CAPÍTULO 19
Blaise
Aprovecha que su abuela ha hecho tarta de calabaza para llevarle un trozo a Noah y comprobar qué tal se ha recuperado tras la fiesta de Halloween.
Es evidente que su amigo ha pasado mala noche, porque tiene ojeras y gesto cansado, así que, en cuanto cierra la puerta y deja el trozo que le ha llevado sobre el zapatero, estrecha a Noah entre sus brazos. Se nota que está cansado, porque ni siquiera se relaja en el abrazo.
—Nana te manda un trozo de la mejor tarta de calabaza que vas a probar en tu vida —le susurra junto al oído antes de soltarlo—. Eso te va a curar todos los males, chiqui.
Ladea la cabeza cuando ve a Noah forzar una sonrisa. Normalmente, las de verdad son amplias y luminosas, las más bonitas que ha visto en mucho tiempo, pero esa tarde ni siquiera le alcanzan los ojos.
—¿Sigues encontrándote mal? Taylor dice que tenías muy mala cara cuando te vio antes de salir de la casa, y ahora no pareces mucho mejor.
—He dormido poco. —Hasta la voz de Noah suena… extraña. Más seca y algo más triste—. Y tengo mucho trabajo. De hecho, estoy esperando una…
En ese momento, desde el despacho, llega el sonido de la aplicación de reuniones online, anunciando una llamada.
—Es mi agente, tengo que cogerla. Hablamos en otro momento, ¿vale?
Blaise frunce el ceño, confundido, porque acaba de quitarse la cazadora y ni siquiera ha pasado de la entrada, pero entiende que Noah tiene que trabajar, así que vuelve a abrigarse y asiente.
—Claro, chiqui. Pero prométeme que vas a descansar algo esta noche. Tienes un aspecto lamentable. Sigues siendo jodidamente guapo, pero pareces… cansado.
—Lo haré. No te preocupes.
Abre la puerta para salir, pero Noah lo llama, así que se gira para observar a su amigo.
—Gracias por venir y preocuparte.
—Somos amigos, chiqui. Para eso estamos. Llámame si necesitas cualquier cosa.
Noah aprieta los labios y asiente antes de despedirle con un gesto de la mano y cerrar la puerta mientras el sonido de la videollamada sigue sonando de fondo.
***
En cuanto ha terminado de enviar los correos a sus proveedores para reponer los productos de la tienda, Blaise se sienta tras el mostrador para ver qué pedidos tiene que preparar para el día siguiente.
Frunce el ceño al ver el nombre de Noah en la lista, pero le sorprende que esté escrita con la letra de Rogelio.
—Nana, ¿ha venido Noah a hacer un pedido?
—No, cariño. Ha llamado por teléfono. Lo ha cogido Roge y le ha dicho que, si no puedes acercárselo tú, se lo llevará él mañana. Así que, si tienes hueco, puedes ir preparándolo y se lo llevamos antes de ir a casa.
Le parece buena idea, aunque tener a su abuela en el coche le impedirá pasar tiempo con él. Algo que le encantaría hacer, teniendo en cuenta que no le ha visto nada en toda la semana y apenas se han intercambiado algunos mensajes en esos días.
Sabe que Noah está muy ocupado, que está terminando la novela y tiene que centrarse, pero echa mucho de menos tumbarse en el sofá de su salita a leer o pasarse horas hablando de cualquier tontería después de una de esas deliciosas cenas que le prepara.
—Oh, es jueves, lo había olvidado. Tienes que ir al club de lectura —le recuerda su abuela.
—Esta semana no tenemos reunión. Con Halloween, la mayoría no han cumplido las metas y hemos decidido retrasarlo a la próxima semana.
—Entonces nos viene genial, cariño.
No es lo que le gustaría, pero algo es algo. Al menos, podrá comprobar que su amigo está durmiendo y descansando, porque la última vez que lo vio le dejó preocupado y no sabe si fiarse cuando le dice por mensaje que está bien.
Así que aprovecha cuando no tiene que atender a ningún cliente para preparar el pedido que ha hecho Noah. Se encarga de seleccionar los productos más frescos y de mejor aspecto, sabiendo el mimo con el que luego los trata para preparar todos esos deliciosos platos.
Mete la caja con todos los productos en el maletero del coche y luego acompaña a Nana hasta el asiento del copiloto. Unos minutos después, detiene el vehículo frente a la casa de Noah.
—Cariño, será mejor que se la lleves tú. Si voy contigo, tardaremos mucho, porque hoy me duelen las articulaciones.
—Como prefieras, Nana.
—Dale recuerdos de mi parte y dile que le esperamos en casa cuando acabe de escribir esa maravilla en la que está trabajando —añade su abuela con una enorme sonrisa.
—Se lo diré. No te preocupes.
Llama al timbre y espera a que su amigo le abra la puerta. Escucha su voz a lo lejos y se le dibuja una sonrisa en los labios, aunque está seguro de que Noah está hablando con otra persona. Los labios del escritor se curvan cuando lo ve, y se hace a un lado para dejarlo entrar.
—Estoy en medio de una videollamada —susurra Noah, señalando hacia el despacho con el pulgar—. Si no te importa esperar…
—Tranquilo; solo he venido a traerte el pedido. Mi abuela está en el coche y no quiero hacerla esperar.
Noah se pone de puntillas y mira por encima del hombro de Blaise para ver a Nana dentro del vehículo y la saluda con la mano, sonriendo como solo él sabe hacerlo.
