Un otoño en Ceapaire CAPÍTULO 27
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CAPÍTULO 27

Noah

Noah se siente un poco perdido ahora que su parte del trabajo está hecho, a la espera de que sus lectores beta le digan qué les parece.

Sabe que la editorial encargará un informe a un lector profesional, pero a Noah le da más seguridad saber lo que otras personas opinan de su manuscrito.

Es un perfeccionista y le gustaría presentarle a su editora una novela lo más pulida posible.

Lo bueno es que Blaise lo mantiene bastante entretenido con sus mensajes subidos de tono.

Intenta mantenerse firme con su idea de no meterlo en su cama con tanta facilidad, pero cada día es más difícil, porque los besos lentos y dulces de los primeros días se han ido convirtiendo en otros más exigentes y calientes.

Ese viernes no es diferente. Cuando Blaise llega a su casa tras cerrar la tienda y llevar a su abuela a casa de Layla, Noah está terminando de preparar la cena.

Deja a Blaise quitándose el abrigo y las botas, y regresa a la cocina, así que se sorprende cuando siente los brazos del profesor rodeándole desde atrás.

Revuelve la sopa y deja la cuchara sobre la encimera antes de cerrar los ojos y concentrarse en la humedad que la lengua de Blaise está dejando sobre su cuello.

—A menos que quieras que se queme la cena, mantendría las manos alejadas de mí.

—Chiqui, me encantas, pero eres un aguafiestas —le susurra Blaise junto al oído antes de alejarse y sentarse en la isla de un salto.

—No te va a pasar nada por aguantarte un poco las ganas.

—Para empezar, tengo las pelotas…

—¡Blay! —lo corta Noah, poniendo los ojos en blanco, pero echándose a reír.

—Deberías saberlo; tú mejor que nadie sabes cómo me pones. Y sé que no soy el único.

Se gira hasta que queda frente a Blaise. Suspira y se acerca hasta colocarse entre las piernas abiertas del profesor.

—Llámame romántico o tonto, pero la primera vez que lo hagamos quiero que sea especial. No me apetece que después te tengas que ir porque estás preocupado por tu abuela o porque tienes que madrugar.

Blaise lo observa con una sonrisita en los labios, luego coloca las manos en el cuello de Noah y le acaricia los labios con el pulgar.

—No me parece tonto, chiqui. Lo entiendo. Yo tampoco quiero que creas que eres como las otras personas que han pasado por mi vida en los últimos años. No lo eres. Y, aunque me duelan las pelotas, esperaré el tiempo que necesites.

—Gracias —susurra, alzando la cara para que Blaise pueda besarle los labios.

—¿Significa eso que me has perdonado y podemos empezar a salir de una vez?

Blaise se muerde el labio inferior y, a pesar del tono informal y desinteresado con el que pronuncia la pregunta, Noah puede notar que para él es importante la respuesta.

—Sí, es exactamente lo que significa.

Noah no puede creerse que una simple frase haya conseguido que el rostro de Blaise se ilumine como un árbol de Navidad y su sonrisa se haga tan grande que casi no le cabe en el rostro.

***

Pasa la mañana del sábado terminando de colocar las luces en el exterior de la casa. Está deseando que anochezca para encenderlas y ver cómo quedan las que ha enroscado a las columnas del porche.

Se aleja hasta llegar a la carretera y observa la fachada, aunque con ese sol apenas se notan las luces de colores que ha dejado encendidas.

Le encantaría que Blaise no tuviera que trabajar ese día, porque así tendría otra visión.

Ha aprendido en esos días que, además de todas las cosas que le gustan de él, también tiene buen gusto para la decoración.

No lo espera hasta después de comer, así que le sorprende escuchar el timbre mientras se calienta un consomé para entrar en calor después de pasar tanto tiempo en la calle.

Frunce el ceño al verlo aparecer con una mochila al hombro y esa enorme sonrisa con la que suele premiarlo cada vez que le abre la puerta.

—Deberías empezar a usar tu llave, que para algo la tienes —le dice de nuevo antes de darle un beso y alejarse de la puerta para dejarlo pasar.

—Ya te lo dije: es para emergencias.

—Eso era antes. Aunque te agradecería que me avisaras antes de usarla para que no me dé un infarto. ¿Vas a algún sitio?

Blaise levanta la mochila en el aire antes de dejarla sobre el zapatero de la entrada.

—Sí, vengo a pasar el fin de semana contigo.

Sonríe, con una mezcla de diversión y sorpresa, y se aparta para dejar que se ponga cómodo.

Regresa corriendo a la cocina antes de que se le queme la comida.

Está removiendo el salteado de verduras cuando siente los brazos de Blaise rodeándole la cintura.

Nota el peso de la cabeza del profesor sobre su hombro y sonríe, sintiéndose muy cómodo en ese abrazo.

—No sé si tengo suficiente comida para los dos. Deberías haberme avisado…

—Quería darte una sorpresa. Tampoco ha sido algo premeditado; hasta anoche no decidí que prefería quedarme en Ceapaire en lugar de ir al cumpleaños de mi tío.

Gira el rostro para mirar a Blaise y se le escapa una sonrisa al verle ese gesto travieso.

—¿Me has puesto de excusa para librarte de ir a una celebración familiar?

—No exactamente. Alguien se tenía que quedar en la tienda —explica Blaise, bajando un poco el tono y doblando las rodillas para que la postura sea más cómoda para él.

