Un otoño para ser feliz Capítulo 29. Cliff #2
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Capítulo 29. Cliff #2

—Trato hecho, tío. —Me da una palmadita en la espalda—. Pero no te voy a dejar solo.

—Me parece bien.

Emergemos al otro lado del parque y cruzamos la carretera.

Me siento perdido. Y tengo frío. Una solitaria gota de lluvia me aterriza en la frente.

Suspiro y me deslizo hasta el toldo más cercano en busca de refugio.

Oteo a través del escaparate y suspiro una vez más.

Estamos ante el videoclub y Emily está dentro de nuevo, apoyada en el mostrador frente a Josh.

Al oír la campanilla, mi hija se gira. Abre los ojos, aterrorizada, y la boca para justificarse.

Pongo una mano en alto.

—No, estoy demasiado cansado para enfadarme. Ayúdame a encontrar una buena película.

Josh y ella intercambian una mirada atónitos.

De reojo, advierto que Lars les enseña los pulgares para tranquilizarlos.

Sé la pinta que tengo. Se me ha mojado el pelo por la llovizna del exterior.

Tengo las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta y no dormí demasiado anoche, debo de parecer un muerto viviente que acaba de salir de la tumba.

Emily se aleja del mostrador y recorre el pasillo, superando a Lars.

—Papá, ¿estás bien? —Por primera vez desde Halloween, mi hija no parece querer echarme de la sala en la que se encuentra.

—Sí —le aseguro con una suave sonrisa.

No es convincente porque frunce el ceño.

—¿Qué pasa?

—Está de bajón —interviene Lars.

—Acabas de perder uno de los doce dónuts.

—Ah, venga ya.

Me giro hacia Emily.

—Estoy buscando alguna película para cuando no estéis.

—Aj —gruñe.

Suelto una carcajada, agotado, y le froto la espalda.

—A mí también me duele, peque.

Giro por un pasillo distinto, paseando los dedos por las carcasas. Me quedo paralizado ante La chica de rosa . El corazón me da un vuelco. Es la película que a Allen no le gustaba que viera Michelle.

«Menudo idiota». La cojo. Emily chasquea la lengua a mis espaldas.

—Qué bien que estés aquí. Brittany y yo lo hemos estado hablando y…, antes de que nos vayamos, nos gustaría tener una noche de chicas con la tía Carol.

—Parece divertido —comenta Lars. Se está esforzando al máximo para compensar mi pesimismo.

—Me parece bien —confirmo—. ¿Cuándo me has pedido permiso para hacer algo así?

—Bueno, queremos invitar también a Michelle y a Sara.

Me quedo paralizado. Incluso su nombre me roba el aire. No debería ser así. Es Michelle, mi amiga, mi vecina. Michelle.

La expresión de Lars se convierte en una mueca cómica.

—Eh…

Dejo escapar un suspiro.

—¿Cuáles son las mejores películas del momento?

—Espera ¿qué pasa con la fiesta de pijamas?

—¡Prueba con Braveheart ! —grita Josh desde el mostrador, formando un altavoz con las manos.

—Eh. —Hago un mohín y musito—: Es lo primero positivo que sale de su boca.

El bollo de higo ha subido de nivel. Quizá a un brazo de gitano. Más esponjoso.

Mi hija me contempla y se coloca los mechones rubios de pelo tras las orejas.

—¿De verdad vuelves a estar en el mercado? —me interroga—. En plan, ¿de verdad de la buena?

El día no deja de empeorar. No quería cruzar el puente de las citas de esta manera. Pretendía presentarle a la mujer correcta en el momento adecuado, sin ser el padre que va por ahí teniendo citas.

—Voy a… Sí. —Lars se arrastra hasta el siguiente pasillo, dejándome a solas con la expresión preocupada de Emily.

—A ti también te han ido con el cuento, ¿eh? —bromeo.

—Bueno, saliste con Sara anoche y ahora todos me preguntan si mi padre está soltero, lo que no podría darme más vergüenza. —Entonces, se encoge de hombros, cohibida—. Sin embargo, para ti también está siendo horrible, ¿no?

Curvo las comisuras de la boca.

—No está siendo divertido —admito. Cojo una cinta y grito—: ¿Qué opinas de Twister , Josh?

—Fantástica, Cliff.

Emily gruñe.

—¿Desde cuándo sois tan amigos?

Me echo a reír.

—Josh y yo somos uña y carne. ¿No te has enterado?

—Entonces ¿es verdad? ¿Vuelves a estar en el mercado?

—No.

—Vale, pero ¿no te gustaría volver a intentarlo, papá?

—¿Por qué todo el mundo considera que debería hacerlo? —me quejo entre dientes—. Josh, ¿Independence Day?

—Sí, tío, la mejor peli del año pasado sin duda.

—Entonces, esta es la elegida —susurro, colocándola sobre la pila de cintas.

Trato de volver al mostrador, pero Emily me bloquea el paso.

—Em…

—Tienes un problema, papá.

Arqueo las cejas.

—¿Lo tengo?

—Sí, eres un padre divorciado y el propietario de una pastelería. Es lo tuyo.

Una carcajada brota de mi interior.

—¿Cuál es el problema?

—Creo que te gusta la reputación de tipo divorciado. Te escondes detrás de ella para no tener que pensar en la posibilidad de tener una cita de nuevo y enamorarte.

Pestañeo.

—¿Qué diablos os enseñan en la escuela hoy en día?

Se encoge de hombros.

—No me gusta que estés de bajón.

—No lo estoy. Espera, ¿te ha dicho Carol que digas eso? ¿O ha sido Lars?

—No me importaría que salieras con Michelle.

El estómago me da un vuelco. Sé que ha pasado tiempo, pero siempre había asumido que Emily se sentiría traicionada si llevara a otra mujer a casa que no fuera Tracy.

Brittany es demasiado joven para recordarnos a su madre y a mí como un equipo, pero Emily tiene dieciséis años.

No me fastidies, ahora mismo lo más probable es que sepa más sobre ligar que yo.

Alzo la barbilla.

—¿No se supone que estás enfadada conmigo?

—Sí —admite Emily—. Debo mantenerme de mal humor al menos unos días más.

—Tiene todo el sentido del mundo —contesto con una media sonrisa. Suspiro—. Y sí, Sara y Michelle pueden apuntarse a vuestra noche de chicas, siempre y cuando nunca volvamos a hablar sobre citas de nuevo.

Con una sonrisa, Emily estira la mano.

—Trato hecho.

Se la estrecho.

—Un placer hacer negocios contigo.

Con un «ajá» de satisfacción, Emily se aleja de mí y me deja a solas en la sección de dramas para que asimile la noticia de que una mujer con la que no puedo estar va a venir a dormir a casa. Qué irónico.