Un otoño en Ceapaire CAPÍTULO 26
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CAPÍTULO 26

Noah

Noah ha estado toda la mañana intercambiando mensajes con Blaise, al menos cuando no estaba en clase, y se le pone una sonrisa tonta en los labios cada vez que recibe una nueva notificación.

Cuando llega a casa, justo antes de la hora de comer, Noah tiene su árbol de Navidad y unas cuantas bolsas llenas de adornos.

Sabe que va a tener que pasarse la tarde corrigiendo para compensar que no lo ha hecho por la mañana, pero le da igual porque hacía mucho tiempo que no estaba tan emocionado con las fiestas.

Puede que el hecho de que parte de las celebraciones vayan a tener lugar en su casa lo haga especial, porque, desde que murieron sus padres, siempre ha pasado las Navidades en casa de sus amigos.

En su apartamento de Boston suele poner un pequeño árbol con pocos adornos, pero este año tiene una enorme casa que pide a gritos luces y guirnaldas.

No está tan loco como para poner un Santa Claus enorme sobre el tejado, como hacía su padre en su casa de la infancia, pero necesita darle un poco de vida a su nuevo hogar.

Coloca el gran árbol en el salón mientras se hace la comida, y deja las bolsas a su alrededor para decorarlo por la noche. Porque, en cuanto termine de comer, piensa encerrarse en el despacho para corregir los capítulos que tiene programados.

Está tan concentrado revisando lo que está leyendo que se sobresalta cuando suena el timbre. Sonríe, sabiendo quién es por la forma que tiene de llamar. Abre la puerta, pero permanece en el hueco que ha dejado.

—¿No vas a dejarme entrar? —Blaise sonríe de medio lado y levanta una ceja—. ¿Tienes a un amante ahí escondido?

—Idiota…

Se da media vuelta y regresa al interior de la casa. Se dirige a la cocina para preparar unas infusiones. Le vendrá genial un descanso de cinco minutos para tomarse algo calentito.

—No puedo quedarme mucho —informa Blaise, entrando en la cocina y sacando dos tazas del armario—. He venido solo a traerte una cosa.

En ese momento, Noah se da cuenta de que Blaise ha dejado una caja sobre la isla.

—¿Qué es eso?

—Me has dicho que no tenían más luces, así que me he pasado por una tienda en Sandwich y te he traído esto. No sé si es suficiente o si es lo que querías.

Noah sonríe y se acerca hasta el profesor para darle un beso en los labios. Blaise le sostiene el rostro con ambas manos y lo alarga un poco más.

—Gracias —susurra contra su boca.

—Si necesitas más, puedo pasarme mañana.

—He pedido unas exteriores para colocar en el porche.

La tetera comienza a pitar y Noah se separa, no sin que Blaise le acaricie la mandíbula con los pulgares antes de dejarlo marchar.

Sonríe, feliz por ese pequeño gesto que significa tanto para él.

A su amigo le ha bastado un simple comentario, quejándose de que no tenían luces en la tienda, para preocuparse por conseguirle unas.

—¿No deberías estar trabajando? No quiero que te metas en problemas por mi culpa.

—No te preocupes. —Blaise hace un gesto con la mano para restarle importancia—. Mi madre se va a quedar hasta que yo vaya, así que puedo tomarme esa infusión contigo. ¿Qué tal tu tarde?

—Estoy avanzando a buen ritmo. He añadido algunas cosas que me pedía la historia y he eliminado una escena que no aportaba nada a cómo ha evolucionado la trama.

—Con lo cuadriculado que eres, me sorprende un poco…

—Me gusta tenerlo todo escaletado, pero no voy a dejar de añadir algo que creo que va a funcionar, solo porque no estaba pensado desde el principio —se defiende.

—Eh, solo te estaba tomando el pelo, porque me hace gracia con lo estiradito que eres a veces.

—No lo soy.

—Lo eres, y eso forma parte de tu encanto, porque luego descubres que eres adorable y achuchable. —Blaise le estrecha la mano a Noah encima de la isla—. Sé que eres un gran escritor y estoy seguro de que los cambios que estás haciendo serán perfectos para la historia.

—Eres un pelota.

—Solo quiero que no pienses lo que no es. Bastante la he cagado ya.

Noah no responde, pero esconde la sonrisa tras su taza. Permanecen en silencio hasta que se acaban la infusión, aunque no dejan de mirarse mientras lo hacen.

—Tengo que irme o mi madre me desheredará. —Blaise se levanta y se acerca a Noah para darle un rápido beso en los labios.

—¿Te veo esta noche? Había pensado que podrías ayudarme a decorar el árbol.

—Si no te importa que venga después de cenar… Le había prometido a mi abuela que cenaría con ella y me sabe mal dejarla tirada.

Lo piensa un segundo, evaluando cuánto le llevará terminar de corregir los capítulos que le faltan.

—Podéis venir a cenar los dos —los invita.

—¿No es un poco pronto para que le presente a mi novio?

—¿Ahora somos novios?

Blaise da un paso atrás, abre mucho los ojos y aprieta los labios. Noah puede ver el miedo en sus ojos mientras contiene la risa.

—No quería decir eso. Sé que aún no…

—Me parece bien, Blay —lo tranquiliza, poniendo las manos en su cuello para evitar que siga desvariando.

—¿No te molesta?

—Me parece un poco pronto, pero no me molesta.

