Un otoño en Ceapaire CAPÍTULO 30
98%

CAPÍTULO 30

Blaise

Blaise se acerca a Noah sin hacer ruido y rodea su cintura con los brazos desde atrás, dobla un poco las rodillas y apoya la barbilla en el hombro de su novio.

Le está cogiendo el gusto a eso de quedarse ahí mientras su novio cocina.

Desde el salón llegan las voces de los amigos de Noah, pero también de los de Blaise, a los que el escritor ha invitado para pasar la última noche del año juntos.

Han cenado tanto y tan bien que Blaise podría creer que la comida la ha preparado un chef profesional y no un aficionado.

—Tiene una pinta increíble —le susurra junto al oído mientras lo ve cortar la tarta de zanahoria y repartir las porciones en los platos que hay dispuestos sobre la isla—. La tarta también.

Sonríe cuando Noah no esconde su risa y le lanza una mirada de reojo antes de dejarle un beso en la punta de la nariz.

—No me calientes, Blay.

—Pienso comerte. —Empuja las caderas un poco y se ríe cuando Noah le da un manotazo, pero saca un poco más el culo.

—No en las próximas horas, así que mantente alejado de mí hasta entonces.

—Me pides demasiado, chiqui. No puedo estar en la misma habitación que tú sin querer saltarte encima.

Noah se ríe mientras sirve el último pedazo de tarta y se gira entre sus brazos. Echa la cabeza hacia atrás y cierra los ojos cuando su novio entierra los dedos en su pelo y peina sus mechones. Se le escapa un ronroneo cuando las yemas de los dedos del escritor masajean su cuero cabelludo.

—Cuando tus amigos se vayan y los míos se metan en la cama, seré todo tuyo —le susurra Noah contra su boca antes de darle varios pequeños besos.

—Si me lo dices así, voy a salir y echarlos con una patada en el culo.

Noah se ríe, y todo parece mucho más bonito cuando lo hace. A Blaise se le escapa una carcajada cuando Taylor y Stella comienzan a cantar Last Christmas como si fuera la última vez que van a escucharla.

—Creo que para el año que viene deberíamos comprar un karaoke —propone Noah.

Blaise sonríe, y su corazón late más fuerte cuando se da cuenta de lo que implica esa simple frase.

—¿En serio quieres darles alas?

Noah se encoge de hombros y señala la puerta con la cabeza, sin dejar de toquetearle el pelo.

—¿Por qué no? Están contentas y no hacen mal a nadie. Me gusta ver feliz a la gente que me importa.

—Ese es uno de los motivos por los que me enamoré de ti.

—¿Porque quiero comprar un karaoke para que Taylor y Stella sigan destrozando villancicos? —Noah se pone de puntillas y roza su nariz con la de Blaise.

—No, porque lo harías solo para que esas dos personas sean felices. Da igual lo difícil que te lo ponga la vida; tú siempre has salido adelante con una sonrisa y viendo la parte buena de la gente, mientras que yo dejé que mis miedos y mis fantasmas me guiaran.

Noah deja de peinar su pelo y lo mira muy serio, asimilando las palabras que Blaise acaba de pronunciar.

—Pero al final pudiste con ellos.

—No podía permitir que no afrontarlos me hicieran perderte.

—Estoy muy orgulloso de ti —susurra Noah contra sus labios antes de besarlo.

Eliana asoma la cabeza por la puerta y carraspea para llamar su atención.

—Siento molestar, pero faltan quince minutos, chicos —les anuncia la amiga de Noah, entrando por completo en la cocina para coger algunos platos.

Siguen a Eliana de vuelta al salón, donde se encuentran al resto del grupo con gafas brillantes felicitando el nuevo año, gorros de cartón con purpurina y pompones.

Blaise observa cómo Noah se detiene cuando los ve e intenta adivinar de dónde ha salido todo eso que él no ha comprado, pero solo tiene que ver la mirada que le lanza Stella a Blaise para saber quiénes son los responsables.

—Voy a por el alcohol —anuncia Stella, corriendo hacia la cocina y cogiendo a Tommy de la mano—. Ayúdame con las copas.

Se comen la tarta con un poco de prisa porque Delilah no deja de recordar cuántos minutos faltan para la medianoche.

En cuanto se ponen en pie, animados por la emoción de Stella, Blaise se coloca al lado de Noah, de modo que sus brazos se rozan cada vez que se mueven.

No puede dejar de sonreír, sobre todo cuando ve a Noah mirándolo de reojo.

Encienden la gran televisión que Noah ha instalado sobre la chimenea cuando faltan cinco minutos para ver el espectáculo de Times Square.

El ruido que llega desde la pantalla es ensordecedor, y Noah aprovecha para apoyarse un poco en el cuerpo de Blaise, que no tarda nada en pasar un brazo por su cintura para atraerlo hacia su costado.

Todos gritan al ver la cuenta atrás aparecer en una de las grandes pantallas que hay en Times Square.

Entrelaza los dedos con los de Noah cuando corean los últimos números antes de que todo estalle en una algarabía de gritos, fuegos artificiales y música, que Blaise no tiene muy claro si proceden de la televisión, del interior de la casa o de las calles de Ceapaire.

