CAPÍTULO 23
Noah
Cuelga un par de historias anunciando que está trabajando en el segundo borrador del #ProyectoEuropa, para seguir la recomendación que le dio su agente cuando se reunieron online en cuanto llegó a Boston.
Cuando comenzó su etapa como escritor, intentaba responder a todos los mensajes; pero, cuando sus seguidores superaron los veinte mil y sus comentarios ascendían a tres cifras, dejó de hacerlo porque le consumía demasiado tiempo y esfuerzo.
Su agente contrató a un equipo para llevarle las redes, aunque él jamás ha perdido el acceso a sus cuentas.
Ellos también se encargan de todos los posts con carteles de firmas de libros, charlas, entrevistas y demás cosas relacionadas con esa parte del trabajo de escritor que a Noah no se le dan tan bien.
Sonríe al pensar que una de las carreras que se planteó estudiar antes de decidirse por Literatura Inglesa fue Periodismo, cuando ahora se le erizan los pelos de la nuca cada vez que tiene que ir a un programa a hablar de su novela.
Mueve la cabeza de un lado a otro, intentando relajar un poco los músculos del cuello, y estira los dedos antes de continuar con la corrección.
Adora su apartamento en el centro de Boston, pero se ha acostumbrado a la tranquilidad de Ceapaire después de dos meses y medio, y está deseando volver allí.
Lo ha dudado durante algunos días mientras disfrutaba de las tardes con sus amigas, de las noches en sus restaurantes favoritos de la ciudad y de la cena de Acción de Gracias con la familia de Stella, pero volver al condado de Barnstable para trabajar le parece la mejor decisión.
No tiene por qué encontrarse con Blaise. Conoce sus horarios y sabe los lugares por los que suele moverse en su tiempo libre; puede cambiar un poco sus rutinas para no coincidir con él y seguir con su trabajo para cumplir el plazo que le dio Lucy.
Con un poco de suerte, en una semana habrá terminado y podrá tomarse unos días para descansar y disfrutar de esos paseos por la playa y el parque que se negó a visitar los últimos días que estuvo en Ceapaire.
También podrá prepararse para la Navidad, algo que todavía no ha hecho porque estaba muy ocupado. Va a tener que comprar un árbol, adornos y demás decoraciones. Se siente un poco emocionado cuando piensa en tener a sus amigos en la casa familiar durante algunos días.
Se calienta las manos con una infusión después de terminar un capítulo.
Ha añadido una escena que se le vino a la mente mientras escribía el epílogo y que encaja en la historia como si hubiera estado allí desde el principio.
No es algo que le suela ocurrir, porque tiene todo perfectamente escaletado desde antes de ponerse a escribir, pero, según ha leído en entrevistas a otros autores, es normal.
Es tarde para comenzar un nuevo capítulo, además, pretende salir a primera hora hacia Ceapaire.
Las maletas ya están en la puerta, tal y como hizo nueve semanas atrás.
Le parece una locura que haya pasado tanto tiempo y, a la vez, tenga la sensación de que fue ayer cuando tomó la decisión de mudarse a la casa de sus abuelos para escribir una novela que ni siquiera sabía si iba a poder terminar por culpa de un exnovio egoísta y malintencionado.
Así que se termina la infusión, cierra el portátil y lo mete en la mochila, que deja junto al resto del equipaje que se llevará de vuelta a Ceapaire, antes de trasladarse al salón.
Enciende la televisión, pone el capítulo de la serie a la que se ha enganchado por culpa de Jason y encarga algo de comida a domicilio.
No le apetecía cocinar nada para los pocos días que iba a estar en la ciudad.
***
Sonríe cuando entra en la casa y los olores tan familiares lo envuelven, dándole la bienvenida a un sitio que ya considera su hogar a pesar de todo.
Deja la mochila con el portátil y la copia impresa del manuscrito en el despacho antes de subir la maleta a su dormitorio.
Se ha llevado algunas prendas más de abrigo para afrontar las frías temperaturas del invierno que se acerca, así que tarda un poco de tiempo en buscarles su espacio en los armarios y cajones.
Cuando baja a la cocina, comprueba que la mujer que lleva años encargándose de la limpieza ha ordenado la nevera, que dejó con algunos productos frescos antes de irse, así que no le queda más remedio que ir a Ceapaire’s Groceries.
Comprueba la hora para asegurarse de que estará Rogelio, y no corre el riesgo de encontrarse con Blaise, antes de volver a ponerse el abrigo y las botas.
Sonríe cuando ve a Hazel, como siempre en su sillón y con un libro en el regazo. Aunque teniendo en cuenta que solo le ha visto tres distintos en todo ese tiempo, empieza a pensar que Rogelio tenía razón y es una manía, aunque no lea demasiado mientras está allí.
Saluda a la anciana y se acuclilla a su lado para hablar un rato con ella. Le cuenta que ha terminado el manuscrito y que está corrigiendo antes de mandárselo a sus lectores cero, y también que ha estado con sus mejores amigos.
—¡Cuánto me alegro, Noah! Estoy deseando leerlo.
Se sonroja un poco sabiendo que hay algunas escenas explícitas en la novela, aunque Hazel ya leyera la primera y sepa lo que puede encontrarse.
—Aún faltan meses para eso.
—Esperaré pacientemente. Espero que me mantengas al día. Aunque seguro que Blay se entera antes que yo. Él siempre está al tanto de todo lo que haces.
