Un padre soltero inolvidable Capítulo Diez #2
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Capítulo Diez #2

Me detuve al pasar frente a Fragrant Delights .

Se me habían acabado todos los perfumes que tenía de esa tienda, y sabía que Celine e Isabeau tendrían los ingredientes especiales para crear mi perfume personalizado.

Podía entrar y salir en unos minutos. No había clientes, así que empujé la puerta y entré.

Las dos mujeres estaban debatiendo las ventajas y desventajas de fabricar productos exclusivamente de lavanda.

—Creo que es una buena idea —dijo Isabeau, y luego se enderezó. Sus ojos se posaron en mí.

—¡Hola! —las saludé.

—Hola, Piper —dijo Isabeau.

—¿Os acordáis de mí? —pregunté atónita.

—Claro, si ya has comprado como tres perfumes —dijo Celine—. Eres una clienta habitual. —Fue muy amable por su parte. —¿En qué podemos ayudarte, querida?

—Necesito reponer el último que me llevé.

—¡Por supuesto! —dijo Isabeau entrecerrando los ojos—. A menos que quieras probar algo nuevo. Nos acaban de llegar unas esencias que huelen genial.

—Puede que otro día; hoy tengo poco tiempo y prefiero ir a lo seguro. —Me encogí de hombros y anuncié con orgullo—: ¿Sabéis que estoy trabajando con Beckett, vuestro nieto?

—¿En serio? —preguntó Celine.

Una extraña expresión se dibujó en el rostro de Isabeau, y dijo lentamente:

—Claro, y también has conocido al resto de nuestros nietos en el bar de Julian, ¿no?

Qué pregunta tan extraña.

—Sí —asentí—. Quedé allí con Beckett para repasar mi presentación.

—Qué amable por tu parte.

—Beckett me dio una segunda oportunidad y no podía dejarla pasar.

—No sabía por qué, pero no podía ocultarles la verdad—.

Veréis, en nuestra primera reunión, al ver que él estaba demacrado y no me prestaba la más mínima atención, di por hecho que había estado de fiesta y pensé que no estaba respetando mi trabajo.

Esas dos mujeres tenían un aura tal que me obligaba a decir la verdad compulsivamente. Además, conocían la historia de mi vida: me hicieron muchas preguntas como paso previo a la elaboración de los perfumes.

Isabeau parpadeó:

—Vaya, has sacado una conclusión totalmente errónea. ¿Sabes que él…?

—Lo sé, fue una metedura de pata monumental —Acto seguido, agregué—: He conocido a su hija.

La sonrisa de Celine se iluminó como si se le hubiera encendido una bombilla.

—Es verdad. Conociste a Charlotte cuando fuiste a su casa.

—¡S-sí! —tartamudeé. ¿Cómo lo sabían? —Esta noche la volveré a ver. Tenemos que terminar el presupuesto y Beckett me ha pedido que pase por allí; con suerte, la peque estará durmiendo. Dice que tiene una nueva rutina que le está funcionando bien.

Dios mío, ya estoy otra vez.

—Bueno, ya mismo te preparo la recarga —dijo Celine. Le lanzó una mirada significativa a Isabeau antes de irse a la trastienda.

Isabeau y Celine siempre habían sido un poco misteriosas, pero ese día estaban especialmente extrañas. ¿Cometí un error al decirles que estaba trabajando con Beckett? Aunque, por otra parte, no entendía por qué debería ocultarlo.

—Así que Beckett y tú no congeniasteis al principio, ¿eh? —preguntó Isabeau.

Negué con la cabeza, avergonzada:

—Lamentablemente, no. Fue culpa mía, y le pedí mil disculpas. Y cuando me enteré que tenía una hija recién nacida, lo entendí todo. No sé qué me llevó a suponer lo peor en un primer momento.

—A ver… es verdad que a mi nieto le gusta la noche —comentó entre risas—. Pero no sabía que era de dominio público.

—Sí, de hecho, lo leí en internet.

—¿Cómo están tus padres? —preguntó de repente.

—Muy bien. Adoran vuestros jabones y a mi madre le encanta la crema facial que le compré la última vez.

Me pregunté si recordaría a cuál me refería.

Isabeau aplaudió:

—Me alegro mucho. ¿Quieres que le prepare una caja con jabones y una crema facial? Si no recuerdo mal, fue hace tres meses y se le debe estar acabando.

—¡Oh, gracias! ¡Qué buena memoria tienes!

—Por supuesto. No soy tan mayor, chica.

—Oh, no, no quería decir eso . Y sí, por favor, ponme la crema para mi madre.

Dios mío, lo último que quería era ofenderlas.

—Sabía que colaborar con Grace sería un acierto —murmuró Isabeau.

—¿La crema facial no la producís vosotras?

—No, la elabora la empresa de Grace, la prometida de Zachary. Estamos trabajando juntas y no podríamos estar más contentas.

Que colaboraran entre miembros de la familia me parecía adorable.

—Espera que lo preparo todo —dijo, cogiendo una caja de debajo del mostrador.

—Gracias.

La presentación de sus productos era estupenda y muy profesional.

—Entonces, ¿todo bien entre Beckett y tú ahora? —preguntó, mientras envolvía la caja con un elegante papel de seda y la ataba con un lazo. Metió los jabones en una caja más pequeña con papel y la cerró con un sello de cera.

—Sí, sí. Acabamos de tener una reunión muy productiva, pero aún nos falta concretar el presupuesto.

—Ya veo —respondió Isabeau, enderezándose cuando Celine volvió con mi perfume.

—Aquí está —dijo.

Aunque estaba perfectamente empaquetado, destapé el frasco y lo olí:

—¡Ay, me encanta! Me habéis malacostumbrado con vuestros perfumes.

—Ya nos cuentas si quieres uno nuevo más adelante —comentó Isabeau.

—Gracias. Lo pensaré cuando termine este frasco.

—Estupendo.

Mientras pagaba, Isabeau me entregó la bolsa con dos cajas y puse mi perfume dentro. Las dos intercambiaron otra mirada bastante sospechosa.

Después de salir de Fragrant Delights , me dirigí directamente a mi querida cafetería y abrí una hoja de cálculo. Tres horas después, y tras atender algunas llamadas de otros clientes, había terminado el presupuesto y estaba lista para irme.

Estaba muy orgullosa de mi trabajo. Iba a dejar a Beckett con la boca abierta.