Blaise parece desinflarse bajo sus manos mientras asiente, aliviado por sus palabras.

—Está bien. Esperaré a que quieras ser mi novio.

—Os espero para cenar a los dos. —Levanta el rostro y le da un beso en los labios antes de apartarse.

—Eres el mejor, y he sido muy tonto por no darme cuenta antes.

El corazón se le salta un latido en el pecho y Noah toma aire en una amplia bocanada, intentando reponerse de lo que esas palabras le provocan.

Lo acompaña hasta la puerta y sonríe cuando Blaise le sostiene el rostro antes de darle un beso.

—Te veo luego, chiqui.

En cuanto termina de corregir, se mete en la cocina para preparar la cena. Por suerte, Blaise le trajo todo lo que había pedido y tiene suficientes ingredientes para preparar algunos de los platos que mejor le salen.

Se pone una de sus playlists favoritas y se pasa la siguiente hora moviéndose por la estancia mientras sofríe, sella y revuelve, moviendo las caderas al ritmo de la canción que suene en ese momento.

Cuando todo está listo y solo tiene que esperar a que el horno termine, recoge la cocina y limpia todo, hasta que está impecable, antes de darse una ducha.

Está secándose el pelo cuando Blaise le manda un mensaje para avisarle de que salen para su casa, así que termina de vestirse y baja a la primera planta para recibirlos.

Desciende los escalones de entrada para ayudar a Hazel a subir. Esa noche la mujer tiene una enorme sonrisa en los labios y los ojos brillantes.

—Hacía mucho tiempo que no entraba en la casa de Violet —susurra Hazel, palmeándole la mano cuando al fin llegan a la entrada—. Veo que le has dado tu toque personal. Me gusta. Blay, no me habías dicho que Noah había redecorado.

Blaise se detiene detrás de su abuela, con el abrigo a medio quitar, y observa la entrada y el salón, que es lo que se ve desde donde está.

—No me he dado cuenta, Nana. Ha ido haciéndolo poco a poco.

—Pasas más tiempo aquí que en tu propia casa… —protesta Hazel, aunque lo hace con una sonrisa.

Blaise ayuda a su abuela a quitarse el abrigo y luego saca una bolsa del bolsillo del suyo. A Noah se le escapa una carcajada cuando ve lo que es.

—He traído las suyas, que sé lo quisquilloso que te has vuelto con eso de que no entremos con los zapatos.

Además…, he añadido esto. —El profesor saca un lío de luces LED—.

Las he probado y funcionan, pero te va a llevar un poco desenredarlas.

Me las dio mi padre hace un par de años por si quería decorar mi apartamento, pero no lo he hecho nunca, y supuse que tú le darías más uso que yo.

—Gracias.

Se queda mirando la sonrisa de Blaise con ganas de besársela, pero es muy consciente de que Hazel no les quita ojo de encima.

Le ofrece el brazo a Hazel para que se apoye en él mientras caminan en dirección a la cocina.

—He pensado que podríamos cenar en la pequeña mesa de la cocina en lugar de en el comedor. Es demasiado grande y desangelado solo para los tres.

—Tu abuela odiaba ese comedor. Solo le gustaba cuando lo llenaban los niños durante la merienda. Si no hubiera sido por esos momentos, estoy segura de que hubiera hecho reformas para usar ese espacio para otra cosa. Siempre quiso tener una gran biblioteca.

Sonríe porque es exactamente lo que le gustaría hacer a Noah, pero no se ha atrevido a meterse en obras, porque en el fondo creía que sería una falta de respeto hacia sus abuelos por cambiar algo que ellos mantuvieron así por alguna razón.

—Tu bisabuela era la que disfrutaba de las cenas espectaculares, con ella en una punta y tu bisabuelo en la otra —continúa Hazel con ese tono alegre, aunque un tanto cargado de añoranza—.

Cuando era pequeña, me hacía mucha gracia lo que contaba Violet de que se tenían que gritar de un lado a otro.

Era otra época y a la gente con dinero le encantaba que el resto lo tuviera siempre presente.

A Hazel se le escapa una exclamación de sorpresa cuando entran en la cocina y ve lo que ha preparado sobre la isla. Noah le hace una seña a Blaise para que acompañe a su abuela a la pequeña mesa que hay junto a una de las ventanas y que ya ha dejado vestida para la cena.

—¿En qué puedo ayudarte? —se ofrece Blaise.

—Todo está listo. La ensalada está en la nevera, puedes llevarla a la mesa. —Saca la bandeja del horno y la deja sobre la encimera para poder servir la comida en una fuente—. Blay me ha asegurado que no tienes ningún tipo de intolerancia, así que espero que te guste lo que he preparado.

—Tiene una pinta increíble, Noah. Blay me había dicho que cocinabas muy bien, pero no esperaba este nivel. Ahora entiendo por qué prefiere cenar aquí.

—Tu comida sigue siendo mi favorita, Nana. Ya lo sabes. —Blaise coge la mano de su abuela y la estrecha con dulzura.

—Tu madre también cocinaba muy bien.

A Noah le sale la sonrisa sola al recordar la cantidad de horas que pasó en la cocina con su madre.

—Ella me lo enseñó casi todo. Luego he seguido practicando, porque me relaja mucho cocinar, sobre todo para mis amigos —pronuncia las últimas palabras mirando a Blaise, que sonríe de medio lado, con la ceja arqueada.