Un par de días 17 Ankit Singh
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17 Ankit Singh

En esos primeros días yo esperaba que se apagara.

Eso es loque hacen las conversaciones por internet.

Lo había aprendidopor las malas, con chicos que eran encantadores durante unasemana y luego simplemente dejaban de escribir, como sialguien los hubiera desenchufado.

Pensaba en el extranjerocomo en un interesante visitante de dos días.

Un chico dulcecon una cámara que pronto volaría de regreso a donde vivieray se convertiría en una forma borrosa en la galería de mis fotos.

Pero no se apagó.

Escribía por la mañana, antes de mi primera clase,

para preguntarme qué desayunaba. Escribía por la tardepara quejarse de un mal café. Escribía por la noche parapreguntarme, con esa peculiar mezcla de audacia y timidezque ya empezaba yo a reconocer, si estaría libre para dar unpaseo al día siguiente.

No estaba libre. Tenía clases. Tenía una madre quenecesitaba ayuda con las compras, una abuela a quien habíaque medirle la tensión y una prima pequeña que necesitaba,

siempre, que alguien la llevara a algún sitio. Se lo dije conamabilidad, pidiendo disculpas.

Dijo que no había problema.

Al día siguiente volvió a preguntar.

—Es implacable —dijo Katya, leyendo por encima de mihombro en el pasillo de la universidad, con la barbilla apoyadaen mi brazo—. Me encanta. Es lo mejor que me ha pasado entodo el año, y ni siquiera me está pasando a mí.

—Es educado.

—Es educado e implacable. La combinación más peligrosa.

—¿Peligrosa para qué?

Katya me miró con una seriedad repentina.

—Para ti —dijo—. Le contestas como no le contestas anadie.

Le dije que se lo estaba imaginando. Pero por la noche releínuestros mensajes y vi que tenía razón.