Un otoño en Ceapaire CAPÍTULO 25
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CAPÍTULO 25

Noah

Noah se muerde la sonrisa mientras ve a Blaise apresurándose para llegar hasta él mientras le sostiene la puerta abierta para facilitarle que pase con las cajas.

Se descalza y cuelga la cazadora en el armario sin quitarle ojo al profesor, que lo observa todo como si hiciera años que no atraviesa el umbral, a pesar de que hace apenas dos semanas de la última vez que estuvo en la casa.

—Tienes las zapatillas en su sitio —le anuncia antes de dirigirse a la cocina.

Podría ayudarle con las cajas, pero es su pequeña venganza por lo gilipollas que fue Blaise cuando le confesó sus sentimientos, así que se calza las zapatillas y se adentra en la casa en dirección a la cocina.

Ni siquiera se molesta en comprobar si Blaise lo sigue porque puede escuchar los ruidos que hace mientras se quita el abrigo y los zapatos. Noah abre la nevera y comienza a sacar los ingredientes que necesita para preparar la cena.

Blaise atraviesa la puerta cuando Noah está disponiendo los productos sobre la isla.

Le señala el frigorífico con la cabeza y observa cómo coloca todo lo que hay en las cajas.

Siente algo cálido extendiéndose por su pecho al darse cuenta de la comodidad con la que el profesor se mueve por su cocina.

Es algo que le produce mucha calma y paz saber que las personas que están en su vida están a gusto en su espacio.

Sacude la cabeza, alejando esa idea, porque no va a ponerle las cosas tan fáciles después de lo mal que se lo ha hecho pasar durante esas dos semanas. Si Blaise quiere que se crea su declaración de amor y le perdone por todas las palabras feas que le dijo, va a tener que esforzarse.

Sabe que Blaise no usaría algo así para llevárselo a la cama, a pesar de que las insinuaciones sexuales siempre han formado parte del modo en el que se han relacionado.

Pero una parte, minúscula, necesita asegurarse de que va en serio y no solo se ha dejado llevar por un impulso que luego acabe en nada.

Mira a Blaise, que lo observa con expresión de no saber muy bien qué hacer. Parece un niño perdido y a Noah le produce mucha ternura.

—Elige qué quieres ponerle a tu pizza —le dice, animándole a relajarse.

—¿Me invitas a cenar?

—Es complicado que me demuestres algo si no pasamos tiempo juntos.

A Blaise se le dibuja una enorme sonrisa en los labios antes de dejar las cajas en un rincón y volver a la isla para ayudarle a extender la masa de las pizzas que tenía reposando.

—Te lo advierto para que no te enfades conmigo: no puedo quedarme mucho tiempo. Tengo que recoger a mi abuela, que está cenando en casa de mi hermana, para llevarla a casa. Pero… —Blaise levanta la mano para acallarlo cuando Noah abre la boca para responder—, puedo venir mañana… Si quieres, claro.

Se muerde los labios para esconder la sonrisa y Blaise levanta una ceja, con la mirada clavada en su boca y luego suspira.

—Si no quisiera, no estarías ahora mismo aquí, Blay.

De nuevo, esa sonrisa brillante ilumina el rostro de Blaise, y a Noah el corazón se le salta un latido en el pecho cuando ve la ilusión en sus ojos azules.

Mete las dos pizzas en el horno y se sienta en uno de los taburetes. Blaise no tarda mucho en hacerlo en el que está más cerca. Sus brazos se rozan, pero ninguno de los dos hace nada por apartarse.

—He visto que has acabado la novela —comenta Blaise con un tono suave y dulce.

—La acabé ese viernes. Iba a enviarte un mensaje justo cuando llamaste a la puerta, y luego no tenía mucho sentido que te dijera nada.

—Lo siento. Fui un auténtico capullo y estás en todo tu derecho de estar enfadado conmigo.

—Lo estoy —reconoce con un suspiro—. Pero no quiero estarlo. Me requiere demasiada energía y duele.

Contiene la respiración cuando siente el roce del índice de Blaise contra sus nudillos. Ese simple toque le eriza el vello de todo el cuerpo.

—¿Puedo hacer algo para que dejes de estar enfadado conmigo?

—No entiendo por qué me dijiste todas esas cosas, Blay. Sabes que yo no soy…

—Lo sé —le corta Blaise—. Te juro que lo sé. Pero, como te he dicho antes, estaba asustado. En este tiempo te has convertido en una persona muy importante para mí y, la remota posibilidad de que me pasara contigo lo mismo que con Jim, me enfurecía porque no quería perderte.

Abre la boca para hacerle ver lo absurdo de su razonamiento, pero Blaise vuelve a hacerle un gesto para callarlo.

—Soy idiota. Creo que ya estamos de acuerdo en eso. La cagué y conseguí justo lo contrario de lo que pretendía.

Blaise se gira un poco y Noah puede notar la mirada clavada en su perfil.

—No entendí por qué tenía tanto miedo a que lo que tenemos desapareciera hasta que te vi en la historia de tu amigo Jason y sentí celos porque te habías acostado con él.

