Un pacto tentador (Pactos arriesgados nº 1) 9
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Spencer

Apenas pronuncié las palabras cuando Landon se abalanzó sobre mí. Sacó la mano de mis bragas para tener un mejor ángulo para hacerlo, y el beso fue brutal desde el primer segundo. Su boca chocó contra la mía con hambre voraz, casi desesperada.

Me mordió el labio inferior, tirando de él antes de meter la lengua hasta el fondo, invadiéndome sin piedad.

Sabía a sal del mar, a café y a deseo puro. Su lengua se enredó con la mía en un baile húmedo y obsceno, lamiendo, succionando, explorando cada rincón de mi boca como si quisiera devorarme.

Ese primer beso no tenía nada que ver con ninguno de los que había dado antes.

No había ternura. No había promesas. Ni siquiera había un intento de fingir que aquello era el comienzo de algo bonito.

Era una declaración de intenciones. El preludio del sexo.

De un acuerdo donde el placer sería el único idioma que hablaríamos.

Gemí sobre sus labios. Él gruñó en respuesta y profundizó aún más el beso, inclinando la cabeza para tener mejor acceso. Me sujetó la nuca, manteniéndome exactamente donde quería, mientras con la otra mano me apretaba contra su erección.

Era un beso sucio, mojado y perfecto.

En un momento dado, chupé su lengua con necesidad, como si en lugar de su lengua estuviera lamiendo otra parte de su anatomía. Landon gruñó contra mi boca y me apretó más fuerte el culo, frotando su erección dura contra mi vientre.

Sentí lo excitado que estaba incluso a través del bañador. Bajé una mano para tocarle, pero él me la apartó con suavidad.

—De eso nada, fierecilla. Empezaremos por ti.

Su voz sonó ronca, cargada de autoridad. Me besó otra vez, más profundo, más sucio, mientras me tumbaba completamente sobre la toalla. El sol caía sobre nosotros, pero yo solo sentía el calor de su cuerpo.

Landon abandonó mi boca para empezar a bajar por mi cuello, mordiendo y lamiendo cada centímetro. Cuando llegó a mis pechos, no me quitó la parte alta del bikini con los dientes tal y como había dicho. En cambio, tiró de la tela hacia abajo con impaciencia, liberando mis tetas.

Las miró un segundo con hambre descarada antes de lanzarse.

Chupó un pezón con fuerza, succionándolo profundamente mientras su lengua lo rodeaba y lo golpeaba.

Al mismo tiempo, pellizcaba y tiraba del otro con los dedos.

Los lamió, los mordisqueó y los chupó. Yo gemí, retorciéndome debajo de él, agarrándole del pelo.

—Landon… joder…

Bajó aún más, besando y mordiendo mi vientre hasta llegar a la altura de mi sexo. Sus manos me quitaron la parte de abajo del bikini de un tirón y me abrieron las piernas sin delicadeza.

—Llevo días imaginándome a qué sabrías —gruñó contra mi piel, con la voz ronca de deseo.

Y entonces su boca cayó sobre mí.

No fue suave. Landon me devoró como si estuviera hambriento. Y yo, que nunca había entendido por qué algunas mujeres hablaban del sexo oral como si fuera religión, de repente lo entendí todo.

Pasó la lengua plana y caliente desde mi entrada hasta el clítoris varias veces, lamiendo mis jugos con gemidos de aprobación. Después se centró completamente en mi clítoris: lo succionó con fuerza, lo rodeó, lo atacó con rápidos y precisos golpes de la punta de su lengua.

Y siguiendo su propio relato, introdujo dos dedos gruesos en mi coño empapado y empezó a follarme con ellos, curvándolos justo donde más placer me provocaba.

Lo tenía comiéndome como si fuera su plato preferido mientras sus dedos entraban y salían con fuerza. Mis caderas empezaron a moverse contra su cara, buscando más fricción, más profundidad.

Nunca imaginé que aquellas vacaciones forzosas servirían para darme el mejor cunnilingus de mi jodida vida. Porque Elliot, además de follar fatal, no tenía ni idea de como usar su lengua.

Landon, en cambio, sabía exactamente lo que hacía.

Alternaba entre succionar mi clítoris con fuerza y lamidas largas y húmedas que me hacían estremecer.

Luego cambiaba a movimientos rápidos y precisos con la punta de la lengua, concentrándose justo en mi punto más sensible.

Todo eso mientras me follaba con los dedos.

Gemí alto, agarré su pelo con fuerza y empecé a follarle la cara, perdida en mi propio placer.

—Landon… ¡joder! ¡No pares!

Él gruñó contra mi coño y aceleró. La combinación de su boca y sus dedos era demasiado y el orgasmo me atravesó como una explosión.

Grité su nombre mientras mi cuerpo se convulsionaba violentamente. Oleadas intensas de placer me recorrieron de pies a cabeza. Landon siguió lamiendo y follándome con los dedos durante todo el orgasmo, alargándolo hasta que quedé temblando, sensible y casi sin fuerzas.

Solo entonces subió por mi cuerpo y me besó con fuerza, metiendo su lengua en mi boca para que probara mi propio sabor.

