Capítulo Veintisiete
PIPER
Me llevé la prueba, la envolví en papel higiénico y la guardé en mi bolsillo. Fui a la cocina y, mientras cogía un vaso de agua, Beckett entró con Charlotte.
Mi corazón latía con fuerza. Tenía que decírselo, pero ¿cómo?
Lo observé mientras le quitaba el abriguito, el gorrito y los zapatos. Le había puesto demasiada ropa teniendo en cuenta que estaría dentro del carro.
—Hemos tenido un percance con el pañal. ¿Cómo te encuentras?
—Mejor.
Quizás haber vomitado esa mañana había ayudado.
—¿Seguro que estás bien?
Estoy perfecta. Solo estoy embarazada.
Oh, Dios, no podía soltárselo así sin más.
Tenía que pedirle que se sentara y decirle que yo tampoco entendía cómo había sucedido.
Bueno, eso estaba más claro que el agua…
Pero tenía una reunión con Josh y no podía tener esa conversación con Beckett en ese momento.
Tampoco estaba en condiciones de ir a la oficina, de modo que haría la vídeollamada desde mi casa.
—Tengo que irme —dije después de pedir un Uber.
—Vale —respondió Beckett—. Hablamos más tarde.
Asentí. Me dio un beso rápido en la mejilla, alejando a Charlotte, y comprobé que efectivamente había tenido un “percance” con el pañal. Entraron en su dormitorio y escuché cómo Beckett le hablaba a su hija. Qué tierno .
Terminé de beberme el vaso de agua y cogí un pañuelo. Mientras me sonaba la nariz, me di cuenta de que estaba un poco congestionada, como si estuviera resfriándome. ¿O era algo relacionado con el embarazo? No estaba segura. Acto seguido, me guardé el pañuelo en el bolsillo.
¿Pero qué estoy haciendo? Hoy no doy pie con bola .
Saqué el pañuelo y lo tiré a la basura. Respiré hondo, cogí mi portátil y me despedí de Beckett. El pobre estaba muy liado aseando a Charlotte.
—¿Necesitas ayuda? —le pregunté desde la puerta.
—No. Mejor no te acerques, no vaya a ser cosa que te vuelvan las náuseas —se rió y le dijo a Charlotte—: ¿Verdad, pequeña? —La bebé gorjeó en respuesta.
Me reí:
—Tienes razón. Te llamaré más tarde.
Sin embargo, estaba bastante segura de que la caca del bebé no me provocaría náuseas.
Según mi móvil, mi Uber ya había llegado, así que salí del ático.
Pensé que una vez en mi casa me encontraría mejor, pero no fue el caso. Estaba agotada, con náuseas, pero a pesar del intenso malestar, me sentía eufórica. ¡Iba a tener un bebé! Quería dar saltos de alegría, pero el miedo a vomitar me lo impidió.
Tenía que contárselo a mi madre.
Y tengo que decírselo a Beckett cuanto antes , pensé con el corazón encogido. Debería habérselo dicho esta mañana, cuando estaba con él.
A las nueve en punto, me senté en el sofá y me conecté a la vídeoconferencia con Josh.
Estábamos los dos solos y le puse al día sobre mis proyectos actuales y también le compartí algunas ideas para antiguos clientes.
A mitad de la conversación, me di cuenta de que en algún momento tendría que decirle que estaba embarazada.
Todavía no, por supuesto. Esperaría hasta tener la certeza de que todo iba bien.
Hacia el final de la llamada, Josh se aclaró la garganta y dijo con el ceño ligeramente fruncido:
—Quizás me esté metiendo donde no me llaman, pero ayer dio la impresión de que Beckett LeBlanc y tú estáis juntos.
—Sí, estamos saliendo.
No había necesidad de camuflar la situación.
—Ya, eso me pareció. ¿Cuánto tiempo lleváis juntos?
—Josh, eso es privado.
—Soy plenamente consciente de ello. —Levantó la mano en señal de defensa—. Pero se trata de un cliente.
—Lo sé.
