Un padre soltero inolvidable Capítulo Dieciséis #3
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Capítulo Dieciséis #3

—Sí, pero no creo que le haga mucha gracia. Las políticas de la empresa incluyen una cláusula que prohíbe las relaciones con clientes y empleados fuera del entorno laboral.

—¿De verdad? Piper, si esto te supone algún problema, déjame que me ocupe de solucionarlo.

—Mmm… qué sexy ha sonado eso.

Me incliné hacia ella, pero logré contenerme y me enderecé. Tenía que volver a casa.

—¿Qué haces? —preguntó con la mirada entornada—. Ibas a besarme.

—Me has pillado, pero me tengo que ir volando, y no quiero besarte con prisas.

Para evitar caer en la tentación, di un paso atrás. Piper sonrió, se recostó de nuevo, dio un sorbo a su Aperol y se llevó otro praliné a la boca.

—Vale. Llámame cuando las cosas se calmen un poco.

—La próxima vez, te besaré largo y tendido.

—Te tomo la palabra.

***

Cuando llegué a casa, Charlotte seguía muy alterada, pero se calmó en cuanto la tomé en mis brazos.

—Como suponía, solo quiere a su padre —comentó Isabeau.

—Y aquí estoy para ella. Muchas gracias por quedarte esta tarde.

—Cuando quieras. Es mi LeBlanc favorita.

—La mía también —dije, besando la frente de Charlotte, que me miró con ojos somnolientos—. Parece que se va a dormir. No me lo puedo creer.

—Ya ha comido y eructado —me informó Isabeau—, pero seguramente quería que tú la acostaras. Es muy bonito ver la conexión que tienes con ella.

—Por supuesto. Es mi hija.

Al ver la sonrisa irónica de mi abuela, pregunté:

—¿Y ahora qué pasa?

—Noto algo diferente en ti otra vez. Como si hubieras tomado una decisión importante.

Parpadeé un segundo antes de contestar:

—Déjalo, Isabeau. Me da hasta mal rollo.

—No te preocupes, no es nada raro, solo intuición de abuela. Pero sigue adelante con lo que sea que hayas decidido. Cuando tengo un dilema, no dejo que mis miedos se interpongan y escucho a mi instinto.

—Gracias.

Miró a Charlotte y preguntó:

—¿Cuándo podré volver a verla?

—Pronto —le prometí. Ahora mi prioridad era compensar a mi hija el tiempo que había estado fuera.

Isabeau se puso la chaqueta justo cuando sonó su teléfono, seguramente era el abuelo David que venía a buscarla. Abrí la puerta y la abracé antes de que se marchara, procurando no despertar a mi pequeña.

Cuando se despertó, le preparé el baño que tanto le gustaba, aunque esa noche parecía más cansada. Tras ponerle el pijama y acostarla en su cuna, le canté algunas nanas, y aunque no entendía mis palabras, mi voz parecía tranquilizarla.

Una vez dormida, me puse a revisar mis correos electrónicos. Había varios relacionados con el trabajo que podían esperar hasta el lunes, y uno en particular que me tomó por sorpresa. Era de la madre de Charlotte, el asunto decía “Papeles” y estaba marcado como urgente.

Lo abrí, anticipando lo peor. Le había dejado claro que solo quería tratar con ella si tenía la intención de formar parte de la vida de su hija. Elle había rechazado esa opción y me había cedido todos los derechos de paternidad, así que, ¿qué podría ser tan urgente?

Hola, Beckett. Mi abogado me ha dicho que debería tener una copia impresa de los papeles de la custodia. Creía que los había escaneado, pero no los encuentro por ninguna parte. Aquí tienes mi correo; dile a tu asistente que me envíe una copia.

Me levanté de la mesa del comedor hecho una furia.

Estaba muy tranquilo después de acostar a Charlotte, pero en ese momento mi ira era tal que sentía la necesidad de salir a correr.

Aunque tenía una cinta, el ruido podía despertar a mi bebé, así que decidí coger las pesas para liberar la tensión.

Un poco de ejercicio físico me vendría bien.

Una vez más calmado, me dirigí a la ducha.

Elle ni siquiera había preguntado por Charlotte; nada de nada.

No me entraba en la cabeza que no quisiera tener ningún tipo de vínculo con su propia hija.

Para mí, había sido amor a primera vista; me bastó con verla para saber que se convertiría en el ser más importante de mi vida.

Revisé mi móvil mientras regresaba al salón, sin perder de vista el vigilabebé que llevaba conmigo a todas partes. Piper me había enviado un mensaje hacía unas horas.

Piper: ¿Cómo sigue Charlotte?

Se preocupaba más por Charlotte que su propia madre.

Beckett: Muy bien. Estaba un poco molesta y solo necesitaba estar conmigo. Ahora está dormida. ¿Tú qué tal?

Piper respondió con una selfie mostrando la copa de Aperol vacía y un libro diferente al de esa tarde. Luego me mandó una captura de pantalla de una página en la que aparecían las palabras “polla” y “clítoris”. Casi se me cae el teléfono.

Beckett: Ya veo. Moby Dick no tenía ninguna oportunidad, ¿eh?

Piper: No, y tampoco me avergüenza reconocerlo. Estaré bien acompañada el resto de la noche.

Tragué saliva.

Beckett: ¿Tienes planes para mañana por la noche?

No estaba seguro de si Agatha estaría recuperada o si alguien de mi familia podría quedarse con Charlotte, pero quería ver a Piper. Estaba siguiendo el consejo de Isabeau: no iba a ignorar el deseo irrefrenable que sentía de estar con ella.

Piper: Nada que no pueda cancelar.

Beckett: Entonces, por favor, reserva un hueco para vernos a partir de las seis.

Ella respondió casi de inmediato.

Piper: Hecho.