CAPÍTULO 27 #2
—Me lo recomendó Lucy cuando estuve en Nueva York. —Levanta el libro para que Blaise pueda verlo por encima de su hombro—. Es de otro de sus autores. Es su primera novela, pero está recibiendo buenas críticas.
—Si te gusta, me lo podrías dejar.
—Claro.
Clava los dedos en el muslo de Blaise, después de darle una palmadita, para dar más énfasis a su afirmación, y sonríe cuando lo escucha suspirar.
Ha leído tres capítulos cuando el teléfono suena en su bolsillo. Se revuelve para sacarlo y sonríe al ver el nombre de Stella. Acepta la videollamada y se asusta cuando el rostro lloroso de su amiga llena la pantalla.
—Stella, ¿qué pasa? —pregunta, sentándose en el sofá, dispuesto a salir corriendo hacia el coche.
—Te odio.
—¿Por qué?
—Estoy a mitad del libro y lo estoy pasando fatal —responde Stella, sonándose los mocos en un pañuelo—. ¿Por qué me haces sufrir tanto, Noah? Deja que sean felices de una vez.
—Entonces se acabaría la novela.
—Mis niños se merecen ser felices.
Una vez pasado el susto inicial, Noah recupera la postura, tumbándose sobre el pecho de Blaise.
—¡Eh, tú! —le grita Stella desde la pantalla—. Aleja el teléfono. ¿Con quién estás?
Mira a Blaise por encima del hombro, que asiente y sonríe cuando Noah levanta el brazo de modo que el rostro del profesor también entre en la pantalla.
—Estoy con Blay.
Stella entrecierra los ojos y observa la pantalla como si la estuviera estudiando detenidamente antes de sonreír un poquito. Ha mantenido a sus amigos al día de cómo iba evolucionando su relación con Blaise, así que saben que lo están intentando.
—Así que pasando la tarde con tu chico… Me parece una idea fabulosa. Yo estoy llorando a moco tendido por culpa del mamonazo de mi mejor amigo. —Stella clava entonces la mirada en Blaise—. Tú y yo ya hablaremos, chaval.
—Stella… —la reprende Noah.
—Me parece bien —interviene Blaise—. Me lo merezco.
—Al final, me va a caer bien tu chico y todo —añade Stella, chasqueando la lengua antes de sonreír—. Bueno, os dejo. Voy a seguir llorando un poco.
—Como sigas a este ritmo, te la vas a acabar en tres días, Stella.
—Algunos tenemos que ganarnos el pan trabajando para otros, Noah —le recuerda su mejor amiga—. No puedo pasarme el día leyendo, aunque quiera.
—Te lo decía porque yo he tardado meses en escribirlo.
—Te jodes. Yo no tengo la culpa de estar enganchada. De hecho, amigo, eso es solo cosa tuya. Hala, me voy. No hagáis nada que yo no haga con mi novio…, o sí. —Stella levanta las cejas y sonríe, pícara, antes de cortar la videollamada.
Noah pone los ojos en blanco y deja el móvil sobre la mesa, dispuesto a volver a su libro.
—No le hagas caso. Solo es un poco… protectora conmigo —le advierte a Blaise.
—Lo entiendo. No me molesta que quiera partirme las piernas.
—Su familia prácticamente me adoptó cuando murieron mis padres. Éramos vecinos y se hicieron amigos. Stella y yo casi crecimos juntos.
—Te he dicho que lo comprendo —repite Blaise, aunque su tono es un poco tenso.
—¿Entonces por qué pareces enfadado?
—Estaba leyendo tu manuscrito.
—Sí. Ya sé que la editorial encargará un informe editorial y que Lucy me hará recomendaciones que mejoren la novela, pero lo hice así con la primera novela y me dio buena suerte. —Se encoge de hombros y hace una mueca.
—No pensé que fueras supersticioso, chiqui.
—No lo soy. Pero, además de a Stella y Eli, también se lo paso a dos compañeras de la carrera que trabajan de lectoras editoriales y que me dan siempre buenas ideas.
—En ese momento, se da cuenta de qué es lo que le molesta a Blaise—.
Nunca me has dicho que quisieras leerlo antes de que se publicara.
Blaise se encoge de hombros, en un gesto que intenta parecer despreocupado, pero la tensión de sus músculos dice otra cosa.
—Solo tenías que decirlo, Blay.
Gira el rostro para darle un beso en los labios a Blaise, que parece un poco menos enfadado y lleva sus manos hasta el cuello de Noah y acaricia su sombra de barba con los pulgares antes de profundizar el beso.
—Tengo que ir a Boston a recoger algunas cosas. Ya sabes: ropa y objetos a los que tengo aprecio. Si voy a pasar más tiempo en Ceapaire, los voy a necesitar —anuncia, dejando flotar la frase en el aire.
—¿Lo haces por mí?
—Por nosotros. Ya es complicado empezar una relación; como para vivir a algo más de una hora, cuando yo puedo trabajar desde aquí.
Blaise sonríe y le acaricia los hombros con suavidad.
—Había pensado que, tal vez, podrías venir conmigo, y así te presento a la loca de Stella y a Eli.
—¿Estás seguro? —Blaise parece un poco inseguro.
—Si no lo estuviera, no te lo pediría, Blay. Me apetece que te conozcan. Sé que tienes mucho lío con la tienda y el trabajo, pero podemos salir el sábado antes de comer.
