14 Un par de días
Pero cuando le pregunté por qué había seguidocontestando, por qué no había dejado que el hilo se apagara como se apagan los hilos, me dio la razón más sencilla detodas.
—Me interesabas —dijo.
Eso era todo. No hubo conquista, ni desgaste. Ella habíaestado todo el tiempo detrás de la puerta, y yo había estadollamando con educación, esperando a que me dejaran entrar.
Pienso mucho en eso. ¿Cuántas conversaciones abandonéen mi vida porque supuse que la persona del otro lado soloera amable por cortesía? ¿Cuántas puertas se habrían abiertosi hubiera llamado una vez más?
Los días se fueron apilando. Un par se volvió una semana,
y una semana se volvió el comienzo de algo sin nombre. Ellanunca dejó de ser divertida. Yo nunca dejé de estar nervioso.
Y poco a poco, como una fotografía que emerge en la cubetadel revelador, la forma de una amistad empezó a aparecer entrenosotros, tenue al principio y después inconfundible.