Un otoño en Ceapaire CAPÍTULO 21 #2
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CAPÍTULO 21 #2

—No va a pasar. Sabes lo que pienso…

—No te acuestas con los amigos. Lo sé. Pero no sería como si no lo hubieras hecho antes. Tú y yo ya tuvimos sexo —le recuerda Jason con tono de sabelotodo.

—Eso fue antes de que fuéramos amigos. No va a volver a pasar. Y menos ahora.

Jason se deja caer sobre la almohada con un gesto dramático y teatral tan propio de él que a Noah le cuesta contener la sonrisa.

—Ya me he resignado a ser un solterón para siempre. Ningún hombre va a quererme nunca.

Noah se incorpora hasta apoyar la espalda en el respaldo del sofá y anima a su amigo a hacer lo mismo.

—Primero… —levanta un dedo—: no es cierto; yo conozco al menos tres personas que te adoran. Segundo… —alza un segundo—: si quieres algo serio, una relación estable, tal vez estás buscando en el lugar incorrecto.

—Soy consciente de que las aplicaciones de citas no son el mejor lugar para encontrar el amor de mi vida, pero es complicado, Noah. Esta ciudad a veces puede ser muy solitaria.

—Te recuerdo que he conocido a algunos de tus compañeros. Y ese chico europeo, el que entró al final de la temporada pasada, te miraba como si fueras un regalo caído del cielo.

—Giorgi… Me ha invitado a salir un par de veces, pero le he dicho que no. Es mala idea mezclar negocios y placer. Como dice Miguel, el bailarín español que comenzó en septiembre: «donde tengas la olla, no metas la polla», que significa…

—Sé más español que tú, Jason —le recuerda Noah—. Sé lo que quiere decir. Y estaría de acuerdo con eso si no fuera porque te has follado a la mitad de los bailarines y actores gays o bisexuales que han pasado por las obras en las que has actuado.

—Eso es diferente.

—¿Por qué?

—Porque no hay sentimientos implicados. —Jason suspira y se gira para poder mirar mejor a Noah—. Si no volvemos a quedar, ninguno de los dos se va a sentir defraudado, y, por tanto, no va a crear mal ambiente en el trabajo.

—Por experiencia te puedo decir que eso es una mierda. No puedes controlar lo que siente tu corazón, y cualquiera de esos tipos podría enamorarse de ti. Si quieres mi consejo, dale una oportunidad a ese chico. Si lleva meses intentándolo, es porque le interesas de verdad.

Jason aprieta los labios mientras piensa en lo que le ha dicho Noah. Luego se deja caer contra el respaldo del sofá y gruñe algo que Noah no llega a entender.

—Si no sale bien, serás el responsable —lo amenaza su amigo, señalándole con el dedo.

—Si hay boda, seré el padrino.

***

Lucy ojea el manuscrito impreso que ha llevado Noah a la reunión y luego lo cierra de golpe antes de señalarlo con el índice.

—Es bueno. Es muy bueno. Te echaría la bronca por haberme hecho sudar tinta con los plazos, pero me gusta tanto que lo pasaré por alto. Pero no vuelvas a hacerlo —le advierte, inclinándose hacia delante y cruzando las manos sobre el escritorio.

—No puedo prometértelo, Lucy.

—Espero que no vuelvas a tener una ruptura amorosa como la última: que te tenga en el dique seco durante meses.

—Gracias por recordármelo —susurra, un poco molesto porque su editora saque el tema.

—Y, ahora, aclárame qué era eso que me contaste en tu penúltimo correo sobre que no sabías cómo acabar la historia. Este final es perfecto. Lo que tus lectores esperan.

—No todas las historias de amor acaban bien, Lucy.

Lucy hace una mueca de disgusto y baja la cabeza, haciendo que su flequillo blanco le tape los ojos. Su editora le cayó bien desde que se reunieron por primera vez. Tiene ese aspecto de mujer entrañable y de confianza.

—Siento ser yo la que te diga esto, pero los y las lectoras de romántica quieren finales felices. Para rupturas amorosas ya está la vida real. No dejes que ese… señor te haga perder el foco.

Noah no la corrige. Si quiere pensar que sus dudas sobre hacer que sus protagonistas acabaran o no juntos son por Castiel, que lo crea. Le gusta Lucy, pero no son amigos y no piensa contarle sus decepciones amorosas.

—Por eso he decidido que ellos acaben juntos —responde, señalando el manuscrito que Lucy sigue teniendo frente a ella.

—Necesito el manuscrito definitivo cuanto antes. Quiero mandárselo a la correctora antes de Navidad, así que mueve el culo y dame lo que necesito.

—Me pondré a ello en cuanto regrese a Boston, pero necesito un par de días de descanso para desconectar de la historia.

—¿Has dejado tu retiro en Cabo Cod? —El tono de Lucy indica que la pregunta es más por educación que por interés genuino.

—No, volveré para terminar de pulir el manuscrito, pero primero quiero pasar unos días con mis amigos aquí en Nueva York y en Boston.

—Me parece bien. Te lo has ganado. Pero no olvides que tienes trabajo que hacer. La ilustradora me dijo que nos enviaría algunos bocetos esta semana, así que revisa tu correo.

—Lo haré, no te preocupes. —Apoya las manos en los reposabrazos con la intención de impulsarse y ponerse en pie, pero un gesto de Lucy le hace volver a sentarse.

—Te he adjuntado el documento con algunas anotaciones que he hecho mientras leía. Son sugerencias y no imposiciones, pero tenlas en cuenta.

Esta vez no se molesta en responder y se limita a hacer un gesto con la cabeza que puede ser un «por supuesto» o un «haré lo que me dé la gana». Espera unos segundos por si Lucy añade algo más, pero, cuando no lo hace, se pone en pie.

—Te mantendré informada.

—Más te vale. Si no tengo el definitivo sobre mi mesa antes de irme de vacaciones por Navidad, yo misma iré a Cabo Cod y tendremos unas palabras. —El discurso de su editora sería mucho más creíble si Lucy no estuviera mordiéndose la sonrisa.

—Lo tendré en cuenta.

—Anda, vete a disfrutar con tus amigos de la ciudad, pero no demasiado. Necesito tu mente clara.

Le tiende la mano a Lucy, que se levanta de su sillón y se la estrecha antes de volver a su sitio y tenderle el manuscrito impreso.

***

Sale a tomar algo con los compañeros de Jason después de la función.

Todos se preocupan por hacerle sentir bien y cómodo.

Bebe un par de mojitos y baila con casi todos los miembros del grupo.

Se deja halagar e incluso, en un momento dado, está a punto de besarse con el tal Miguel, pero no está lo bastante borracho como para olvidarse de toda su historia con Blaise.

Tal vez en unas semanas será capaz de lanzarse, pero no es el tipo de hombre al que le funciona lo de sacarse un clavo con otro, y necesita pasar página antes.

Agradece que Miguel no se lo tome a mal y siga bailando con él como si nada hubiera ocurrido. No le sorprendería nada que Jason les hubiera dicho que está pasando por una ruptura o algo así.

El resto de los días los dedica a hacer algo de turismo cultural: visitar museos, asistir a obras de teatro, e incluso va a la presentación de un libro de un autor del que nunca ha oído hablar.

También prueba algunos restaurantes con Jason y, sobre todo, hablan mucho.

Recuerdan sus correrías en sus años de universidad, se ponen al día con todas las cosas que les han pasado en esos meses, organizan la celebración de Navidad con sus amigas en largas videollamadas y hacen planes para el futuro.

Se despide de Jason con un fuerte abrazo y la promesa de verse para celebrar el Año Nuevo.