CAPÍTULO 28 #2
Hacía mucho que no veía a mi amigo tan feliz, así que más te vale que siga así por mucho tiempo.
Porque, como vuelvas a romperle el corazón, me va a dar igual lo majo que seas.
Te arrancaré las pelotas y jugaré al baloncesto con ellas.
—Stella clava la mirada en los ojos de Blaise—.
Y da igual lo que te haya dicho Noah. Soy capaz de hacerlo.
Stella sonríe y le da un codazo en el costado.
—En realidad no me gustaría hacerlo, así que no la vuelvas a cagar, chaval.
—Soy el más interesado en no hacerlo —responde, sin apartar sus ojos de los de Stella.
Regresan al apartamento bien entrada la noche. Blaise está contento por cómo han ido las cosas, pero sobre todo porque Noah parece feliz porque sus amigos lo han aceptado.
Mientras observa la sonrisa de Noah cuando conduce de vuelta, a Blaise le surge una duda. Suspira y desvía la mirada hasta las luces del centro de Boston.
—¿Qué te pasa? —pregunta Noah, mirándolo de reojo—. Si Stella te ha dicho algo…
—No, no. Stella ha estado genial. Yo haría lo mismo por Layla. —Se pasa la mano por la cara y suelta el aire despacio—. ¿Estás seguro de que quieres mudarte a Ceapaire? Pareces muy feliz estando con ellos.
—También cuando estoy contigo. —Noah coge su mano al detenerse en un semáforo—. Ellos son parte de mi familia y lo seguirán siendo, aunque me mude a la otra punta del mundo.
—Pero ahora los tienes a unos minutos en coche.
—Ceapaire solo está a algo más de una hora. No es como si me largara a Europa. Podemos venir a pasar el fin de semana o pueden ir ellos. Jason se mudó a Nueva York.
Noah detiene el coche en su plaza de aparcamiento y se gira para enfrentarse a Blaise.
—Ha sido una suerte que hayamos vivido en la misma ciudad durante tantos años, y ojalá fuera siempre así. Pero, si nuestra felicidad está a una hora de distancia, a dos o a veinte, no vamos a privarnos de ella por seguir aquí.
—Parece que lo tienes muy claro.
Noah hace una mueca, como si estuviera intentando recordar algo.
—Hará unos seis años, Eli estuvo saliendo con un chico al que le ofrecieron un puesto de directivo en una empresa con sede en Los Ángeles.
Por aquel entonces, ella estaba intentando cambiar de bufete porque no le gustaban los casos que aceptaba el suyo, así que se postuló para uno en California y se fue con él. —Noah se encoge de hombros y sonríe.
»Sé lo que hago, Blay. Me encanta que te preocupe que me precipite, pero quiero que esto funcione. —Noah alarga la mano y Blaise se la coge sin dudarlo—. Por no hablar de que se ha demostrado que Ceapaire me ayuda a escribir. Será el ambiente, la gente…
—Te quiero —se le escapa, pero no se arrepiente lo más mínimo.
A Noah se le tiñen las mejillas de rosa, y Blaise solo quiere besárselas hasta desgastárselas.
—No tienes…
Noah se inclina, pone la mano en su nuca y tira de él hasta que sus frentes se juntan. Adora cuando su novio hace eso; le parece algo tan íntimo que le deja el corazón blando y una sensación de calma.
—Yo también te quiero.
Cuando sus bocas se unen, Blaise sigue sonriendo como un verdadero idiota enamorado.
***
En cuanto ve el cartel que anuncia la salida hacia Ceapaire, Blaise se gira para mirar a Noah, que tiene la mirada fija en la carretera. Aunque, a esas horas de una tarde de domingo, no hay mucho tráfico.
—Estaba pensando que tal vez podrías dejarme en mi apartamento —propone cuando Noah toma el desvío.
—Por mí, perfecto, pero has dejado tu coche en mi casa.
—Puedo pasarme a recogerlo por la noche e ir mañana a trabajar en moto.
Noah carraspea y luego se lame los labios. Blaise sonríe cuando percibe cómo el rubor comienza a extenderse por el rostro de su novio.
