Un padre soltero inolvidable Capítulo Veintiocho
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Capítulo Veintiocho

BECKETT

Charlotte estuvo muy demandante todo el día, de modo que decidí trabajar desde casa. Con Agatha de baja, agradecí que mi madre pudiera echarme una mano. Me resultaba imposible conciliar el trabajo y atender a Charlotte.

Ya era tarde cuando terminé la jornada. Le envié un mensaje a Piper para ver cómo se encontraba, y su respuesta fue “bien”. Sin embargo, me pareció que me estaba dando largas.

—¿Quieres café? —le pregunté a mi madre mientras me dirigía a la cocina. Le estaba cantando a Charlotte, paseándose con ella por el salón.

—No, gracias. Es demasiado tarde para tomar café.

Mientras me lo preparaba acabé derramando líquido en la encimera.

Maldita sea. Esto me pasa por estar tan distraído . Tras limpiar rápidamente con papel de cocina, lo tiré a la basura y algo me llamó la atención.

Me agaché, saqué una tira de plástico blanca y me quedé paralizado. ¡Era una prueba de embarazo con dos rayas rojas! Sabía perfectamente lo que eso significaba.

—Cariño, ¿qué pasa? —preguntó—. Parece que hubieras visto un fantasma. ¡No me digas que acabas de ver una rata!

Me quedé de espaldas a ella, pero no podía darme la vuelta. Todavía no.

—No, mamá, tranquila —la calmé.

Saqué mi teléfono y busqué en Google “prueba de embarazo dos rayas” para confirmar mis sospechas. Al ver “resultado positivo” tuve que tomar aire.

—¡Gracias a Dios! Estaba a punto de subirme al sofá —comentó mi madre acercándose a la isla de la cocina.

—Un momento —dije con intención de detenerla, pero ya era tarde.

—¿Y eso? ¿De dónde lo has sacado? —preguntó.

—Estaba en la basura.

—¡Dios mío, Beckett! —exclamó, llevándose una mano a la boca—. ¿Crees que Piper está embarazada?

—Es la única conclusión a la que puedo llegar —dije como un autómata.

—Vaya… veo que no estabas enterado —concluyó en voz baja.

—Por supuesto que no. —Tragué saliva. ¿Por qué no me lo había dicho?—. Debió de habérselo hecho esta mañana, y no entiendo por qué no me lo contó. —Piper no haría algo así…

Sin embargo, Elle sí fue capaz de hacer algo así. De hecho, su abogado me dijo que había cortado todo vínculo para siempre con su hija. El papeleo estaba terminado y ella parecía muy satisfecha.

Nuestros caminos nunca volverían a cruzarse.

—Es un momento crucial en la vida de una mujer. Es probable que necesite procesarlo —señaló mi madre, como si eso lo explicara todo. Pero no me cuadraba.

—Lo entiendo, pero hoy hemos hablado varias veces. Noté que algo pasaba, le pregunté, y no me contó nada.

—Cariño, no saques conclusiones precipitadas. Quizás quería estar completamente segura antes de hablar contigo.

Charlotte estaba protestando y yo estaba tan aturdido que era incapaz de concentrarme en otra cosa que no fuera la varilla de plástico que tenía en la mano.

—¿Cómo estás?

—Mamá, estoy en shock . No me entra en la cabeza que no me lo haya dicho. —No quería parecer enfadado, pero por el silencio que siguió a mi comentario estaba claro que mi tono había sido muy cortante.

Miré la prueba, tratando de asimilar todo lo que eso implicaba.

—Otro bebé —murmuré lentamente.

Mi madre sonreía y dijo con cautela:

—Sí. —Y un momento después, al ver que no le saltaba a la yugular, añadió—: Un hermanito o hermanita para Charlotte.

—Joder, mamá. Charlotte no tiene ni tres meses.

Su sonrisa se desvaneció y me sentí fatal.

