Capítulo Diecisiete
PIPER
¡Una cita! ¡Voy a tener una cita!
La emoción me invadía mientras me preparaba para mi gran noche.
La invitación de Beckett la noche anterior me había impulsado a hacer un minucioso examen de mi armario.
Había llevado varios conjuntos al salón donde tenía un gran espejo de cuerpo entero junto a la estantería.
Después de probarme siete diferentes, me decanté por un vestido largo, ceñido a la cintura y de un deslumbrante azul que parecía sacado de un cuento.
Además, me alisé el pelo para que quedara perfecto y brillante.
Esperaba con nerviosismo a que sonara el timbre, y como aún faltaban unos quince minutos, decidí hacer una videollamada con mi madre.
—¡Hola, cariño! —respondió, aunque no la veía en pantalla. Sonreí al reconocer el entorno; estaba trabajando en el jardín—. Estoy terminando de trasplantar unas macetas. Espera a que me quite los guantes y enfoco la cámara.
—Vale.
—¿Cómo estás? ¿Vendrás a casa esta noche?
—Hoy no puedo, mamá. ¿A qué no sabes qué? ¡Tengo una cita!
—¡Qué bien! —exclamó—. ¿Quién es el afortunado?
—Beckett LeBlanc.
—Tu cliente, querrás decir —comentó mi madre en tono de broma.
—Exacto.
—Me lo imaginaba. Me alegro de que no hayas dejado que el trabajo interfiera con tu vida personal.
—Ya… Aún así, no creo que sea lo más sensato —admití—. Pero me gusta mucho.
—Se te nota en la voz.
Momentos después, mi madre apareció en la pantalla y dijo:
—¡Oh! Llevas ese vestido azul tan bonito. Me alegra verte contenta y con ganas de conocer a un chico.
Sonreí tímidamente:
—Él es diferente… y me hace mucha ilusión.
—Ya veo. La última vez que tuviste una cita, parecía que fuiste más a cumplir con una obligación que otra cosa.
—Aquel chico no me daba buena espina —respondí entre risas.
—Seguro que os lo pasaréis genial, cariño. ¿Cómo lleva lo de ser padre primerizo? —preguntó mi madre, genuinamente preocupada.
—Bien. Es muy dedicado con su hija.
—Qué bien. Imagino que se le debe de hacer muy cuesta arriba.
Detecté un tono de duda en su voz.
—¿Pasa algo, mamá?
—Me pregunto si estás preparada para salir con alguien que tiene un bebé.
—¿Qué quieres decir?
—Que no va a ser tan fácil como salir con un hombre sin hijos. Quiero que seas consciente de que no siempre serás su prioridad.
—Solo es una primera cita —la tranquilicé—, así que no te preocupes, ¿vale? Además, que ponga a su hija por encima de todo habla bien de él, ¿no?
—Por supuesto. Pero tú eres mi hija y solo quiero lo mejor para ti.
—No te preocupes, mamá. Sé cuidar de mí misma.
Ella sonrió:
—Lo sé. Te he educado para que seas independiente.
Justo en ese momento, oí unos pasos en el porche delantero:
—Creo que ya ha llegado Beckett. Mañana hablamos, ¿vale? —dije y le lancé un beso.
—Claro, cariño. Que os divirtáis.
El timbre sonó justo cuando colgué. Me puse rápidamente los tacones y cogí mi bolso plateado a juego. Estaba impaciente por saber qué me deparaba aquella noche con aquel hombre tan guapo.
Abrí la puerta y se me cortó la respiración: llevaba una sencilla camisa blanca y vaqueros, pero resultaba increíblemente atractivo.
—Hola —saludé.
Beckett no respondió. En cambio, me recorrió lentamente con la mirada, deteniéndose en mi cintura antes de bajar a mis tacones.
—¿Te gusta lo que ves? —pregunté, levantando un poco el vestido para que se vieran mis tobillos.
—Estás sexy de cojones —respondió con un gruñido.
—Gracias.
Me di una vuelta completa para que pudiera verme mejor, y juraría que sus pupilas se dilataron.
—Joder. Si no nos vamos ahora mismo, no saldremos de aquí.
—¿En serio? ¿Cómo es posible que un vestido largo te provoque pensamientos tan obscenos?
—Piper, mi imaginación siempre se dispara al verte, te pongas lo que te pongas.
—Entonces, vámonos —sonreí con aire burlón.
Beckett volvió a gruñir y dio un paso atrás. Cerré la puerta con llave y nos dirigimos a su coche.
—¿Cómo está Charlotte? ¿Quién se ha quedado con ella?
—Está muy bien, disfrutando de la compañía de mis abuelas.
—Celine e Isabeau son maravillosas.
—Han llegado a decir que por Charlotte estarían dispuestas a jubilarse, pero no me lo creo. Fragrant Delights es su propio bebé.
No pude evitar silbar al ver un Ford Mustang descapotable aparcado justo enfrente de mi puerta.
—Vaya, has traído un coche nuevo.
—Me gusta coleccionar coches.
Una vez dentro, aplaudí emocionada.
—¡Qué guay! Nunca he estado en un descapotable.
—Como hace buen tiempo pensé que sería una buena ocasión para usarlo.
—¿Adónde vamos exactamente?
—Al restaurante de la azotea del hotel Westin.
—¡Genial!
—He elegido ese sitio por las impresionantes vistas. Cuando viniste a mi ático te pillé mirando por los ventanales y pensé que te gustaría algo así.
Le sonreí mientras aceleraba el coche. El viento me alborotaba el pelo, así que me lo tuve que sujetar en la nuca para que no se me enredara. Cerré los ojos y me recosté, disfrutando del momento. Al abrirlos de nuevo, me di cuenta de que Beckett me estaba mirando.
—¡Eh, mira la carretera!
—Estamos seguros, no te preocupes. Es que me gusta mirarte y verte disfrutar.
—Imposible no disfrutar de todo esto —respondí—. Estoy con un tío bueno, en un coche espectacular y tengo la sensación de que, además, iremos a un restaurante muy elegante.
Beckett esbozó una sonrisa enigmática.
Me esperaba una velada emocionante, de eso estaba segura.