—Feliz Año Nuevo, chiqui —le susurra al oído a Noah antes de colocar una mano en su cuello y besarlo como si fuese la última cosa que va a hacer en su vida.

Noah se aferra a la cintura de su novio y se presiona contra su cuerpo. No parece importarle mucho que no estén solos en la habitación. Cuando se separan y observa a su alrededor, se da cuenta de que nadie les estaba prestando atención, demasiado ocupados besándose entre ellos.

Noah sonríe cuando le ve lamerse los labios sin apartar la mirada de los de su novio, que los tiene hinchados y rojos después de ese abrasador beso.

Tommy descorcha la botella de champán, y todos levantan sus copas para que se las llene para brindar por el Año Nuevo y los sueños que se están por cumplir.

—Porque la segunda novela de Noah sea incluso más exitosa que la primera, porque los que no la habéis leído no sabéis lo fuerte que se viene. —Stella levanta la copa, señalando a Noah con ella.

Es el primero en hacer chocar su bebida con la de Stella mientras se coloca a la espalda de Noah y cruza su pecho con el brazo, pegándolo a su pecho.

—Mi chico lo va a petar el próximo año —le susurra junto al oído.

Durante la cena, Noah les ha contado que a Lucy le ha encantado la novela y los cambios que hizo tras los comentarios que recibió de sus lectores beta.

Después de las fiestas desvelarán la portada, que Blaise puede confirmar que ha quedado maravillosa.

También anunciarán la fecha de publicación.

Faltan meses aún, pero sabe que el agente de Noah ya está moviéndose para cerrar firmas de libros y entrevistas para comenzar a promocionar el próximo lanzamiento.

Blaise está emocionado ante la posibilidad de poder acompañarlo a alguna de ellas.

Aunque sabe que esa no es la parte favorita de Noah, también le ha visto emocionarse ante cada noticia, adelanto u opción. Sobre todo porque sabe lo mucho que a su novio le gusta interactuar cara a cara con sus lectores.

Noah cree que no se ha dado cuenta, pero Blaise lo conoce y sabe cuándo está pensando en la historia que tiene entre manos. Lo ha visto así en muchas ocasiones mientras escribía su #ProyectoEuropa, así que intuye que esa cabecita que tanto le gusta ya está planeando su siguiente novela.

Blaise está deseando que se ponga a ello, porque sabe que le va a gustar tanto como le ha impresionado el borrador que Noah le dejó leer. No puede esperar para tener la edición definitiva entre sus manos y devorarlo en apenas unas horas.

—¿Quién va mañana a por Jason? —pregunta Eliana antes de rellenarse la copa por segunda vez.

—¿Ese es el bailarín? —pregunta Zack, interesado en la respuesta.

—El mismo —responde Eliana, que intercambia una mirada con Stella y Noah.

—Estoy deseando conocerlo… —Zack sonríe y se lame los labios.

No conoce a Jason, pero Noah le ha contado que es un hombre enamoradizo, así que no le sorprendería nada que tuviera algo con Zack en los pocos días que esté en Ceapaire.

—Iré yo —se ofrece Noah, retomando la conversación anterior—. Conozco más la zona que vosotros. No quiero que acabéis en Orleans.

—Perfecto. Tommy, descorcha otra, que pienso emborracharme —proclama Stella, empujando a su novio hacia la cocina.

—Te acompañaré, chiqui —asegura, dándole un mordisquito en el lóbulo de la oreja.

—Blay…

Blaise se ríe, ronco y feliz, apretando a Noah con más fuerza contra su pecho. A Blaise le encanta el olor avainillado del gel, mezclado con ese perfume masculino y algo denso que tan cachondo le pone.

—En cuanto estén en sus habitaciones, tú y yo vamos a tener una celebración más privada —le promete a su novio, con ese tono grave y sensual que usa en la intimidad y que sabe que le gusta.

—Cállate y bebe —le ordena Noah, consciente del efecto que tendrán sus palabras.

—Joder, chiqui, cómo me pones…

Noah suelta una carcajada y Stella les lanza una mirada sorprendida, pero sonríe cuando los ve abrazados, intuyendo el tipo de conversación que están teniendo.

Suspira, sabiendo que, si Jason estuviera allí, para Noah sería una de sus mejores noches. Así que, aunque vaya a dormir pocas horas, está dispuesto a sacrificarse por hacer feliz al hombre que ama.

—Te quiero —le susurra para asegurarse de que a Noah no se le olvide.

Noah se gira entre sus brazos, lleva la mano a su nuca y sonríe antes de besarlo.

—Yo también te quiero —susurra contra su boca.

Stella silba como si estuvieran en un bar de striptease cuando Blaise no puede contenerse y baja las manos hasta el culo de Noah y lo alza un poco. Su novio no protesta; solo se ríe y desliza la lengua en su boca mientras le hace una peineta a su mejor amiga.

Joder, ese hombre va a volverle loco, y Blaise no tiene ninguna intención de impedírselo.