Un otoño para ser feliz Capítulo 47. Michelle
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Capítulo 47. Michelle

MICHELLE

Mi nueva festividad favorita en Copper Run es Nochevieja.

Las estrellas de papel maché cuelgan sobre las tenues luces de las velas en la plaza.

Los banderines blancos, dorados y negros giran y envuelven las farolas.

Se ha montado una pequeña pista de patinaje sobre hielo en una esquina del parque, solo lo bastante grande para albergar a tres personas a la vez.

Ha nevado hace unas horas, por lo que el hielo se aferra al suelo, de ahí que cada paso que demos sea un poco resbaladizo.

Cliff y yo corremos hacia el pequeño puesto con el cartel de la pastelería Burke’s colgado en lo alto. La cola no es lo bastante larga como para que Cliff necesite ayuda, pero no querría estar en ningún otro sitio.

Abro la caja registradora y saco un par de centavos para George, entre cuyos dedos alberga un codiciado profiterol de chocolate. Extiendo la mano para posarle el cambio en la palma, pero niega con la cabeza.

—Quédatelo.

Lo vuelvo a meter en la caja registradora, que cierro con un clic, antes de centrarme en Cliff, quien ya me está devolviendo la mirada.

—¿Qué? —pregunto con una carcajada.

—Te queda bien mi camisa de franela —comenta, y una de las comisuras de la boca se le curva en una media sonrisa.

Tiro de la manga ancha de su abrigo. Mi equipaje está en Seattle, donde es obvio que no estoy.

Llamé a Topsy’s y le dije que debía declinar la oferta de empleo. Luego, le envié mi carta de renuncia a mi antiguo supervisor mientras, orgullosa, cambiaba la placa en la recepción de Bird los olores remanentes tras haber horneado dulces toda la tarde para venderlos en el puesto. Y, debajo, esa fragancia cítrica, exclusiva de Cliff.

Cuatro…

Me desliza las manos por la cadera, por la columna vertebral, por los hombros. Me toca, nunca deja de tocarme. Pero me encanta que lo haga.

Tres…

Me acuna la mejilla y me gira la cabeza para que lo mire.

Dos…

Estudio sus ojos, esos azules que vi desde el otro lado de la capilla. Un hombre al que conocí antes incluso de que nos presentáramos. Un hombre que me quiere igual que yo a él. Justo por quiénes somos. Con nuestros defectos.

Uno…

Los fuegos artificiales estallan en el cielo, crepitando y explotando cuando la boca de Cliff se encuentra con la mía.

Es oficial: estamos en 1998, un nuevo año, y planeo pasar cada día de él siendo tan feliz como me sea posible en brazos de una persona que me quiere. Creo que nos lo merecemos los dos.