Un padre soltero inolvidable Capítulo Diez
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Capítulo Diez

PIPER

—Tranquila, puedo con esto y con lo que sea —me dije a mí misma, mientras paseaba por la calle Royal y enviaba un correo electrónico a un cliente despistado que nunca recordaba los plazos de entrega.

Me armé de paciencia, volví a pasarle las fechas y envié el correo cuando llegué a LeBlanc lo normal era que un CEO tuviese solo un panorama superficial.

—Por último, pero no menos importante —comencé—, debemos hablar del presupuesto. No llegué a elaborar ninguna estimación real hasta no saber qué ejemplo ibais a elegir.

Nina señaló a Beckett y dijo:

—Eso lo tenéis que definir tú y el jefe.

—¿Qué? —pregunté y lo miré.

—Así es, yo soy quien decide los presupuestos, y evaluaremos los números en detalle. ¿Cuánto tiempo crees que te llevará elaborar una propuesta basada en lo que hemos decidido?

—La tendré para hoy mismo —respondí sin dudar. Me estaba exigiendo demasiado, pero quería mantener la buena racha.

—Estupendo. Si no os importa, seguimos con otras tareas —dijo Nina, mirando a Sonia—. Beckett, avísanos si necesitas algo. Piper, ha sido un placer conocerte. Tengo un buen presentimiento sobre esta campaña.

—Yo también.

En cuanto salieron de la sala de reuniones, Beckett se puso de pie. No me percaté de su intención hasta que se acercó a donde yo estaba, y se sentó en el borde de la mesa.

—La reunión ha estado genial.

—Gracias. Me gusta cómo tenéis estructurado el departamento, y que el equipo participe de la campaña de marketing de los restaurantes.

—Intentamos aprovechar la sinergia pero sin quitarles autonomía.

—Parece que funciona bien —respondí, y él asintió.

Volví a mirar mi portátil, presa de los nervios. ¿Y ahora qué hago? Había sido fácil mantener la profesionalidad con Sonia y Nina delante, pero en ese momento estaba a solas con Beckett.

—Piper —dijo lentamente, y detecté un ligero cambio en su tono.

—¿Sí?

—¿Por qué no me miras?

No es justo. ¿Por qué me pone en una situación tan incómoda? Levanté la vista y me humedecí los labios, determinada a poner todas las cartas sobre la mesa:

—No sé cómo comportarme después de la conversación que tuvimos.

Una sonrisa pícara apareció en su rostro. No podía ser más guapo.

—Por primera vez, yo tampoco.

—¡Uf! —parpadeé—. Menos mal.

—¿Por qué? —preguntó con una sonrisa.

—Pensaba que era la única que me estaba… —Estaba a punto de decir “colando por ti”, pero sería demasiada información.

—¿La única que qué? —preguntó, inclinándose ligeramente hacia mí.

—No importa.

Sus ojos tenían un brillo juguetón. Bajó la mirada hacia mis labios, pero no dijo nada. Luego se enderezó y dijo:

—Tengo una propuesta para ti.

—Te escucho.

—Hoy estarás trabajando en el presupuesto, ¿verdad?

—Sí, te lo enviaré al final del día.

—Antes que nada, quiero decirte que yo me haré cargo del Uber y cualquier otro gasto.

—Por ahora pinta bien. ¡Me apunto a lo que sea! —respondí con entusiasmo.

Sus ojos brillaron. Parecía como si estuviera tratando de reprimir un gruñido, lo que solo hacía aumentar su sensualidad.

—Piper… No puedo quedarme hasta tarde en la oficina, pero estos días he conseguido que Charlotte duerma un rato entre las seis y las nueve de la noche.

—Su tono volvió a ser serio—. Podemos cenar en mi casa y concretar el presupuesto durante ese tiempo.

Si es que estás disponible y no tienes nada más planeado, claro.

Mi corazón latía con tanta fuerza que lo notaba en mi garganta. ¿Era únicamente por motivos laborales o había algo más? Después de todo lo que me había contado, sentía un vínculo más cercano, pero no quería sacar conclusiones precipitadas.

—No tengo planes para esta noche y me parece bien que definamos el presupuesto. Así Sonia, Nina y yo podremos empezar con el diseño del anuncio.

—Excelente.

Beckett se levantó de la mesa y lo interpreté como una señal de que la reunión había terminado. Me puse de pie inmediatamente y guardé mi portátil en el bolso.

—¡Qué reunión tan productiva! —exclamé con un toque de exageración. Así de nerviosa estaba.

La sonrisa de Beckett tenía un dejo de cinismo, como si supiera exactamente que él era el causante de mi excitación.

—Estoy deseando verte esta noche. Déjame acompañarte a la salida.

—Vaya, al final eres todo un caballero, ¿eh? —De repente, mi tono se volvió coqueto. Su mera presencia me hacía perder el control, e intenté volver a mi forma profesional—. Lo cual agradezco mucho, por supuesto —agregué con el tono más serio que pude.

Beckett se acercó y señaló el pasillo:

—Esto no es ser un caballero, Piper, solo mínimamente educado.

Estaba a punto de rebatir su argumento pero preferí mantener la seriedad, y me limité a sonreír. Cuando una joven rubia pasó junto a nosotros, dije:

—Gracias por la reunión, señor Leblanc.

Sus ojos se abrieron como platos cuando vio mi mano extendida. Frunció el ceño, pero su expresión se transformó al regalarme una sonrisa de satisfacción. Me moría por saber qué estaba pensando en ese mismo momento.

Mejor no pregunto.

Y qué orgullos a estaba de haber mantenido la boca cerrada.

Beckett me acompañó hasta las escaleras:

—Nos vemos esta noche. Gracias por haber venido y tus excelentes propuestas.

Se estaba burlando de mi tono profesional.

Mi cuerpo vibraba mientras bajaba los escalones. Hasta que no estuve fuera, no conseguí recuperar el aire. Apreté mi bolso contra mi pecho y respiré profundamente. Dios mío, qué experiencia.

Miré el reloj y calculé el tiempo que me llevaría volver a mi oficina, estar un rato y en un par de horas tener que desplazarme hasta el ático de Beckett.

Lo más sensato sería quedarme en el Barrio Francés y ahorrar tiempo.

Llevaba conmigo unos auriculares con cancelación de ruido, y podría aprovechar para trabajar desde una cafetería.

Mi lugar favorito era un local en la calle Decatur, una mezcla entre librería y cafetería. La dueña era una anciana cascarrabias que se pasaba el tiempo quejándose de que la gente se quedaba allí durante horas; pero, en el fondo, le encantaba charlar con los clientes.

Elaborar un presupuesto era una de las tareas que más disfrutaba; por raro que pareciera, el marketing y las finanzas estaban íntimamente ligadas.