—Tengo que reconocer que me pareces muy sexi cuando vas en moto.
—He montado cosas mejores estos últimos días.
Se muerde el labio inferior para contener la sonrisa al ver cómo el sonrojo se intensifica, al tiempo que la respiración de su novio se vuelve más pesada.
Le indica a Noah qué camino tomar para llegar a su apartamento desde la carretera, y espera hasta que el coche se detiene frente a su casa para hacer la propuesta que lleva rondándole por la cabeza desde que salieron de Boston.
—También puedes quedarte a dormir y llevarme mañana a recoger mi coche a tu casa.
Enrolla los labios, un poco nervioso porque hace años que nadie que no sea de su familia entra en su apartamento. Noah se gira para mirarlo con los ojos muy abiertos.
—¿Estás seguro?
—Si no lo estuviera, no te lo pediría.
—¿Y tu abuela? —Noah mira hacia la casa, como si esperase que Nana se asomase a una ventana para espiarlos.
—¿Piensas que se cree que tú y yo jugamos al backgammon cuando me quedo a dormir en tu casa?
Le parece tan adorable cuando Noah se sonroja y lo mira con esa carita de niño inocente, que tiene que contenerse para no comérselo a besos.
—No es lo mismo que verme por la mañana salir de tu apartamento.
—Desayunaremos con ella.
—¿Qué? —A Noah le sale un gallo y Blaise tiene que reprimirse para no reírse.
—Es su rutina: se levanta, prepara el desayuno para los dos, yo me voy a trabajar, y ella espera a que Roge la recoja para llevarla a la tienda. No puedes rompérsela, y no vas a irte como si fueras un ladrón. Eres mi novio, chiqui.
Noah vuelve a desviar la mirada hacia la casa, toma aire y lo suelta despacio antes de girarse hacia Blaise.
—Quiero quedarme.
Esta vez no esconde la sonrisa y se inclina para coger el rostro de su novio y besarle los labios, lamiéndoselos antes de presionarlos con la lengua y adentrarse en su boca para saborearlo.
Espera que no haya ningún vecino mirando por la ventana, porque le están dando un buen espectáculo. Pero no puede evitarlo. Noah consigue que se olvide de todo y solo le importe eso que hay entre ellos y que va mucho más allá del deseo sexual. Aunque eso también le encanta.
Noah se ríe contra su boca y le da un pequeño empujoncito para apartarlo. Se bajan del coche sin poder esconder las sonrisas. Cogen el equipaje del maletero y suben las escaleras que conducen al apartamento de Blaise cogidos de la mano.
—No es muy grande, como puedes ver, pero en realidad solo lo uso para dormir —explica cuando dejan las maletas junto a la puerta y se adentran en su hogar—.
Esto es el salón; ahí detrás hay una pequeña cocina.
En la nevera tengo unas cervezas, algunas botellas de agua y algún yogur.
No esperes mucho más, porque siempre que como en casa lo hago con mi abuela, así que no lo uso demasiado.
Y por allí se accede al dormitorio, que tiene baño privado.
Contiene la respiración cuando Noah lo abraza por la espalda y apoya la mejilla en su hombro. Cierra los ojos y se deja envolver por ese precioso hombre.
—¿Qué tal si dejamos el tour por el apartamento para otro momento y seguimos esa conversación sobre montar cosas? —susurra Noah, poniéndose de puntillas para rozarle el lóbulo de la oreja con los labios.
Se gira entre los brazos de su novio y sonríe, enmarcando su rostro con las manos para besarlo mientras la sombra de barba de Noah raspa sus pulgares. El beso se vuelve más apasionado en cuestión de segundos mientras se deshacen de los abrigos y del resto de su ropa, de camino al dormitorio.
Cuando Noah se deja caer sobre su cama y se acoda para observar cómo Blaise termina de desnudarse, es consciente de lo bien que encaja su novio en su casa y en su vida.
Como si ese hubiera sido su lugar desde el principio, y ese descubrimiento le hace sonreír mientras sube al colchón y cubre el cuerpo de su amante con el suyo, dispuesto a demostrarle lo bien que se le da montar.