Aprovecha ese tiempo para observarlo: tiene mejor cara que la última vez que lo vio, las ojeras no son tan pronunciadas, aunque sus ojos siguen pareciendo muy tristes, y su rostro ha recuperado el color que había perdido.
—Dice que te espera en casa en cuanto termines esa obra de arte —añade en cuanto los ojos azul grisáceo de Noah se detienen en los suyos—. Me desheredará si no te invito.
—Esto no acaba cuando termine de escribir, pero prometo intentar sacar tiempo para visitarla.
—¿Solo a ella? Voy a sentirme rechazado, chiqui.
Noah se muerde los labios y luego fuerza una sonrisa antes de asentir.
—A veros, claro. Siento ser tan poco hospitalario, pero tengo que volver a la videollamada.
—Claro, claro. ¿Te dejo esto aquí…?
—Conoces la casa. Déjalo sobre la isla y ya lo colocaré mientras hago la cena. —Noah sonríe y esta vez sus ojitos se estrechan, síntoma de que lo hace de verdad—. Muchas gracias por traerme la compra, Blay.
—Sabes que es un placer.
Lo observa alejarse a la carrera para regresar al despacho, y se pone en marcha. Deja la caja sobre la encimera, tal y como su amigo le ha pedido, y se detiene un segundo para despedirse de Noah con la mano antes de abandonar la casa.
—Dice que intentará pasarse cuando termine de escribir —le comunica a su abuela, que suspira y sonríe.
—Es un gran chico.
—Sí lo es.
—Y muy guapo —añade Hazel sin dejar de mirar a su nieto.
Blaise pone los ojos en blanco y enciende el motor.
—Lo es, pero no vayas por ahí, Nana.
—No voy por ningún lado, cariño. Solo resalto un dato objetivo.
Suelta una carcajada mientras comienza a circular de vuelta a su casa. Si no fuera porque la conoce demasiado bien, Blaise se podría tragar las explicaciones de su abuela, pero lleva toda su vida lidiando con sus comentarios y sus silencios.
—Sabes lo que opino, Nana.
Nana chasquea la lengua y la ve negar con la cabeza por el rabillo del ojo. Sabe que su abuela no está de acuerdo con su decisión, con cómo afrontó la ruptura con Seven y se enfrentó a lo que vino después, aunque no le diga nada y se limite a mirarlo como si ella supiera algo que Blaise desconoce.
—Deja de hacer eso —la advierte.
—¿A qué se supone que te refieres?
—A pensar que no sé lo que estoy haciendo y que, en algún momento, me daré cuenta de que estoy equivocado.
Nana aprieta mucho los labios hasta que se fruncen tanto que parece una caricatura, y levanta una ceja en un gesto que conoce muy bien.
Es el mismo que usa con él y Layla desde que eran pequeños y hacían una trastada.
Su abuela jamás les gritaba; solo hacía eso y los miraba hasta que se sentían tan mal que acababan confesando.
—Ya no tengo cinco años, Nana.
—No, no los tienes, aunque a veces lo disimulas muy mal.
Blaise agradece llegar a casa porque no le apetece seguir teniendo esa conversación.
Es muy consciente de que a toda su familia le cae genial Noah, y sabe que a Layla y a su abuela les encantaría que surgiera el amor entre ellos dos, ignorando lo que él lleva años asegurándoles.
No quiere enamorarse. No va a volver a concederle a nadie el poder de hacerle tanto daño.
—Solo quiero que seas feliz, cariño —susurra su abuela cuando se coge de su brazo para subir el escalón que lleva a la puerta.
—Lo sé, Nana. Solo que tal vez mi idea de felicidad no sea la misma que la vuestra.
Nana no dice nada, pero vuelve a fruncir los labios, aunque esta vez se ahorra la ceja arqueada.
***
Se deja caer en el sofá de la casa de Layla y Wes después de jugar con Nova hasta que la niña ha caído rendida por el cansancio. Le duelen partes del cuerpo que ni recordaba tener, pero no puede dejar de sonreír como un auténtico idiota porque adora pasar tiempo con su sobrina.
Levanta la cabeza cuando escucha el ruido de las ruedas de la silla de su hermana rodar por encima del parquet para ver llegar a Layla.
—Ha caído como una bendita. Creo que voy a contratarte como canguro a partir de ahora.
—De eso nada, hermanita. Bastante tengo con lidiar con varios de estos monstruitos cada día. —Deja caer de nuevo la cabeza y cierra los ojos—. Y me pagan mejor de lo que tú lo harías.
—Yo no estaría tan segura de eso.
—Soy tu hermano, Layla. Sé lo que ganas y lo que puedes permitirte pagarle a un canguro.
—A veces creo que te cuento demasiadas cosas. —Su hermana levanta la mano y le calla cuando le ve abrir la boca—. Luego recuerdo que tú me cuentas detalles de tus citas y se me pasa.
—Eres mi mejor amiga. A alguien tendré que contárselo.
—A ver cuándo te reconcilias con Jim.
Tuerce el gesto y niega con la cabeza. Aunque Jim dejara de comportarse como si le hubiera engañado, su relación no volvería a ser igual que antes. No se sentiría cómodo contándole cosas íntimas, sabiendo lo que su amigo ha sentido por él.
Se incorpora hasta quedar sentado en el sofá, con la espalda apoyada en el respaldo.
—No volverá a ser como antes, princesa.
—Si vas a volver a que no debió enamorarse de ti…