Capítulo Nueve
PIPER
A la mañana siguiente, Josh irrumpió por todo lo alto en mi oficina.
—¡Sabía que lo lograrías, Piper! —exclamó—. Estoy muy orgulloso de que hayas fichado a Beckett LeBlanc.
—Gracias, pero que sepas que él ha cambiado de opinión por propia iniciativa. —No quería atribuirme méritos que no me correspondían.
—Tú sigue así y avísame si surge algún problema.
—Claro, Josh.
—Oye, si necesitas más gente en la campaña…
—Tranquilo Josh —le interrumpí—, estoy bien. Si necesito algo, te lo diré.
—Sé que lo tienes controlado, Piper. Eres la caña. —Sonrió—. Bueno, me voy. Tengo que darle mi toque personal a otra campaña.
Me sorprendió su comentario, porque mi jefe no solía participar del proceso creativo.
Después de que se marchara, me centré en mi trabajo. Aunque la mañana había empezado con buen pie, el resto del día fue un caos absoluto. Estuve muy liada apagando varios incendios con algunos clientes.
Después del almuerzo, recibí un correo electrónico del departamento de marketing de LeBlanc-Broussard con copia a Beckett, para concretar una fecha en la que pudiese ir a la oficina y conocer a todo el equipo.
Elegí un día sobre el final de la semana para poder prepararme y revisar mi propuesta a fondo.
Después de responder, un mensaje de texto me llamó la atención y me hizo sonreír. Era de Beckett.
Beckett: Muchas gracias por haber ido al bar. Espero que mis hermanos no te hayan agobiado.
No entendía a qué venía ese comentario si habían sido de lo más educados.
Piper: ¿Agobiado? Si solo se presentaron.
Empezó a redactar la respuesta, pero debió de cambiar de opinión porque no recibí nada durante unos minutos. Un rato después me llegó su mensaje.
Beckett: Menos mal. A mí me volvieron loco.
Piper: ¿Por qué?
No respondió. Tenía ganas de llamarlo, pero tampoco sabía qué decirle. Además, podría estar en una reunión.
Mejor vuelvo a mis asuntos.
Unos segundos más tarde, mi teléfono sonó de nuevo, y por supuesto, olvidé por completo lo que tenía que hacer y me puse a leer el mensaje que venía acompañado de una foto. Dios mío. Beckett había enviado una selfie con Charlotte acurrucada contra su hombro.
Beckett: No me hagas caso. Sigo sin pegar ojo. ¿Qué tal tu día?
Seguía derritiéndome mientras miraba la foto.
Piper: Con algunos líos en la oficina, pero todo bajo control.
Beckett: Eres muy buena en tu trabajo.
Me resultaba increíble que aquel hombre tan sexy y adorable con su hija en brazos me hiciera un cumplido. No era de extrañar que tuviera mariposas en el estómago.
Joder, tenía que empezar a salir con alguien aunque no me apeteciera lo más mínimo. Habían pasado dos meses desde la última cita; mi madre me organizó una salida con un amigo de un amigo, pero quedó en la nada. Para ser sincera, no me entusiasmaba ni un pelo.
Tenía varias aplicaciones de citas en mi teléfono, pero en vez de abrirlas, volví a la foto de Beckett. ¿Se puede ser más guapo y tierno a la vez?
Decidí enviarle otro mensaje.
Piper: Muchas gracias por el po’boy . Estaba delicioso y combinaba muy bien con el Sazerac . Me salvó de que el alcohol se me subiera a la cabeza.
Beckett: Tranquila, yo me habría ocupado de ti.
Me humedecí los labios mientras imaginaba su tono coqueto.
Piper: ¿En serio? ¿Cómo exactamente?
No entendía por qué no estaba poniendo fin a esa conversación. Tenía mucho trabajo pendiente pero no podía soltar el teléfono.
Beckett: Habría esperado un Uber contigo y me habría asegurado de que llegaras a casa sana y salva.
No sabía si él estaba coqueteando, pero yo me estaba derritiendo.
