Un par de días 13 Ankit Singh
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13 Ankit Singh

—Nunca pensé que duraría —admitió cuando le preguntési había imaginado que seguiríamos hablando años después.

No había disculpa en su voz, solo sinceridad—. De verdad queno. Pensé que hablaríamos un par de días y que ahí se acabaríatodo.

Un par de días.

Esa era la esperanza de vida que nos había asignado.

Unentretenimiento con un desconocido de otro país, agradabley pasajero, destinado a disolverse en cuanto alguno de losdos anduviera ocupado.

No puedo decir con honestidad quese equivocara al pensarlo.

La mayoría de las personas queconocemos son pasajeras. Intercambiamos nombres y bromas,

prometemos escribir, y la vida se cierra sobre el lugar dondeestuvieron, como el agua sobre una piedra que cae.

Pero yo no quería ser agua, y no quería que ella fuera unapiedra.

Así que seguí escribiendo.

Es una forma extraña de valentía, ser el que sigueescribiendo. Cada mensaje era un pequeño y esperanzadogolpe en una puerta que no alcanzaba a ver, y cada silencioentre una respuesta y otra parecía más ancho de lo que era.

Le pregunté cómo le había ido el día. Le pregunté por susestudios, sus amigos, la música que le gustaba. Y una y otravez, con distintas palabras, le hice la única pregunta que deverdad me importaba. ¿Estaba libre para salir a algún sitio?

Un paseo. Un café. Lo que fuera.

Ella lo recordaba con más claridad que yo.

—Lo que me sorprendió —dijo— fue que seguíashablándome. Me escribías por las redes sociales y siempre mepedías que saliéramos a algún lado.

Era persistente, al parecer.Nome había dado cuenta de queeso fuera una cualidad.