—¿Y Roge?

—Está invitado. Es parte de la familia, ya te lo dije.

—Es verdad —reconoce—. ¿Te has ofrecido voluntario como Katniss Everdeen?

—Soy el tributo de Ceapaire. —Blaise continúa la broma con una media sonrisa—. Me apetecía quedarme contigo.

Blaise hunde la nariz en su cuello y respira hondo. El gesto es tan íntimo que a Noah se le eriza el vello de los brazos y cierra los ojos, echando la cabeza un poco hacia atrás para darle acceso. Sentir la lengua de Blaise sobre su piel le hace estremecerse.

—Blay… —Noah no tiene muy claro si es una queja o un gemido.

—Aunque podría comerte sin ningún problema, antes de venir me he pasado a recoger algo de comida, así que no tienes que preocuparte por mí.

La voz de Blaise suena más ronca de lo normal, pero no hace nada más para seguir provocándole, más allá de quedarse pegado a su espalda, con la barbilla apoyada en su hombro y una mano muy abierta sobre el estómago de Noah.

—Lo tienes todo pensado.

—Solo lo mejor para mi chico, chiqui.

—Eres un zalamero, Blay —le reprende, pero sin mucha convicción.

—¿Preparo la isla?

—Será lo mejor. —La última palabra le sale más aguda de lo normal porque Blaise presiona sus caderas contra el culo de Noah—. Estás jugando con fuego…

—Sigo las reglas. No me has dicho que no pueda provocarte. No es mi culpa que me pongan esos ruiditos que haces cuando te beso.

—Yo no hago soniditos…

—Sí los haces, chiqui. Y me vuelven loco. No quieres saber cuánto… —Blaise levanta una ceja y se lame los labios, sin apartar la mirada de la curva del culo de Noah.

Va a ser una comida interesante si Blaise empieza ya con sus insinuaciones.

Reparte el consomé en dos boles, pone la verdura en una fuente y la coloca sobre la isla, con el pollo asado y las patatas que ha traído Blaise.

—Parece que sabías lo que estaba preparando —comenta, viendo lo mucho que le apetece lo que ha traído Blaise.

—Sé lo que te gusta…

—No todo.

—Chiqui, no me pinches… —Blaise sonríe de medio lado y lo mira como si quisiera comérselo junto con el pollo—. Si no sé todo lo que te gusta, es porque tú no me dejas.

—Cállate y come.

Blaise suelta una carcajada, echando la cabeza hacia atrás. Es tan inesperado que Noah se queda quieto, sin saber por qué se está riendo el profesor.

—Me encanta que me hayas soltado eso mientras estoy insinuando que quiero comerte la polla y ni siquiera te das cuenta de lo obsceno que me ha sonado —le aclara Blaise cuando deja de reírse.

Enrojece hasta la raíz del pelo al darse cuenta.

—Tienes la mente sucia.

—No tienes ni idea… Pero espero que algún día lo sepas.

—Siéntate, Blay —le ordena—. No me gusta comerme la comida tibia, y menos con el frío que he pasado hoy —añade cuando ve cómo a Blaise se le ilumina la cara con una pulla.

—¿Qué has estado haciendo?

—Poner las luces exteriores que recogí ayer por la tarde.

—Te dije que no lo hicieras solo. —El profesor frunce el ceño y parece preocupado—. ¿Qué pasa si te caes?

—He puesto las del porche. Solo me he subido a una silla.

—Hubiera preferido que me esperaras. Así podía sujetarte si te tambaleabas.

—Tú lo que pretendes es tocarme el culo —lo pincha, escondiendo la sonrisa tras su consomé.

—No sería la primera vez…

Se sonroja al recordar cómo las cosas se les fueron de las manos y acabaron enrollándose como dos adolescentes en celo la noche anterior.

—Y no será la última —responde cuando se recupera, aunque se siente mal cuando Blaise se atraganta con el caldo—. ¿Estás bien?

—No era así como esperaba atragantarme.

Respira hondo, alejando todas las imágenes que le evocan los comentarios de Blaise.

—Dame un respiro, Blay.

—Está bien, chiqui. Prometo portarme bien.

—No sabes cómo hacerlo, y los dos lo tenemos claro —responde, sonriendo porque le parece adorable la carita de niño bueno con la que lo mira Blaise—. Me conformo con que no seas malo.

***

Noah entrelaza los dedos con los de Blaise y tira de él en dirección a la salita.

—Quiero retomar mi costumbre de leer un poco después de comer. Llevo semanas sin hacerlo —explica, empujando a Blaise hacia el interior.

—Así que era cierto que no ibas a poder cumplir las metas del club de lectura.

Blaise se sienta en el sofá pequeño, el que siempre ha ocupado, pero Noah niega con la cabeza y señala el grande.

—¿Por qué?

—Túmbate ahí —ordena, sonriendo cuando ve cómo a Blaise se le dilatan un poco las pupilas.

Espera a que su chico obedezca para hacerse un hueco entre las piernas de Blaise, de modo que su espalda descansa en el pecho de su novio.

—Menos mal que ayer se me olvidó el libro aquí, porque no tengo intención de moverme —susurra Blaise junto a su oído, pasando un brazo por su cintura y cogiendo el libro que quedó ayer abandonado sobre la mesita. ¿Qué estás leyendo tú?