Piper: Habría sido muy caballeroso de tu parte.
Beckett: Así es como nos comportamos los hombres del sur.
Piper: No lo sé. Por mi experiencia con las aplicaciones de citas, me parece todo lo contrario.
En cuanto lo envié, me arrepentí. Beckett era mi cliente y ese comentario estaba fuera de lugar. Pulsé sobre el mensaje con la intención de borrarlo, pero él respondió antes de que pudiera hacerlo.
Beckett: No creo que eso nos represente en absoluto.
En lugar de poner fin a la conversación, le respondí con una sonrisa.
Piper: Pues yo creo que define a la perfección al sector masculino que utiliza aplicaciones de citas.
Beckett: ¿En serio? ¿Crees que esas plataformas son para buscar algo serio?
En lugar de responder, abrí una de las aplicaciones, busqué su nombre y ¡menuda sorpresa! Beckett tenía un perfil. No sé qué me empujó a hacerlo, pero le envié un mensaje a través de la misma.
Piper: ¿Qué haces TÚ en esta aplicación?
A juzgar por la cantidad de fotos de penes que tenía en mi bandeja de mensajes, sabía exactamente qué buscaban los usuarios.
Pero cuando una amiga encontró a su alma gemela por internet, me animó a probarlo.
Aunque lo cierto era que ya hacía años había perdido la esperanza de encontrar al gran amor de mi vida.
Activé las notificaciones para ver si Beckett me respondía y cerré la aplicación. El ícono de mensajes no leídos se iluminó inmediatamente, así que la volví a abrir.
Beckett: Es la costumbre. Debería dar de baja mi usuario, está claro que no lo voy a usar en un futuro próximo.
Piper: ¿Por qué no?
Beckett: Quiero centrarme en mi hija y ordenar algunos aspectos de mi vida.
Volví a derretirme. ¿Acaso esto es normal?
Piper: Es admirable de tu parte.
Beckett: Yo diría que es lo mínimo que puedo hacer. En tu perfil dices que buscas a alguien con quien pasar un buen rato. ¿Qué significa eso exactamente?
¿En serio estoy teniendo esta conversación? Mi parte racional me decía que lo dejara ya mismo, que saliera de la aplicación, o mejor aún, que la borrara. Pero mi instinto me alentaba a lo contrario. Así que, en lugar de llamarme a silencio, respondí.
Piper: Alguien que me haga reír, y que le guste explorar la ciudad tanto como a mí.
Luego añadí una tercera cosa que nunca antes había pensado.
Piper: Y que sea detallista.
Salí de la conversación y revisé su perfil. No tenía ningún tipo de información. Volví a los mensajes y sonreí al leer su respuesta.
Beckett: No creo que estés pidiendo demasiado.
Piper: ¿Por qué te interesa tanto?
Decidí subir aún más la apuesta.
Piper: ¿Acaso tienes a algún amigo que cumpla mis criterios?
Beckett: Quizás.
Mi corazón se puso a mil y sentí un cosquilleo en la yema de los dedos.
No podía estar coqueteando con mi cliente, que además, era padre de una criatura.
Me parecía completamente fuera de lugar.
Pero tampoco podía parar. Llevaba apenas diez minutos conversando con Beckett, pero parecía mucho más, como si el tiempo se hubiera detenido por completo durante esa conversación.
Piper: No pones nada en tu perfil. ¿Cuáles son tus requisitos?
Beckett: ¿También quieres presentarme a una amiga?
Me estaba poniendo en un aprieto. Decidí seguirle el juego y darle la misma respuesta ambigua.
Piper: Quizás.
Dejé el teléfono rápidamente para responder a un correo electrónico que tenía como asunto “Urgente” de un cliente al borde del colapso. Le envié una breve respuesta, asegurándole que lo tenía todo bajo control. Mientras tanto, no dejaba de mirar mi teléfono.
Beckett no respondió durante un rato. Quizás, y a diferencia de mí, había entrado en razón. Entonces apareció un mensaje largo.
