo.

No por eldirecto, que bajaba por la avenida principal, pasaba junto a lafarmacia y duraba diez minutos.

El camino largo atravesaba elparquecito de la fuente rota y seguía por una calle tranquiladonde una anciana vendía pipas de girasol y donde, en laesquina, había un quiosco con un toldo amarillo.

El quiosco vendía patatas fritas.

Mimadre las tenía prohibidas. Decía que eranmalas para elestómago, malas para los dientes, malas para el carácter, y que eso era lo que comía la gente que se había rendido ante la vida.