—Y aunque no tengo derecho a entrometerme en tu vida personal…
—¿Sí? —Quería ver adónde quería llegar con eso, porque estaba a un segundo de enfadarme.
—Sabes que, aunque nunca se aplica, tenemos una cláusula que nos impide relacionarnos con los clientes fuera del ámbito profesional, ¿verdad?
—Lo sé perfectamente. ¿Piensas que en mi caso sería un problema, Josh?
Mi tono era serio. No cortante, pero sí serio. No iba a dejar que me intimidara.
Josh entrecerró los ojos. No estaba acostumbrado a que le plantara cara de esa forma. No era mi intención ser tan tajante pero quería que supiera que no daría el brazo a torcer.
—Mientras no interfiera con tu trabajo…
—Por supuesto que no. No ha interferido hasta ahora y tampoco pasará en el futuro. —Estaba indignada.
—Claro. Porque eso sí sería un problema —enfatizó.
—¿Qué es lo que quieres decirme, Josh?
—Que espero que sepas mantener separado lo personal de lo profesional.
—Por supuesto que sí. —Mi irritación no hacía más que aumentar.
Mi jefe parecía incómodo, luego se enderezó y me miró con severidad:
—Tengo que ser honesto contigo, Piper. No me gusta nada que salgas con un cliente.
—No sé qué decir, Josh. Lamento que lo veas así.
—Bueno, eso es lo que quería decirte, no tengo más nada que añadir.
No me gustó para nada su actitud. Si se pone así por esto… ¿cómo reaccionará cuando se entere del embarazo?
Pero, de repente, se me ocurrió otra idea: ¡Al diablo con Josh! Podría montar mi propia agencia de marketing y triunfar. ¡Pues claro!
Nos quedamos callados durante un rato y, luego, Josh terminó la llamada con un:
—Vale, ten cuidado.
Tuve que contener un resoplido pero se lo dejé pasar. Tenía cosas más importantes en la cabeza, concretamente mi bebé. Después de colgar, vi que tenía un mensaje.
Beckett: ¿Estás bien? Parecías un poco distraída esta mañana.
Luego otro.
Beckett: Siento no haber podido llevarte a casa. Te lo compensaré más tarde ;)
Qué bonito es .
Estaba muy ocupado y no quería que se preocupara, aunque realmente no sabía cómo abordar el tema. Así que decidí responderle simplemente con un mensaje de texto.
Piper: Estoy bien. No te preocupes.
Quería añadir que necesitaba hablar con él, pero no quería preocuparlo. Al pensar cómo abordarlo se me disparó la ansiedad.
Me levanté del escritorio y me senté en el cómodo sofá que tenía frente a la estantería.
Tenía un descanso hasta la siguiente llamada con un cliente.
Por un momento, pensé en llamar a Beckett y contárselo todo.
Pero, en cambio, llamé a mi madre. Me puse una mano en la barriga; ya sentía una conexión con mi bebé.
¿No era una locura? Llevaba dentro un pequeño milagro, eso que tanto había deseado durante mucho tiempo.
—Buenos días, cariño —respondió mi madre.
—Hola, mamá. ¿Tienes tiempo para hablar?
—Claro. Llego tarde al trabajo, pero puedo ir hablando contigo mientras tanto. ¿Va todo bien?
—Estoy embarazada —le solté. Sí, así sin más.
Mi madre se quedó sin palabras durante unos segundos.
—¡Dios mío! Enhorabuena, cariño. Es una noticia maravillosa, ¡pero casi me estampo con el coche de delante! Menos mal que voy con el manos libres —dijo entre risas.
—¡Gracias, mamá!
Sí, por fin iba a tener un bebé.
—¿Cómo te sientes? —Como era de esperar, le importaba mi bienestar por encima de todo.
—Me encuentro fatal. Y justamente por eso sospeché que podía estar embarazada.
—Oh, cariño. Puedo tomarme el día para cuidar de ti.
—Gracias, mamá, pero son náuseas, nada más. Solo te he llamado para contártelo.
