CAPÍTULO 19 #2
—Lo sé. Lo sé —la corta—. Soy consciente de que son cosas que no puedes controlar, pero la forma en la que lo llevó…
—Te quiero, Blay, pero tú tampoco lo has hecho bien. Te has enfadado con él por enamorarse de ti…
—No estoy cabreado con él por eso, Layla.
Me molesta que no haya sabido pasar página y siga enfadado por no corresponderle.
Incluso ahora, que ya no tiene sentimientos por mí, sigue comportándose como un idiota cada vez que alguien se me acerca.
Se lo ha cargado todo —sentencia, obligándose a no gritar para no despertar a Nova—.
Era mi mejor amigo, la persona en la que más confiaba, después de mi familia, y, de repente, se alejó y me hizo parecer el malo.
—Todos somos los malos de la historia de otra persona.
—El problema es que intentó poner a nuestros amigos en mi contra.
—Te conocen y saben que no harías daño de forma consciente a alguien que te importa. —Layla se acerca y le toca la rodilla con la mano.
—Eso solo confirma lo que opino sobre el amor desde que Seven me dejó. Lo único que hace es joder las relaciones.
—Vuelve a decir eso y llamaré a Nana para que te dé una de sus charlas.
Blaise abre mucho los ojos y niega con vehemencia. Lo último que le hace falta es otra conversación con su abuela sobre ese tema.
—Ya me parecía. Y ahora, hermanito, cuéntame qué haces aquí un sábado por la tarde, en lugar de estar arreglándote para una cita o en casa de Noah.
Suspira y cierra los ojos antes de responder:
—No nos vemos mucho últimamente. Está demasiado ocupado convirtiéndose en el nuevo autor superventas del The New York Times.
—¿Y eso te molesta? —se sorprende su hermana.
—Claro que no. Se lo merece.
—Pero…
—Pero no le deja tiempo para nada más —confiesa con un suspiro.
—Tampoco para ti.
Niega con la cabeza, pero intenta no mostrarse demasiado preocupado por ello. Al fin y al cabo, no es la primera vez que tarda en quedar con un amigo porque tienen mucho trabajo, problemas familiares o no les apetece.
—Lo entiendo.
—Pero no te gusta —sentencia su hermana, y Blaise no puede rebatírselo—. Aunque eso sigue sin explicar por qué no tienes una cita esta noche.
—No me apetece. Hace frío. El fin de semana pasado ya estuve de fiesta y me lo pasé muy bien…
—Es verdad; te acostaste con una chica en una de las habitaciones.
—Estuvo bien. —Se encoge de hombros y le guiña el ojo a su hermana—. Simplemente no me apetece. Quería pasar algo de tiempo con Nova. Ahora, con el trabajo, casi no la veo y la echo de menos.
—Ella también te extraña, cariño. Si pasara algo, ¿me lo dirías?
—Por supuesto, Layla. No ha ocurrido nada. Parece que sea extraño que no salga todos los fines de semana, cuando sabes que adoro pasar tiempo con la familia.
Layla lo mira con los ojos entrecerrados durante algunos segundos antes de darse por vencida y sonreírle.
—Está bien. Ya que estás aquí, mueve ese culo y ayúdame a doblar las sábanas.
***
Está cabreado y un poco defraudado. Empieza a pensar que Noah, además de tener mucho trabajo, está enfadado con él, porque las únicas veces que se han visto en ese tiempo han sido los pocos minutos que ha tardado Blaise en dejarle la compra.
Además, responde tarde a sus mensajes, no salta con sus pullitas y ya no hay llamadas para contarse tonterías.
Lo echa de menos y a la vez le dan ganas de dejar de intentarlo, porque, desde la fiesta de Halloween, parece que es el único que tiene interés en mantener esa amistad.
Que esa tarde Noah le haya informado de que no necesitaba que lo recogiera para ir al club de lectura ha sido la gota que ha colmado el vaso.
Se sienta junto a Willow cuando llega al centro social para hablar de los últimos libros que ha pedido prestados en la biblioteca, así que no ve a Noah entrar en la sala hasta que no toma asiento en la silla que hay frente a ellos.
Tiene la cara seria y la mirada huidiza, pero Blaise sigue en su estado de querer ignorarlo todo.
Comentan el romance que habían decidido leer, y la reunión no tarda en convertirse en un montón de conversaciones entrelazadas, como ocurre cada vez que el club se junta. A Blaise le encanta. Adora escuchar las teorías de sus compañeras, sobre todo cuando aún no saben el desenlace.
Noah está menos participativo que en las dos citas anteriores, y eso que ya habló poco en ellas, pero Blaise no puede olvidarse de que está sumergido en el trabajo y que está sometido a mucha presión.
Mucha de la cual se ha autoimpuesto él mismo.
No tiene ninguna duda al respecto, porque en esos meses ha llegado a conocerlo bastante bien.
Cuando la hora del final de la reunión se acerca y las chicas comienzan a recoger sus cosas, Noah carraspea y dice un «perdón» que hace que todas se giren a mirarlo.
—Como ya sabéis, estoy acabando mi segunda novela y voy a estar muy ocupado durante las próximas semanas, así que no sé si voy a tener tiempo de cumplir las metas ni tampoco de comentarlas.
—¿Vas a dejarnos? —pregunta Willow, echándose hacia delante.
—Sí… Pero solo temporalmente. Lo prometo.
Blaise observa a Noah como si no lo conociera, como si esa fuera la primera vez que lo ve. Sus miradas se cruzan durante unos segundos, pero el escritor la desvía con rapidez antes de dedicarle una sonrisa a Willow.
—Volveré cuando todo esté más calmado. No tengo intención de abandonaros.
—Más te vale —le espeta María—. Nosotras merecemos ser las primeras en leer tu novela.
Noah se ríe, bajito y suave, con las mejillas encendidas, tal y como Blaise le ha visto hacer un millón de veces en ese tiempo.
Ayuda a Willow a ponerse en pie y le sostiene el bolso cuando la mujer se pone el abrigo. Cuando Blaise vuelve a mirar hacia el grupo, Noah ha desaparecido.
Tiene la tentación de conducir hasta la casa de Noah cuando deja a Willow en su apartamento, pero se conoce demasiado para saber que en ese estado de confusión y enfado no es una buena idea, así que regresa a casa, pero con la firme idea de averiguar qué cojones le está pasando a Noah.
Así que, al día siguiente, se dirige a casa de Noah en cuanto sale del trabajo. Camina con paso rápido y firme por el camino de acceso, y llama al timbre con más fuerza y durante más tiempo del que suele hacerlo.
Respira hondo cuando ve la silueta de Noah acercándose a través del cristal esmerilado de los laterales de la puerta y lo suelta cuando se abre un hueco en ella.