CAPÍTULO 27 #3
Se anota mentalmente que esa es una de sus zonas erógenas antes de incorporarse y volver a besar su boca.
Se estremece cuando siente los cálidos dedos de Blaise colarse bajo la parte de arriba de su pijama, y gime cuando rompen el beso y juntan sus frentes.
—Me alegro de que no sea de esos con botones. Los usa mi padre y me cortaría el rollo.
A Noah se le escapa una carcajada y Blaise se la besa, metiendo la lengua como si fuera un huracán mientras tira de su pelo para profundizar el beso.
—Me encanta hacerte reír, pero que lo hagas ahora me la está poniendo durísima —masculla su novio contra su boca.
Y, para demostrarle que lo dice en serio, Blaise junta sus caderas, y a Noah se le atasca el aliento en la garganta al notar la rigidez clavándose en la parte baja de su estómago.
Levanta los brazos cuando Blaise comienza a tirar del jersey, y deja que lo observe y trace dibujos abstractos en su piel, primero con los dedos y después con la lengua. Echa la cabeza hacia atrás y cierra los ojos, disfrutando del modo en el que su cuerpo reacciona ante las atenciones de su amante.
Se besan, se acarician y se muerden las ganas mientras caminan hacia el dentro del dormitorio.
Noah se mueve hasta que queda de espaldas a la cama y avanza hacia atrás.
Siente los labios en carne viva cuando se detiene y da un paso atrás para poner algo de distancia entre ellos.
Blaise tiene las pupilas dilatadas, haciendo que parezcan grises, como el mar en un día tormentoso.
Cuando se asegura de tener toda la atención de Blaise, se baja los pantalones y la ropa interior. Disfruta del gemido que se le escapa a su amante, y observa cómo su pecho sube y baja más rápido mientras se lame los labios sin apartar la mirada de su erección.
—Joder, lo que voy a disfrutar comiéndome eso —masculla Blaise, y Noah se vuelve a reír.
Blaise levanta las cejas y sonríe de medio lado, pero, antes de que pueda acercarse, Noah se sienta en la cama, metiendo los dedos bajo el elástico de las prendas que aún lleva puestas su novio y se las baja hasta las rodillas.
Se le escapa el aire cuando el pene de su amante se balancea frente a su rostro.
Ni siquiera lo piensa cuando saca la lengua y le da un rápido lametón, que hace que Blaise ronronee como un gato al sol. No tarda en sentir una mano en su nuca, que no presiona, pero que lo anima a seguir.
Busca una postura más cómoda y levanta la cabeza para observar a Blaise. Lo que ve le parece una de las cosas más sexis que ha visto en su vida, porque su novio tiene el rostro sonrojado, la mirada oscurecida y los labios rojos e hinchados.
—Ven aquí —ordena, señalando el suelo que hay entre sus piernas abiertas.
Por supuesto, su amante va y lo observa con la boca abierta y la lengua asomando entre sus labios, como si quisiera indicarle lo que quiere que haga. Noah no le hace esperar, y lame desde la punta a la base y regresa de nuevo al glande antes de metérsela entera en la boca.
—Hay que joderse… Sabía yo que esa boca me iba a volver loco.
Levanta la mirada y sonríe, lamiéndose los labios cuando lo deja salir con un sonido de succión que resuena en la habitación.
—Ojalá vieras lo bien que te queda mi polla en la boca. —La voz de Blaise suena un poco ahogada, ronca y áspera.
Lo que Noah no espera es que Blaise dé un paso atrás y niegue con la cabeza antes de darle un empujón en el hombro mientras señala el centro de la cama.
—Por mucho que me esté encantando esto y, créeme, me está proporcionando material masturbatorio para un par de vidas… Esta noche el que va a darse el gusto soy yo. Llevo queriendo comerte la polla desde el primer día.
Noah hace caso a la petición de Blaise y se coloca en el centro de la cama. Observa cómo Blaise se sube al colchón y se coloca entre sus piernas, un poco separadas.
—Yo llevo esperando que lo hagas desde que llegué a Ceapaire —confiesa, con un hilo de voz.
Su novio se detiene en mitad de un movimiento y lo mira con gesto de confusión antes de reaccionar y seguir avanzando hasta que sus rostros quedan a pocos centímetros.
—Ya hablaremos de eso después. Ahora, deja que yo me dé un atracón.
Cierra los ojos unos instantes, y disfruta de los besos y lametones que Blaise deja sobre su torso.
Contiene la respiración cuando su novio se detiene sobre la parte baja de su estómago.
Sus miradas se cruzan y Blaise sonríe antes de separarle las piernas y acomodarse entre sus muslos.
El primer lametón le hace gruñir y meter los dedos en los alborotados cabellos castaños, que han perdido todo el tinte blanco con el que lo conoció.
Todo se vuelve demasiado intenso cuando Blaise se entierra entre sus muslos. Se aferra a las sábanas para contener las ganas de empujar y hundirse un poco más en su boca, pero, al igual que su novio ha hecho antes, deja que pruebe y descubra por sí mismo qué le gusta… Al menos, de momento.