—Ahora te toca a ti —jadeé, todavía con la respiración entrecortada.

Lo empujé hasta tumbarlo de espaldas sobre la toalla. Le bajé el bañador con impaciencia y su polla gruesa, venosa y completamente dura saltó libre, palpitando contra su abdomen. La punta ya brillaba humedecida de líquido preseminal.

No era una gran fan de hacer mamadas. Pero ver a Landon, tan seguro de sí mismo siempre, perdido y jadeando debajo de mí, tenía algo que me hacía querer seguir.

Quizá era el poder. Quizá era solo que su polla era demasiado bonita para ignorarla.

Y no, no sabía que se podía decir eso de una polla, pero ahí estaba.

Me coloqué entre sus piernas y empecé a devorarlo con ganas.

Primero lamí toda su longitud desde los huevos hasta la cabeza hinchada, saboreando la piel caliente y tersa.

Chupé uno de sus testículos, luego el otro, mientras mi mano masturbaba su eje con movimientos largos y firmes.

Después abrí la boca y me lo metí todo lo que pude, bajando hasta que tocó el fondo de mi garganta.

Landon soltó un gemido ronco y profundo, enredando los dedos en mi pelo mojado.

—Joder, Fierecilla… qué boca tienes.

Empecé a mover la cabeza con ritmo rápido, chupando con fuerza. Subía y bajaba, girando la lengua alrededor de la cabeza cada vez que salía. Mi mano masturbaba la base con movimientos firmes.

Poco a poco fui acelerando. Lo metía más profundo, succionando con más fuerza. Landon empezó a mover las caderas, follándome la boca con contención.

—Así… trágatela entera —gruñó, apretando los dedos en mi pelo.

Aumenté el ritmo, chupando con avidez, apretando los labios alrededor de su grosor.

—Spencer… voy a correrme —avisó con voz ronca.

No me aparté. Lo mantuve dentro de mi boca, chupando más fuerte. Con un gruñido largo y gutural, Landon se corrió. Me lo tragué todo mientras él temblaba debajo de mí.

Caí a su lado. Los dos respirábamos con dificultad, con los cuerpos bañados en sudor y sol.

Landon soltó una risa baja y ronca, todavía recuperando el aliento. Giró la cabeza hacia mí con una sonrisa arrogante.

—Joder, Fierecilla… tienes una boca maravillosa —dijo, todavía jadeando—. Es una pena que la uses tanto para sacarme de quicio cuando podrías estar usándola para esto.

Lo miré con los ojos entrecerrados, pero no pude evitar que se me escapara una pequeña sonrisa.

—Lo mismo digo. En lugar de ser un gilipollas integral podrías usar tu lengua para algo más productivo.

Landon soltó una carcajada baja y sexy, girándose hacia mí. Sus ojos brillaban con diversión y algo mucho más oscuro.

—Créeme, pienso usar mi lengua en ti muchas más veces si aceptas nuestro pacto.

Me besó de nuevo, y aunque empezó lento, pronto volvió a ser urgente y profundo. Nuestras lenguas se enredaron con hambre renovada. En cuestión de segundos ya estábamos jadeando otra vez, con las manos recorriendo la piel caliente y sudorosa.

Landon se puso encima de mí, cubriéndome con su cuerpo. Sentí su polla, otra vez dura y pesada, rozando mi muslo. Me besó el cuello, mordiendo suavemente mientras se frotaba contra mí.

—Landon… —gemí, abriendo las piernas para él—. Fóllame. Ya.

Él gruñó contra mi piel, colocándose entre mis piernas. Sentí la cabeza gruesa de su polla rozando mi entrada, deslizándose por mis pliegues mojados. Me arqueé, desesperada por sentirlo dentro.

Pero de repente se detuvo.

Apoyó la frente contra la mía, respirando con dificultad. Su polla seguía descansando justo en mi entrada, empujando ligeramente, provocándome.

—Soy un imbécil —murmuró con voz ronca.

—¿Por qué? —pregunté confundida, moviendo las caderas para intentar que entrara.

Landon soltó una risa frustrada y apretó la mandíbula.

—No llevo condones. No pensé que… joder, no esperaba que esto pasara.

Mierda. ¿Desde cuándo follaba con tíos sin pensar en protegerme?

Tomaba la píldora desde hacía años, era lo más práctico cuando tienes una relación seria, pero no podía follar a pelo con un tío del que apenas sabía nada, por muy bueno que estuviera y por mucho que mi cuerpo lo estuviera pidiendo a gritos.

—¿Y ahora qué? —pregunté frustrada.

Landon soltó una risa baja y ronca, claramente tan frustrado como yo. Presionó la cabeza gruesa de su polla justo contra mi entrada, empujando solo un poco. Sentí cómo mi cuerpo se abría ligeramente para él y gemí, desesperada.

—Ahora… vamos a volver a casa —dijo con voz grave, rozando la punta de su polla contra mi clítoris—. Porque si seguimos jugando sin condón, ninguno de los dos va a acordarse de parar. Y me niego a que nuestra primera vez empiece haciendo las cosas mal.

Me besó con fuerza una última vez, mordiéndome el labio inferior antes de apartarse.