—Estoy supercontenta, cariño. Y seguro que Beckett te está cuidando muy bien, ¿verdad?
Suspiré:
—Estoy en mi casa. Todavía no se lo he dicho.
—¿Y eso? Entonces, ¿soy la primera en saberlo?
—Sí, eres la primera —respondí entre risas.
—¡Qué privilegio! Pero ¿por qué no se lo has dicho a Beckett? Él debería ser el primero en enterarse, cariño.
Me llevé las rodillas al pecho y me abracé las piernas:
—No lo sé… Esta mañana ha sido bastante caótica. En cuanto me hice la prueba, Beckett llegó con Charlotte con caca hasta el cuello, y yo tenía prisa por irme…
Mi madre no respondió de inmediato, y tras un largo suspiro, dijo:
—Me parece que estás inventando excusas.
Sí. Directa al grano.
—¡Mamá!
—Lo siento, pero es así. ¿Por qué no se lo dijiste?
—Llevamos solo dos meses saliendo. Y creo que aún está terminando de asimilar lo de Charlotte.
—Sí, pero lo vuestro es completamente diferente.
—Lo sé. Aún así me da miedo que haga lo mismo que Fred y diga que no está preparado para esto. —Después de expresarlo, me di cuenta que estaba siendo injusta con él.
—Nadie está realmente preparado para tener un hijo. Lo digo por experiencia.
—¡Mamá, que estás hablando con tu hija!
—Sí, y fuiste una niña muy buscada. Lo intentamos durante muchos años y aun así, cuando nos enteramos, nos asustamos muchísimo. Es normal, y hasta comprensible, que Beckett no reaccione bien al principio, pero deberías decírselo.
—Estaba pensando en llamarlo pero preferí llamarte a ti. —Y entonces expresé mi mayor temor—. ¿Y si no quiere continuar con la relación?
—Estoy segura de que eso no sucederá. Beckett no es ese tipo de persona.
No quería contarle a mi madre que yo era su primera relación seria. Y por extraño que fuera, por primera vez en mi vida, no me sentía cómoda compartiendo mis preocupaciones con ella, no quería que minimizara mis miedos.
—¿Seguro que no quieres que vaya a tu casa? Puedo dar la vuelta ahora mismo y…
—No, mamá, ve a trabajar.
—¡Jengibre! —exclamó como si acabara de recordar algo muy importante—. Tómate unos caramelos de jengibre. A mí me ayudaron muchísimo en el embarazo.
—¿Con las náuseas? ¿Tú también te pusiste mala? —pregunté.
—Sí. Durante todo el embarazo, hasta el día que naciste.
—¡Madre mía! —No podía imaginar pasar nueve meses así.
—Pero no tiene por qué ser igual para ti.
Me reí, mirando mis estanterías llenas de libros. Tenía la sensación de que iba a pasar muchos días así, tumbada en el sofá y leyendo. Estaba agotada, y lo único que había hecho era una breve vídeollamada con Josh.
—Estoy entrando en el aparcamiento, tengo que colgar —dijo mi madre—. ¿Estás segura que…?
—Sí, mamá. Tú tranquila, ¿vale?
—Sí, señora —dijo entre risas—. Descansa y habla con Beckett.
—Lo haré —le prometí.
Después de colgar, me tumbé en el sofá y cerré los ojos. La conversación con mi madre me ayudó a tomar consciencia de que mi mayor miedo era que Beckett quisiera romper conmigo. ¿Por qué me había surgido esa inseguridad?
¡Porque llevábamos muy poco tiempo saliendo! Y tras diez años de relación con alguien que nunca estuvo preparado para tener un hijo, ¿cómo podía pretender que Beckett sí lo estuviese?
Cada vez que mencionaba el tema de los hijos, decía que su nueva vida como padre era muy sacrificada.
Me puse la mano en la barriga y respiré hondo:
—No te preocupes, pequeña. —Sabía en lo más profundo de mi ser que llevaba una niña—. Tu padre y yo te adoramos y todo saldrá bien.