Levanta las caderas cuando siente la presión de un dedo en su entrada. Blaise parece sorprendido y levanta la mirada para clavarla en la suya. Para dejarle claro lo que quiere, Noah abre el cajón de su mesita y saca un tubo de lubricante, que le lanza a la altura de su mano.
—¿Estás seguro?
—Úsalo y continúa —le pide con la voz tan ronca que apenas la reconoce.
—Joder, cómo me pone que me des órdenes, chiqui…
Se le escapa otra carcajada, pero esta suena un poco extraña porque tiene la respiración acelerada y el deseo no le deja pensar.
—Hazlo.
—Como mandes…
Blaise se echa una generosa cantidad de lubricante en los dedos y lo calienta antes de acercarlos al agujero de Noah, que alza más las caderas y gime cuando siente el tacto viscoso.
Contiene la respiración cuando nota la presión y el escozor, que dan paso al placer.
Gruñe cuando Blaise vuelve a engullirlo sin dejar de mover el índice en su interior.
Se muerde el labio inferior para ahogar los gemidos mientras un segundo dedo se adentra en su trasero y su cerebro parece perder la capacidad de hilvanar frases completas.
—Añade otro —le manda.
Se le hace extraño no escuchar la voz de Blaise durante tanto tiempo, porque sabe mejor que nadie lo mucho que le gusta decirle guarradas, hasta que abre los ojos y lo ve totalmente entregado en su misión de volverle loco.
—Joder, podría correrme solo follándote con mis dedos —masculla Blaise, más para sí mismo que para que Noah lo escuche.
—De eso nada… Al menos, de momento. Ven aquí. —Esta vez sí tira un poco de sus cabellos para obligarlo a ponerse a su altura.
El aspecto que le ofrece Blaise es la viva imagen del deseo, y Noah quiere comérselo.
—Hay condones en el cajón —gruñe, señalando la mesita que tiene a su izquierda—. Tampoco es que los haya usado desde que llegué a Ceapaire.
—Joder, qué desperdicio —bromea Blaise, haciéndole reír—. Esa polla debería ser declarada patrimonio de la humanidad.
—Entonces cualquiera podría verla y disfrutarla.
—Ni de coña, chiqui. No me van las relaciones abiertas.
—Genial, a mí tampoco. Y, ahora, deja de hablar, ponte el preservativo y usa el lubricante —le ordena—. No lo quiero suave y despacio, Blay.
Blaise le dedica su sonrisa más lobuna, al tiempo que extiende el lubricante por su erección.
—Entonces tendré que follarte duro y rápido.
Respira hondo y se obliga a relajarse mientras Blaise comienza a deslizarse en su interior.
—Joder, la cantidad de veces que me he masturbado pensando en este momento… Y ninguna de ellas se parecía a lo increíble que es esto —murmura Blaise con los ojos cerrados cuando se introduce por completo.
Permanecen inmóviles durante algunos segundos, acostumbrándose a todas esas sensaciones. Sonríe cuando la incomodidad desaparece, y Blaise asiente antes de comenzar a retirarse despacio, para volver a entrar un poco más rápido cada vez.
Busca los labios de Blaise para besarlos, pero acaba mordiéndoselos y borrándole las marcas a lametones cuando su amante varía el ángulo y roza ese punto tan sensible.
—Más profundo… —Se escucha murmurar, aunque no tiene muy claro que sea una orden, porque suena más como una súplica.
Blaise suelta algo parecido a una risita antes de arrodillarse entre sus piernas, coger las piernas de Noah y colocárselas alrededor de la cintura, y hundirse en él de una única embestida.
Observa cómo el rostro de Blaise se cubre de sudor; el pelo húmedo, pegado a su frente; el pecho brillante mientras sus músculos se tensan cada vez que entra y sale de su cuerpo.
Noah cierra los ojos y se centra en las sensaciones, en los sonidos y en el calor que los envuelve como si fuera una manta.
Y en todo ese tiempo Blaise no deja de murmurar cuánto le gusta, lo sexi que es Noah, lo mucho que le pone y las ganas que tiene de seguir follando hasta que no recuerde ni su nombre.
Jamás pensó que le excitaría tanto que le hablaran sucio durante las relaciones sexuales, pero la realidad es que le está volviendo loco.
—Casi estoy, chiqui.
Niega con la cabeza. Está cerca, pero aún necesita un poco más.
—Aún no. Espera. —Su voz suena más grave, pero más segura que la última vez que habló.
Comienza a masturbarse, clavando la mirada en la de Blaise, que suelta una maldición y embiste más profundo y fuerte.
—No tienes ni idea de lo mucho que voy a pensar en este momento cuando me masturbe, chiqui.
Jadea y clava los talones en el colchón, levantando un poco más las caderas y aumentando el ritmo de las caricias hasta que nota cómo el orgasmo comienza a formarse en lo más profundo de sus entrañas.
—Chiqui, necesito que… —Blaise no llega a acabar la frase, porque se le rompe la voz con un gruñido casi animal, con una acometida rápida y profunda.
Todo su cuerpo se tensa, preparándose para el inminente orgasmo. Toma aire en un par de bocanadas casi agónicas.
—Córrete ya —ordena mientras su propio cuerpo comienza a estremecerse con oleadas de placer que le hacen ver blanco tras los párpados.