—Mejor te recojo el viernes cuando acabe de trabajar. Ya me las apañaré con mi familia. Quiero hacerlo —asegura Blaise tras unos segundos de silencio—. Me hace mucha ilusión ver dónde vivías y que Stella me dé una paliza.
Le da un manotazo en la pierna y niega con la cabeza mientras se ríe.
—Mira que eres payaso… Genial, se lo diré luego a las chicas para que no hagan planes ese finde. De todos modos, podrás pasar más tiempo con ellos cuando vengan en Navidad.
—Me encanta la idea.
Blaise besa su sien, vuelve a estrechar el agarre en su cintura y recupera el libro. Noah sonríe, deseando que sus mejores amigos y el que se ha convertido en su novio en los últimos días se conozcan.
***
—Mañana, si quieres, podemos encender la chimenea y pasarnos la tarde en la salita o en el salón, pero esta noche me apetece ver una película en la cama y estar tranquilito —dice Noah cuando han terminado de recoger los platos de la cena.
Blaise tira de él y le da un besito en la nariz que hace que Noah sonría como un idiota.
—Me parece una idea estupenda.
Pasa los brazos por encima de los hombros de Blaise y lo atrae para darle un beso en los labios. Se muerde la sonrisa cuando se separan, y empuja a su novio para que salga de la cocina.
—Coge tu mochila —le recuerda antes de empezar a subir las escaleras.
Cuando llegan a la segunda planta, Noah se detiene frente a la puerta del dormitorio que usaba cuando era un crío, y abre la puerta. Blaise se queda observándolo con la boca abierta y gesto de confusión.
—¿Me vas a hacer dormir en la habitación de invitados?
—¿Algún problema con ello?
Blaise cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás hasta que la descansa en la pared en la que se ha apoyado.
—Está bien. Sigo castigado.
Noah enrolla los labios sobre sí mismos para esconder la sonrisa.
—Voy a darme una ducha y luego podemos ver la peli juntos. Ponte cómodo.
La ducha consigue relajarle, aunque, en cuanto se pone el pijama, los nervios y esas mariposas en el estómago que creía haber comenzado a controlar en los últimos días regresan con más fuerza que nunca.
Sale del dormitorio principal para buscar a Blaise y suelta una carcajada cuando se lo encuentra paseando por el pasillo con su pijama rojo, con un reno portando un regalo en la parte delantera del jersey y un montón de copos de nieve blancos estampados en el resto de la tela.
—¿En serio? —pregunta, señalando lo que lleva puesto su novio, aunque lo cierto es que no le sorprende lo más mínimo.
—El año pasado uno de mis alumnos llevó uno igual al colegio la semana antes de las vacaciones. Me encantó. El último día de clase, su madre me regaló este porque el crío había insistido en que tenía que ir igual que él.
—Déjame adivinar: no es el único.
Blaise niega con la cabeza y sonríe.
—Me encantan. También tengo de Halloween, de Acción de Gracias… Pero los de Navidad son los mejores y puedes ponértelos más tiempo. ¿Tú no tienes?
—No.
—Chiqui, chiqui… Voy a tener que ponerle remedio a eso. —Blaise lo mira de arriba abajo, con la ceja levantada, y sonríe de medio lado.
—Esperaba algo del tipo «da igual el pijama que lleves, porque te lo voy a quitar»
—Sigue dándome ideas, chiqui…
Camina de vuelta a su dormitorio y se detiene en la puerta para dejar que Blaise pase primero. Noah lo observa mientras gira sobre sí mismo para apreciar todos los cambios que ha hecho en esos meses.
—Te ha quedado genial. Es muy tú. —Blaise señala los libros que hay en la estantería y la ropa doblada sobre la silla.
—Muy gracioso.
Blaise lo mira por encima del hombro y le guiña el ojo. Luego señala la televisión.
—¿Qué quieres ver?
Noah toca el hombro de Blaise para que se dé la vuelta, pellizca la tela del pijama navideño y tira de su novio hasta acercarlo.
—¿Qué pasa si he cambiado de idea? —susurra, acercándose a los labios de Blaise.
Contiene la respiración cuando su novio le sostiene el rostro entre las manos y acaricia la parte inferior de su mandíbula con los pulgares antes de subirlos hasta la comisura de sus labios.
—Me parece perfecto —murmura Blaise, justo antes de besarlo.
Noah rodea la cintura de Blaise y lo estrecha contra su cuerpo mientras sus bocas se buscan despacio.
La lengua de su novio roza la suya y el vello se le eriza.
Gime cuando los dientes de Blaise arañan con suavidad su labio inferior, y echa la cabeza hacia atrás al sentir cómo el profesor mete los dedos en su cabello y tira de ellos.
Las manos de Noah se mueven, colándose bajo la parte superior del pijama para tocar la cálida piel del estómago de Blaise. Nota cómo se tensa un poco con el primer roce, y Noah se separa para poder mirarlo a los ojos.
Intenta que Blaise vea en su gesto todo lo que le hace sentir y deje a un lado todas esas inseguridades que esconde bajo tanta bravuconería. Solo cuando lo ve asentir, agarra el dobladillo del jersey y tira de él para quitárselo.
Se lame los labios mientras desliza las manos por el torso de su chico, acariciándolo y disfrutando de cómo se le eriza la piel bajo su toque.
Se inclina y lame uno de sus pezones, arrancándole un gemido ronco a Blaise antes de que este entierre los dedos en su pelo y masajee su cuero cabelludo.
Sonríe contra la piel de su amante cuando lo escucha murmurar obscenidades cada vez que mordisquea una de sus tetillas.