Un padre soltero inolvidable Capítulo Tres #2
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Capítulo Tres #2

Ni siquiera quería estar en esa maldita reunión. Si fuera un poco más despiadado, la habría dado por terminada en ese mismo momento.

Ella carraspeó y se colocó un mechón de pelo detrás de la oreja:

—En absoluto. Lo siento si ha dado esa impresión. Le agradezco de antemano que haya accedido a recibirme.

—Según me han comentado, ha sido muy insistente. Tanto que mi asistente no tuvo otra opción que concederle la presentación.

No estaba seguro de por qué la estaba confrontando. Probablemente era la falta de sueño.

—Es totalmente cierto. Le envié correos electrónicos durante semanas antes de dar con su número de teléfono —admitió.

—¿Y nuestra falta de respuesta no le dio ninguna pista? He escuchado demasiadas propuestas, así que más vale que esta sea buena, porque estoy a punto de marcharme.

Se humedeció sus atractivos y carnosos labios rojos y dijo:

—Si me permite empezar, estoy segura de que puedo convencerlo de que MarketingPros es el mejor recurso para su empresa.

Acerqué una silla y me senté:

—Muy bien, adelante.

Mantuve la mirada fija en sus diapositivas mientras empezaba. Era competente, eso no se podía negar. Busqué el número de diapositivas en la esquina de la pantalla.

¡Joder! ¡Hay como veinte!

¿Eran necesarias veintiún diapositivas para una presentación?

¡Estaré aquí toda la vida!

Cinco minutos más tarde, entendí por qué.

Había hecho un esfuerzo considerable, y me di cuenta de que incluso había preparado ejemplos de campañas que podríamos implementar.

Por desgracia, también estaba disperso. Ese día, no tenía la concentración necesaria para afrontar algo así.

Estaba agotado y no dejaba de mirar mi teléfono, esperando noticias de Bella o de mis abuelas.

—¿Señor LeBlanc? —preguntó, al notar que había perdido mi atención.

La miré y aclaré mi garganta:

—Repita la pregunta, por favor.

—Por supuesto. ¿Qué parte?

—Todo.

Frunció el ceño y negó con la cabeza, claramente descontenta.

Si no le gustaba mi actitud, por mí podía marcharse en ese mismo instante.

***

PIPER

La reunión estaba siendo una completa pérdida de tiempo.

Desde el momento en que vi a Beckett LeBlanc, tuve la sensación de que el acuerdo no prosperaría.

Había leído sobre él para hacerme una idea de con quién iba a tratar.

La mayoría de los artículos lo tildaban de fiestero e informal, y por su apariencia actual —ojeras y mal aspecto— era probable que hubiera pasado toda la noche de juerga.

Estuvo todo el rato pendiente del móvil y con una actitud muy poco profesional.

—Quisiera saber si alguna de mis sugerencias le ha llamado la atención.

—Todas me han parecido buenas.

—Entonces continuaré.

Se me habían ocurrido cuatro tipos de campañas diferentes que podríamos llevar a cabo para ellos.

Mantuve la mirada fija en la pantalla mientras hablaba, y evitaba mirarlo a menos que fuera estrictamente necesario.

No solo porque estuviera enfadada, sino también porque era tan guapo que corría el peligro de perder el hilo de la presentación.

Cuando terminé, me giré para mirarlo.

¡No me lo podía creer! El hombre tenía la mirada perdida, y era probable que no hubiese escuchado nada de lo que había dicho.

—Muy bien, he terminado. Esa es mi propuesta.

Sonaba poco convincente, pero ¿qué otra cosa podía decir? Había sido realmente una pérdida de tiempo. Me molestaba que me ignorara por completo. ¿Por qué teníamos que ficharlo como cliente? Porque se trata de una gran empresa, ¡joder!

Beckett se enderezó en su silla:

—Ha sido una presentación muy buena.

—¿En serio? ¿Ha prestado atención siquiera a una cuarta parte de lo que acabo de decir? —espeté.

Maldita sea. No era un comportamiento propio de mí, que solía mantener el profesionalismo y el decoro por encima de todo.