Beckett: 1) Sincera y que no oculte nada. 2) Dispuesta a vivir aventuras. 3) Que le gusten los niños (nunca pensé que escribiría esto).
¡Madre del amor hermoso! ¡Yo cumplía los tres requisitos!
Me mordí el labio. Antes de seguir adelante, necesitaba saber qué había ocurrido con la madre de Charlotte.
¿Seguir adelante? ¡Pero si es mi cliente!
Josh lo desaprobaría por completo, y no quería contrariar a mi jefe. Sería complicarme la vida.
Piper: ¿Me puedes explicar un poco lo de la sinceridad?
No sabía qué respondería pero ese requisito me llamó la atención. Podría salir por la tangente o darme una respuesta genérica en plan “La sinceridad ante todo”. Pero no me parecía un dato irrelevante.
Beckett: Charlotte es el resultado de un rollo de una noche. Su madre nunca se puso en contacto conmigo durante el embarazo, y tenía pensado darla en adopción. Por suerte, su mejor amiga me llamó para ponerme al tanto.
Me quedé sin palabras. Era lo más atroz que había oído en mi vida, no podía creer que alguien fuera capaz de hacer algo así. Me puse una mano en el pecho y la deslicé lentamente hasta el cuello.
Piper: Beckett, lo siento mucho. Debe ser muy duro.
Beckett: Yo también tengo parte de culpa. Nunca volví a contactar con ella después de enrollarnos.
Intenté ponerme en el lugar de esa mujer; por supuesto que no debería haberle gustado, pero no era motivo para ocultar al bebé. Era una barbaridad.
No me entraba en la cabeza que no quisiera criar a su hija. Yo sería incapaz de hacer algo así, sin importar las circunstancias.
Pobre Charlotte. No podía imaginar cómo sería crecer sin una madre.
Para mi sorpresa, Beckett me llamó un segundo después. Mejor así; era un poco extraño tener esa conversación a través de una plataforma de citas.
—Hola —respondí, sin saber muy bien qué decir.
—Piper, ¿te parece bien que te llame?
—Sí, claro.
Suspiró y dijo:
—Siento haberte soltado todo eso.
—Fui yo quien preguntó.
—Aun así, esa no es forma de empezar una relación laboral.
Relación laboral… Menuda bofetada de realidad.
—Tienes razón. Haré de cuenta que no ha pasado nada.
—¿Así de fácil?
—No, pero tendré que fingir. Lo que no puedo disimular es mi indignación con esa mujer. Siento mucho que Charlotte vaya a crecer sin su madre. —Apreté los labios—. Y ahora que ya lo he dicho, haré de cuenta que no sé nada.
—Gracias por ser tan comprensiva, Piper. —La voz de Beckett era más suave que antes—. Y por indignarte en nombre de mi hija.
Era evidente que ninguno de los dos quería cambiar de tema todavía.
—También por lo que te ha tocado a ti.
Beckett se echó a reír:
—Estoy cosechando lo que sembré, y lamentablemente mi hija está pagando por mis errores.
—Beckett, ella está rodeada de amor. Y por lo que me has contado, tu familia también se encargará de darle todo el cariño del mundo. Ahora… volvamos al tema.
Tenía que centrarme, aunque lo único que quería era seguir charlando sobre él y Charlotte.
—Tu equipo me ha proporcionado la información que necesitaba. Iré a la oficina con todo preparado —continué.
—Estoy deseando que comience oficialmente la campaña. —Su voz cambió por completo. Era profesional, sin rastro de la ternura de antes.
—¿Tú también estarás implicado en el proceso?
—Por supuesto. Es muy importante para nosotros, y quiero ser partícipe de todos los aspectos.
—Claro. —Por alguna razón, había dado por sentado que trabajaría en estrecha colaboración con su equipo y que él solo estaría al tanto de forma superficial, al igual que Josh—. Bueno… nos veremos en la oficina, ¿no?
—Así es.
¡Eso sí que no me lo esperaba!