—Quizá por eso Piper no te lo dijo.

—¿Pero eso qué tiene que ver? —Dios, tenía un lío tremendo en la cabeza—. ¿Qué quieres decir?

—Debe haber pensando que esto es lo último que querías —dijo con tono tajante.

Mi madre tenía razón: me estaba comportando como un idiota.

—Nunca he dicho que no quería. Solo que… —¡Madre mía! ¡Otro hijo! Pero con Piper, la mujer más increíble que había conocido en mi vida y que amaba a Charlotte aunque no fuera su hija. Era completamente diferente.

Tengo que hacerme una vasectomía urgente .

—Serás un padre maravilloso, cariño. Ya lo eres con Charlotte.

Exhalé profundamente:

—No se trata de eso. Por supuesto que cuidaré de mi hijo y de Piper. No dejo de pensar por qué no me lo dijo.

—Sabes que ella no es como la madre de Charlotte, ¿no? ¡No las compares! —me regañó.

—¡Por supuesto que no! Pero siempre ha dicho que le encantan los niños y que quiere tener muchos hijos. Lo lógico hubiese sido que me enseñase la prueba saltando de felicidad.

—Vaya, eso que acabas de decir es importante —señaló mi madre, besando la cabeza de Charlotte—. Cuando te comentó que le encantaría tener muchos hijos, ¿cuál fue tu respuesta?

—No lo recuerdo. Creo que… No estoy seguro.

¿A dónde quiere llegar mi madre?

—Piénsalo, cariño. Puede que ese sea el motivo por el que no te lo haya contado.

—Mamá, venga ya. No lo recuerdo.

—¿Alguna vez le dijiste que te encantaría tener hijos con ella?

—No.

—Bueno… Estoy tratando de ponerme en el lugar de Piper.

—La miré con atención, mi madre tenía un talento innato para ponerse en los zapatos de los demás—.

Como yo lo veo, es probable que le preocupe el poco tiempo que lleváis juntos.

Y teniendo en cuenta tu reciente paternidad, quizá se pregunte si estás dispuesto a asumir este compromiso.

Levanté las cejas:

—¿Qué demonios? Nunca le he dado motivos para dudar de mí.

—No estoy insinuando eso, Beckett —negó con la cabeza—. Pero cuando una mujer se queda embarazada, sus prioridades cambian automáticamente. Las hormonas tampoco colaboran, en especial durante el primer trimestre.

—¿Y eso qué tiene que ver? Ella es sincera y siempre dice lo que piensa.

—Sí, por eso hacéis tan buena pareja. Pero es un tema delicado. ¿Entiendes lo que quiero decir?

Asentí:

—Necesito hablar con ella.

—¿Y qué le vas a decir exactamente?

—Que la quiero y que voy a cuidar de ella y del bebé. No sé qué duda tiene al respecto.

La expresión de mi madre cambió de inmediato.

—Estoy muy orgullosa de ti, Beckett —dijo con una sonrisa radiante.

—¿Puedes quedarte con Charlotte esta noche?

—Por supuesto. Y, si te quedas a dormir en su casa, estaré encantada de pasar la noche aquí.

—¿Estás segura?

—Sí.

—Vale —asentí—. Me voy ahora mismo.

—No te preocupes por nosotras. Nos lo vamos a pasar muy bien, pequeña —le dijo a Charlotte mientras volvían al salón—. Menos mal que no era una rata, ¿verdad?

Mi hija balbuceó y no pude evitar sonreír. Primero quería escuchar a Piper. Agradecía el consejo de mi madre, pero necesitaba oírlo de su propia boca. Quería saber cuáles eran sus temores, y qué podía hacer para disiparlos.

Unos minutos más tarde, salí de mi apartamento. De camino a casa de Piper, intenté recordar cómo había reaccionado cada vez que ella mencionó que quería tener muchos hijos. La verdad era que no lo recordaba. ¿Cómo era posible?