Pero en el fondo, sabía que Beckett no firmaría con nosotros y, me resultó insultante que no prestara atención a la presentación.

Fue de mala educación y Josh se iba a llevar una gran decepción.

Beckett se puso de pie:

—He escuchado lo suficiente para tomar una decisión.

—Ya veo.

—Señorita… —dijo con la mirada entornada.

—Dawson. Piper Dawson. —Dios mío, ni siquiera se había molestado en recordar mi nombre.

—Si tiene algo más que decir, dígalo ahora —añadió con una sonrisa burlona.

¿Pero qué pretende este tipo? ¿Sacarme de quicio? ¿Provocarme?

—Lo mismo digo —respondí, cruzándome de brazos.

—Tiene razón —contestó Beckett. Señaló la pantalla y agregó—: Su presentación ha sido buena, pero quiero estar a gusto con la empresa con la que vaya a realizar la campaña. Está claro que usted y yo no hemos congeniado.

Una oleada de ira me invadió. Apreté los puños, con los brazos pegados al cuerpo, y repliqué:

—El lema de nuestra agencia es “El cliente siempre tiene la razón”, pero no creo que a nosotros nos convenga tenerlo de cliente. Es obvio que estuvo de fiesta hasta tarde y se ha quedado dormido en mitad de mi presentación.

Beckett parpadeó varias veces, luego entrecerró sus ojos, tan oscuros como su cabello. Bien, lo había cabreado.

Pero yo aún no había terminado:

—¿Por qué aceptó esta reunión? ¿Para hacerme perder el tiempo? Un simple aviso de su asistente habría sido suficiente. ¿Es consciente del esfuerzo que he puesto en preparar esta presentación específicamente para su empresa?

—No, y tampoco me importa. Por favor, puede marcharse. Ha sido la presentación menos profesional que he presenciado en mucho tiempo. Rectifico: su presentación fue buena. Es usted quien ha demostrado una falta de profesionalidad notoria.

Sentí el golpe de sus palabras.

—No suelo hacer esto, pero hablaré con Josh Alderman. Es el dueño de MarketingPros , ¿verdad? —añadió.

Dios mío. ¿Conoce a Josh? ¿Por qué nunca lo había mencionado?

—Le diré que debe tener más cuidado con la gente que contrata. Empleados como usted pueden causar mucho daño a la reputación de la empresa.

No, no, no . ¡Maldita sea! Siempre había sido impulsiva, pero lo de ese día fue una estupidez por mi parte. ¿Por qué no mantuve la boca cerrada y la cabeza gacha?

Dado que probablemente iba a ser despedida y ya no tenía nada que perder, repliqué:

—Sí, por favor, no dude en contárselo todo a Josh.

Por otra parte, también somos muy selectivos con nuestros clientes.

Buscamos personas que sepan trabajar en equipo.

—Me había venido arriba diciendo la verdad.

—Y está claro que usted no es el tipo de cliente que buscamos.

Nos abstenemos de colaborar con borrachos.

Beckett se hizo a un lado y señaló la puerta:

—Con esto concluye la reunión, señorita Dawson. La puerta está ahí. Fuera de aquí.

Parpadeé y cogí mis cosas.

Me sentí completamente humillada. Nunca me habían echado de ningún lado.

Y lo cierto es que estaba más enfadada conmigo misma que con él. ¿Cómo demonios había llegado a esa situación? Desconecté mi portátil del proyector y lo guardé en mi bolso. Me había rebajado a su nivel, y no era propio de mí.

Levanté la vista y vi que Beckett seguía allí. ¿Por qué no se marchaba? ¿Estaba esperando a que empezara a llorar? Porque estaba a punto de hacerlo.

Necesitaba salir de allí lo antes posible. Me colgué el bolso al hombro y dudé por un instante. ¿Debería despedirme y darle la mano? No, era obvio que ya no hacía falta ningún tipo de cortesía.

El hombre me había echado de su oficina y, para colmo, Josh me echaría la bronca. Había trabajado muy duro para construir mi carrera y lo había echado todo por la borda… por nada.