Capítulo Dos
PIPER
Me encantaba mi trabajo, y más cuando se me presentaba un nuevo reto. Ahora, mi objetivo era un cliente potencial: Beckett LeBlanc. Trabajaba en una de las empresas de marketing más importantes de Nueva Orleans y nos habíamos enterado de que buscaba una agencia para una nueva campaña publicitaria.
Naturalmente, todas las agencias de la ciudad intentaban pescar al pez más gordo del tanque. Beckett dirigía el sector de la panificación industrial de The Orleans Conglomerate , y estaba muy agradecida por esa oportunidad.
Un golpe en la puerta interrumpió mis pensamientos y me sobresaltó. Era Josh, mi jefe:
—Piper, ¿ya te vas?
—Sí —sonreí tímidamente—, voy a llevar a mis padres a cenar al Barrio Francés.
Lo normal era que cenara con ellos en su casa, pero esa vez quería invitarlos a un restaurante a comer gumbo 1 , el plato favorito de mi madre.
—¿Alguna novedad sobre los LeBlanc?
—Aún no, pero no te preocupes. Me las arreglaré para presentarles la propuesta y convencerlos de que MarketingPros es la mejor opción.
Mi jefe se rió:
—Tú no aceptas un no por respuesta, Piper. Por eso te he asignado el caso. Si alguien tiene posibilidades de conseguir ese cliente, eres tú.
—Gracias por tu voto de confianza, Josh.
Lo decía de verdad. Durante toda mi infancia, mis padres me habían inculcado a ser una persona ambiciosa y luchar por mis objetivos.
Estaba ilusionada por invitarlos esa noche. Era el cumpleaños de mi madre y quería mimarla todo el fin de semana. Había reservado masajes y tratamientos faciales para nosotras en el mejor spa de la ciudad. Como hija única, mi prioridad era asegurarme de que tuviera lo mejor, porque se lo merecía.
Como de costumbre, fui una de las últimas en salir de la oficina, pero no me importaba.
Me dedicaba en cuerpo y alma a mi trabajo, que durante el último año, se había convertido en mi refugio.
Hacía poco que mi novio y yo habíamos puesto fin a diez años de relación.
Teníamos diferentes perspectivas de futuro: yo soñaba con una casa en las afueras y una familia, pero él quería otra cosa.
Al intentar rehacer mi vida amorosa, descubrí que era mucho más complicado de lo que había imaginado.
Suspiré al ver pasar a las familias por la acera, asumiendo que tal vez tendría que renunciar a mi sueño de tener cuatro hijos.
Pero no quería dejar que esos pensamientos tristes arruinaran la noche. Estaba decidida a celebrar el cumpleaños de mi madre con el mejor humor posible.
Aceleré el paso para no llegar tarde. Mi oficina estaba en el distrito de Marigny, a veinte minutos a pie del restaurante en el Barrio Francés.
Aunque llevaba toda mi vida viviendo allí, el casco antiguo seguía siendo mi parte favorita de la ciudad. La única vez que me había ido fue para un semestre de intercambio en la Universidad de Toronto.
Durante ese tiempo eché muchísimo de menos Nueva Orleans. Los edificios antiguos, su historia y tradición… Amaba cada rincón de esa ciudad.
Una vez en el Barrio Francés, me dirigí directamente a la calle Royal.
El local donde habíamos quedado no estaba lejos de LeBlanc-Broussard , el prestigioso restaurante de The Orleans Conglomerate .
El propio Beckett LeBlanc tenía sus oficinas justo encima del restaurante.
Pensé en hacer una reserva allí, pero no quería parecer una acosadora; no sería el mejor comienzo de una relación comercial.
Sin embargo, empezaba a impacientarme un poco. Ya le había enviado tres correos electrónicos y hablado tres veces con su asistente personal, sin éxito. Pero no iba a rendirme. La perseverancia era mi fuerte.
Al llegar, mis padres ya estaban en el restaurante.
Mi madre iba muy elegante. Su impecable peinado delataba que debía de haber pasado por la peluquería.
Se había esmerado mucho para su septuagésimo cumpleaños y estaba guapísima.
Mis padres me tuvieron tarde, a los cuarenta años.
Fui un ‘‘bebé sorpresa’’, pero siempre me hicieron sentir inmensamente amada.
Sin perder ni un segundo, corrí a abrazar a mi madre.
—¡Feliz cumpleaños, mamá! Estás guapísima. —Luego miré a mi padre, que llevaba un traje muy elegante—: ¡Los dos estáis estupendos!
—Ya conoces a tu madre. Le gusta que nos arreglemos —respondió.
—Mamá, ahora mismo no tengo tu regalo, pero ya verás lo que te tengo preparado para el sábado. —Le guiñé un ojo a mi padre: estaba al tanto de mis planes y guardando mi secreto.
Mi madre se giró hacia él al instante:
—¿Habéis estado confabulando los dos? ¿Por eso no querías que hiciera planes con Alisa?
—¡Exacto! —exclamó mi padre—. Piper me dijo que tenía una sorpresa, así que no podía contarte nada.
Mi madre me sonrió con ternura:
—No puedo negarme a pasar todo el día con mi niña.
Tomamos asiento y un camarero se acercó a explicar los especiales del día.
Mis padres sopesaban compartir el plato principal, ya que las raciones eran generosas, pero al final, mi madre decidió darse el capricho de pedirse un plato para ella sola, a sabiendas de que luego no podría respirar.
Acto seguido, mi padre le dio un beso cariñoso en la mejilla.
Su relación era el ejemplo perfecto de lo que deseaba para mi vida. Siempre habían estado muy enamorados y no tenían reparos en demostrar su afecto delante de mí, ni de nadie. Soñaba con un matrimonio como el suyo, aunque probablemente ya no sería posible.
¿Y qué importancia tiene? Tengo a mi familia y un trabajo estupendo. ¿Qué más se puede pedir?
Cuando el camarero nos trajo las bebidas, mi iPhone vibró. Revisé mis correos de inmediato: ¡Sí! La asistente de Beckett por fin había respondido, concertando una cita. ¡Lo había conseguido!
—¿Por qué estás tan contenta, cariño? —preguntó mi padre.
—Acabo de conseguir una reunión con un cliente potencial. Ya estaba pensando que no lo lograría.
—¿De quién se trata? —preguntó mi madre con una sonrisa.
Negué con la cabeza:
—Prefiero hablar de otra cosa. Esta noche es para ti. Y el sábado también. ¿Qué crees que te tengo preparado?
—Mmm, déjame adivinar… ¿Un día de spa ?
Mi madre me conocía demasiado bien.
—Jope, soy muy predecible.
—No, simplemente sabes lo que me gusta —respondió con otra gran sonrisa.
Qué bien nos lo vamos a pasar el sábado.
A pesar de que mi mente estaba centrada en la presentación para Beckett LeBlanc, decidí no mencionarlo. Aunque amaba mi trabajo, mis padres eran mi prioridad. Y esa noche era solo para ellos.
1 Nota de la Traductora: Gumbo es un guiso criollo tradicional de Nueva Orleans.