No tiene ni idea de lo que le ha contado Blaise a su familia, pero está casi seguro de que Hazel sabe que en las últimas semanas su relación se ha enfriado bastante.
Así que se limita a asentir mientras se incorpora y vuelve al mostrador, donde Rogelio no parece haberse perdido ni una palabra de esa conversación.
—Así que estás de vuelta… —comenta Rogelio cuando Noah le tiende una hoja con la lista de cosas que necesitará para los próximos días.
—Eso parece. Me quedaré, como poco, hasta después de Navidad, así que voy a traerte muchas de estas.
—Nosotros estamos encantados, ya lo sabes.
Casi agradece que una de las habituales de las mañanas entre en ese momento. La ha visto en varias ocasiones en la tienda y, aunque no ha hablado con ella nunca, siempre lo saluda antes de pedirle la silla a Rogelio y sentarse junto a Hazel para su tertulia matutina.
—Te lo llevará esta tarde Blay —le anuncia Rogelio mientras introduce su lista en el cajón.
—Puedes llevármela tú mañana. No me corre prisa.
Voy a coger ahora lo que necesite con urgencia.
—Levanta la cabeza y se encuentra con el ceño fruncido de Rogelio, que lo observa como si estuviera intentando desentrañar un misterio—.
De hecho, agradecería que, a partir de ahora, solo fueras tú quien me hiciera el reparto.
Rogelio asiente sin decir palabra, y Noah puede ver en su mirada que sabe algo y no lo juzga por sus decisiones.
—Por supuesto, no te preocupes. Yo me encargo. Mañana lo tendrás. Si te das cuenta de que te has olvidado algo antes de que yo haga el reparto, llama y lo añado.
—Muchas gracias, Roge.
Antes de volver a casa, compra algunos productos que necesita para hacerse las próximas comidas y regresa a casa dispuesto a encerrarse hasta que haya cumplido las metas que se ha puesto.
—Vuelve pronto, Noah —le despide Hazel cuando ya está en la puerta.
—Sigues siendo mi habitante favorita de Ceapaire.
—Siempre tan encantador…
Escucha la carcajada de Rogelio mientras sale al frío de la mañana de Cabo Cod. Se sube el cuello del abrigo y comienza a caminar con la bolsa de la compra al hombro y el pecho un poco alborotado, aunque no tenga muy claro el motivo.
***
Hace a un lado la taza vacía cuando termina el capítulo.
Comprueba en su ordenador que ese es el último que tenía previsto corregir ese día, además, empiezan a picarle los ojos, incluso a pesar de haberse puesto las gafas, así que apaga el portátil y cierra la versión impresa del manuscrito después de dejar un marcapáginas.
Bosteza y mira la hora. Es demasiado pronto para preparar la cena y meterse en la cama. A través de la ventana, ve que no hace aire y sonríe cuando decide qué va a hacer el resto de la tarde.
Después de fregar la taza, se calza las botas, se pone la cazadora y se cala el gorro, preparándose para dar un paseo por la playa.
En Boston a veces se acerca al puerto porque le encanta la visión de los aviones aterrizando en el Logan, pero nada es como pasear por la orilla, notando contra la piel las gotas saladas que el viento levanta.
El cielo está despejado y, aunque hace frío, no hay humedad y se está bastante bien en la calle.
Camina a paso rápido, saludando a los habitantes de Ceapaire a medida que se cruza con ellos.
A algunos solo los conoce de verlos por las calles o en los negocios, aunque no ha hablado nunca con ellos.
Con otros ha intercambiado algunas frases, y todos han sido muy amables y le han mostrado su respeto y cariño por su familia.
Juega con algunos perros que se encuentra en la playa y con los que ya ha coincidido en otras ocasiones. Camina por la orilla hasta que oscurece por completo y acaba sentado en su lugar favorito, bajándose el gorro para taparse las orejas y subiéndose el cuello de la cazadora.
Rescata la foto que ha hecho antes del atardecer y la sube a sus redes con el texto «El descanso de después». Le parece una imagen espectacular que refleja cómo se siente en ese momento: por un lado, en calma; por otro, en llamas.
Aunque durante esos días fuera ha pasado mucho tiempo con sus amigos, no ha dejado de darle vueltas a su situación. Está claro que en esos momentos no puede ni plantearse recuperar su amistad con Blaise, al menos no hasta que siga albergando sentimientos por él, pero lo echa mucho de menos.
Se ha acostumbrado a sus charlas, a tenerlo en la casa casi en cualquier momento mientras él escribe, a leer uno en cada sofá en un cómodo silencio… Pero ahora eso sería demasiado incómodo.
Además, después de cómo reaccionó cuando le confesó lo que sentía por él, no tiene claro que quiera volver a recuperar esa amistad. Sigue un poco decepcionado, porque jamás pensó que se comportaría así. Esperaba mucho más de una persona que se había convertido en alguien tan importante en su vida.
Nunca imaginó que un desconocido conseguiría en dos meses hacerse tan imprescindible, tampoco que le dolería tanto perderlo. Pero, si quiere seguir adelante, tendrá que pasar página y hacerse a la idea de que tal vez su amistad solo fue importante para él.
Suspira y se arrebuja con su cazadora, metiendo las manos bajo los brazos para mantenerlas calientes. Debería volver a casa para hacer la cena, pero le gusta esa tranquilidad.