Noah mira a Blaise y suelta una carcajada que hace que todo su cuerpo se agite.

—¿Crees que me acosté con Jason? —No es capaz de dejar de reírse.

—¿No lo has hecho?

—¡No! Te lo he dicho un millón de veces, Blay. No me acuesto con mis amigos.

Esta vez la carcajada se la provoca el gesto de decepción y tristeza de Blaise. Tiene que contenerse para no acariciarle el rostro y consolarlo.

—Me refiero a si es solo sexo. Soy un fiel defensor de que, para que una pareja funcione, tienes que ser amigo de la otra persona.

—Tú y yo somos amigos. —Blaise se muerde el labio inferior antes de continuar—: O lo éramos antes de que me comportase como un idiota.

—Si no tuviese la esperanza de que sigamos siéndolo, no me importaría tanto lo que pase entre nosotros.

—¿Sigues enamorado de mí? Entendería que tus sentimientos hubieran cambiado después de lo gilipollas que fui, pero quiero confiar en que, si me dejas, puedo hacer…

—Blaise se encoge de hombros y, de repente, parece un poco perdido, como si no supiese cómo continuar—.

No sé, que vuelvas a quererme de ese modo.

Gira su taburete para quedar frente a frente con Blaise, y esta vez es Noah el que busca la mano del profesor para acariciarla con el pulgar.

—Sí, sigo enamorado de ti. Y que conste que llevo un mes intentando olvidarte, pero eres muy difícil de sacar de aquí. —Noah se señala la sien—. Y de aquí. —Luego se lleva el dedo al corazón.

—Solo para que me quede claro: ¿lo de no tener sexo con tus amigos solo es si no tienes una relación sentimental con ellos?

Noah pone los ojos en blanco y baja del taburete para sacar las pizzas del horno. Deja los platos sobre la isla, en la que Blaise ya ha colocado los manteles individuales y los cubiertos. También lo ha hecho de modo que cenen uno frente al otro en lugar de al lado.

Sonríe cuando ve a Blaise mover un poco su taburete para quedar a su altura, y se obliga a centrarse en cortar la pizza sin que se le desparrame todo. Espera a que su amigo le dé el primer mordisco a la porción para hablar.

—Respondiendo a tu pregunta: la respuesta es que sí.

Blaise casi se atraganta y comienza a toser, pero, cuando se le pasa, fija la mirada en la de Noah, que puede notar cómo algo se enciende en sus entrañas bajo esa intensidad.

—Te libras porque es de mala educación dejar comida en el plato, sobre todo si te invitan.

Oculta la sonrisa tras el vaso de agua y luego se centra en su pizza, aunque no dejan de mirarse en ningún momento.

Escucha a Blaise tomar aire y retenerlo unos segundos antes de soltarlo despacio. No necesita mirarlo para saber que está decidiendo si va a hablar o no, así que le da un empujoncito. La única forma de que esa relación funcione es que sean sinceros y hablen las cosas.

—Suéltalo —lo anima.

Ve de reojo cómo Blaise deja el cuchillo sobre la mesa y suspira.

—También vi la historia de tu amigo. Esa en la que te estabas besando con un chico moreno.

Noah levanta la cabeza y observa a Blaise con una ceja arqueada. Va a dejar que se explique antes de enfadarse.

—Soy consciente de que tú y yo no teníamos nada entonces y no tengo derecho a enfadarme, pero… me puse muy celoso.

Le cuesta mucho mantener un gesto inexpresivo, porque en el fondo le hace un poco de gracia verlo mortificado por haber sentido eso. Se miran durante unos segundos, y disfruta de esa marabunta de sentimientos que puede leer en las expresiones de Blaise.

—Deberías volver a verlo, porque no nos estábamos besando. Estuvimos a punto, pero todo estaba demasiado reciente y no me sentía cómodo —admite con tono suave.

Sonríe al ver a Blaise asentir mientras todo su cuerpo se relaja visiblemente tras escuchar su confesión. Incluso Noah puede ver que parece que su amigo se ha quitado un peso de encima.

Cuando terminan, Blaise se levanta para recoger los platos y meterlos en el lavavajillas, de modo que, al levantarse Noah, quedan a tan solo unos centímetros.

Se queda observando el rostro de su amigo, que tiene los ojos clavados en su boca.

No es consciente de que se está lamiendo los labios hasta que escucha el gemido de Blaise.

—No tienes ni idea de las ganas que tengo de besarte —susurra Blaise.

A Noah se le atasca la respiración en la garganta y es un verdadero milagro que no se ponga a boquear en busca de más aire. Se siente como un adolescente que no sabe cómo reaccionar cuando su primer crush le presta atención.

—Entonces, hazlo —consigue murmurar antes de que Blaise sostenga su rostro con ambas manos.

Se quedan unos segundos así, tan cerca que sus labios se rozan, sus alientos se mezclan y el calor de sus cuerpos parece aumentar hasta que es casi insoportable.