Dejé la prueba en el portavasos y la miré atónito. Iba a ser padre otra vez. Charlotte iba a tener un hermano o una hermana.

La primera vez que supe que iba a tener una hija, me quedé tan impactado que no pude procesar lo que sentía. Pero enterarme de que iba a tener un hijo con Piper me producía una alegría indescriptible.

No tenía nada ensayado, simplemente iba a decirle lo que sentía.

Cuando llegué, subí corriendo los escalones del porche y llamé a la puerta. Al no oír ningún paso, volví a llamar.

—¡Ya voy!

¡Menos mal que está en casa!

Abrió la puerta unos segundos después, y antes de que pudiera abrir la boca, le mostré la prueba de embarazo. Piper se quedó sin aliento y se llevó la mano a la boca. Entré sin esperar a que me invitara.

—¿Dónde la has…?

—Estaba en la basura de la cocina.

—¡Madre mía! Ni siquiera recuerdo haberla tirado allí. Lo siento, debería habérmela llevado.

Me di la vuelta y vi que tenía la cara un poco hinchada. ¿Había estado llorando?

—¿Es todo lo que tienes que decirme? ¿Qué sientes que la haya encontrado?

—Perdóname, Beckett. Desde que me enteré no sé ni cómo me llamo —respondió, encogiéndose de hombros.

—¿Por qué?

Me acerqué y puse las manos sobre sus hombros.

—¿Cómo que por qué? —Desvió la mirada—. No llevamos ni dos meses juntos…

—¿Y?

Me miró fugazmente, pero volvió a apartar la vista:

—Charlotte es muy pequeña.

—Insisto, ¿y qué?

—¿De verdad quieres que lo diga en voz alta?

—Sí, esto no es propio de ti. La Piper que conozco dice lo que piensa y no se anda con rodeos.

—Lo sé, pero… no estoy segura de que quieras tener más hijos.

—¿Cómo no voy a querer si es contigo?

Finalmente, me miró a los ojos, pero no dijo nada.

—Quiero saber por qué no me lo dijiste en cuanto viste el resultado de la prueba.

Volvió a bajar la mirada y puso una mueca de disgusto:

—No sabía cómo reaccionarías.

—Mírame, preciosa, para que sepas que lo digo en serio. —Cuando volvió a mirarme, dije—: Estoy tan feliz que no tengo palabras.

—¿En serio?

—Sí. Y no puedo creer que te sorprenda.

—Es que siempre dices que ya tienes bastante con Charlotte —respondió con el ceño fruncido.

—Sí, y es verdad. Pero eso no significa que no quiera tener más hijos. —Sonreí—. ¡Joder, vamos a ser padres! ¿Sabes lo increíble que es eso?

Con Charlotte no pude compartir esa buena noticia porque Elle me lo negó. Pero yo quería a Piper, a nuestro pequeño bebé, a Charlotte, y el jardín con su valla y todas esas cursiladas de las que hablan las mujeres nada más dar el “sí, quiero”. Si Piper me lo permitía, por supuesto.

—Sí, lo sé —sonrió—. Claro que lo sé. —Todo su cuerpo se relajó bajo mi tacto.

—¿Por qué tienes la cara hinchada? ¿Has estado llorando?

—No, pero he estado vomitando. Otra razón por la que me escondí esta mañana: vomitar es la cosa menos sexy del mundo.

—No me importa. No quiero que me ocultes nada. Quiero estar para ti en cada paso del camino, en lo bueno y en lo malo. Vamos a sentarnos, ¿cómo te encuentras?

—Ahora mismo estoy bien. Pero creo que la hinchazón tardará unos cuantos meses en desaparecer.

Bajé la mirada a su vientre.

—¿De cuánto estás? —pregunté mientras le tocaba el abdomen.

Que la mujer que amaba estuviera gestando a mi hijo o mi hija era la mejor sensación del mundo. Nada se le podía comparar.