Noah ni siquiera es capaz de moverse, solo permanece ahí de pie, esperando a que sus bocas se unan, mientras su corazón late tan fuerte que es imposible que Blaise no lo note.

Pone las manos en la cintura de Blaise y lo acerca un poco más a su cuerpo como un acto reflejo. Puede sentir cómo el profesor vibra bajo su tacto y eso le hace sentir poderoso y a la vez muy perdido, porque es demasiado intenso.

Nota cómo los pulgares de Blaise se deslizan por su mandíbula, y contiene la respiración cuando al fin acortan la distancia que los separa y se besan.

Al principio, solo son sus labios presionando contra los de Blaise; pero, en algún momento, su amigo desliza la lengua en su boca entreabierta y todo parece ponerse patas arriba.

A Noah la cabeza le da vueltas, el corazón le martillea desbocado y la piel le arde allí donde entra en contacto con Blaise.

Clava los dedos en la cintura del profesor y se estrecha contra su cuerpo.

Gime cuando empiezan a frotarse como dos adolescentes mientras Blaise lo empuja hasta que Noah choca contra la isla que tiene a la espalda.

En esa posición y con la diferencia de estatura, Blaise toma el control del beso, echándole la cabeza hacia atrás y profundizando el beso hasta que Noah cree que va a perder la poca cordura que aún le queda.

Y entonces el teléfono de Blaise suena sobre la encimera y los dos se sobresaltan, como si los hubieran pillado haciendo algo prohibido. Se lame los labios, saboreando en ellos al hombre del que está enamorado, que observa el gesto y suelta una palabrota mientras alarga el brazo para coger el móvil.

—Mierda, es Layla —gruñe Blaise antes de levantar la mirada para clavarla en Noah—. Tengo que ir a por Nana. Dame un segundo para decirle a mi hermana que ya salgo.

—Por supuesto.

Escucha a Blaise hablar con su hermana de fondo, mientras que Noah intenta recuperarse de ese beso que le ha dejado la piel del revés y el corazón a punto de explotar.

Respira hondo e intenta que su corazón deje de intentar escapársele del pecho.

Da un salto cuando nota la mano del profesor en su espalda.

—Perdona, no quería asustarte. Tengo que irme, o mi abuela se quedará dormida en casa de Layla y luego va a ser un drama llevarla a casa. Pero puedo volver luego… —Blaise le mira la boca a Noah y se muerde una sonrisa.

—No vayas tan deprisa. El beso ha estado genial, pero vas a tener que trabajártelo un poco más.

—¿Me vas a castigar sin sexo?

—Sí. ¿Algún problema con eso? —Se cruza de brazos y alza la ceja, retándole.

Blaise echa la cabeza hacia atrás y finge sollozar antes de volver a mirarlo. Lo ve resoplar, con esa carita de niño al que han castigado sin postre, y le dan ganas de volver a besarlo, aunque lo descarta si quiere que su amenaza surta efecto.

—No, obviamente —acaba aceptando Blaise—. Pero es cruel. Sabes que me pones mucho desde el primer día.

—Solo me quieres por mi cuerpo.

—No, pero no voy a negar que me pareces muy atractivo. Y te tengo muchas ganas desde hace tiempo.

—Tanto romanticismo me abruma —bromea, aunque su ego se está hinchando como un globo al recibir esos comentarios.

—Puedo darte romanticismo si es lo que quieres. ¿Te parece bien si me paso mañana?

—Quiero ir a comprar el árbol y algunos adornos. Aunque no sé si todavía habrá algo decente.

—Te acompaño —se ofrece Blaise.

—¿No se supone que trabajas mañana?

—Si quieres que vaya, le rogaré a mis padres que me sustituyan.

—Solo dime dónde debería ir y ya me encargo yo. Te puedes pasar después y te invito a cenar.

Blaise se lleva una mano al corazón y finge ofenderse, aunque sigue teniendo esa sonrisa divertida en los labios.

—Vaya forma de rechazarme… —se queja su amigo.

—Te estoy invitando a cenar, pero si no quieres…

—Cinco minutos después de que cierre la tienda, estaré en tu puerta. Y ahora sí, tengo que irme.

—Escríbeme cuando estéis en casa —le pide mientras lo acompaña a la entrada.

—No se me ocurriría no hacerlo, chiqui.

Noah se ríe y ayuda a Blaise a ponerse el abrigo.

—Echaba de menos tus chiquis.

—Tú siempre serás mi chiqui, chiqui. —Blaise levanta las cejas, insinuante, cuando abre la puerta.

Blaise comienza a bajar las escaleras, pero, antes de que llegue al camino de entrada, vuelve a subir, coge el rostro de Noah entre las manos, tal y como ha hecho antes en la cocina, y le da un rápido beso en los labios.

—Sueña conmigo, chiqui.

Permanece en la puerta, observando cómo Blaise regresa a su coche, sin dejar de sonreír como un adolescente enamorado.

Antes de cerrar la puerta, tiene claro que, a menos que Blaise haga algo muy tonto, va a perdonarlo por haber sido un imbécil porque está enamorado como un idiota de ese hombre.