CAPÍTULO 18 #2
—Tu primer baile es mío —le grita Zack junto al oído antes de tirar de él hacia el interior de un enorme salón, ahora convertido en pista.
Se ríe y se deja arrastrar hasta que la multitud los engulle.
Se hacen un hueco lo bastante amplio para poder contonearse al ritmo de la música.
Zack no tiene ningún problema en pegarse a su cuerpo, y Noah no protesta, porque no está haciendo ningún intento de tocarlo de forma inapropiada.
De hecho, la única que le ha tocado el culo es la chica que baila a su espalda y que hace una mueca de disculpa cada vez que sus miradas se cruzan.
Después de un par de canciones, se les unen Taylor y Blaise. El resto lo hace unos temas más tarde. Jim lo ignora toda la noche, bajando la cabeza cada vez que Noah le echa un vistazo a la estancia.
No puede evitar sonreír cuando siente el brazo de Blaise rodeando su cintura y pegándose a su espalda para bailar algo de Bad Bunny.
Espera con todas sus fuerzas que el profesor no se dé cuenta de cómo se estremece cada vez que se acerca a él y su aliento le calienta la piel.
Agradece mucho que Blaise no se haya puesto cara a cara, porque así, al menos, no tiene que mirarlo a los ojos cuando se esfuerza por no mostrar lo mucho que lo altera cada roce de sus caderas.
Percibe cómo Blaise dobla un poco las rodillas para estar a su altura y se encaja contra su cuerpo, apoyando la barbilla sobre su hombro. La sombra de la barba de su amigo le acaricia la barbilla, y el aire que escapa de sus labios le roza la mejilla y le eriza el vello de todo el cuerpo.
—No me creo que haya tardado más de dos meses en conseguir que bailaras conmigo —le grita Blaise junto al oído para hacerse oír por encima de la música.
—Nunca me lo has pedido.
—Te he pedido otras cosas y me has dicho que no.
Traga saliva y usa todo su autocontrol para no mostrar cuánto le afectan esas palabras, forzando una sonrisa que pretende ser tranquila para que nadie del grupo lea cómo se siente en realidad.
—No vamos a bailar así —le recuerda, tragándose lo mucho que empieza a atraerle la idea.
Blaise chasquea la lengua y se aparta de su espalda, obligando a Noah a que se gire hasta que sus narices casi se rozan.
Puede ver cómo los iris azules de su amigo parecen más oscuros en esa penumbra, e incluso le parece que las pupilas están algo dilatadas, pero no sabe si es cierto o su imaginación haciéndole ver algo que no existe.
—Solo porque tú no quieres, chiqui. No porque yo no esté dispuesto —susurra Blaise, aprovechando los segundos de silencio cuando la canción de Bad Bunny acaba y comienza una de Sabrina Carpenter.
El profesor suelta una carcajada, tan alta que se escucha por encima de la música, y se vuelve hacia Taylor, a la que coge de la mano y ambos se ponen a cantar como si les fuera la vida en ello. A Noah le encanta ver cómo le brilla la mirada a su amigo.
Se queda junto a Zack, aunque no tarda mucho en perderlo entre la gente cuando un chico guapo pasa a su lado y le lanza una mirada poco disimulada.
Noah se ríe cuando ve al joven desaparecer en pos del desconocido y se gira para buscar a Blaise, pero solo encuentra a Taylor, bailando con un chico que le suena haber visto al salir de la salita de los abrigos.
Se vuelve para buscar la cocina. Necesita beber algo más, porque hace un buen rato que acabó su copa y tiene la boca seca. Se hace hueco entre los cuerpos disfrazados hasta que se topa con una isla llena de bebidas, cubiteras y vasos de papel rojo.
No le apetece nada tomarse algo fuerte, así que abre la nevera, con algo de esfuerzo entre tanta gente, con la esperanza de encontrar una cerveza.
Se felicita cuando ve unas cuantas. Algo fresco le vendrá bien para aliviar ese calor.
Abre el botellín y se apoya en la isla mientras le da el primer sorbo.
Y entonces lo ve.
Blaise, bailando tan pegado a una chica que apenas se distingue dónde comienza uno y acaba la otra. Su amigo está sonriendo, con los labios cerca de los de esa mujer, que ríe al tiempo que sube las manos por los brazos del profesor hasta dejarlas sobre sus hombros.
Se nota frío y agarrotado, como si acabaran de tirarle un jarro de agua helada encima, así que deja la cerveza sobre el mármol, pero no aparta la mirada cuando Blaise baja la cabeza y besa a esa chica.
Solo cuando ve cómo sus labios se unen, cierra los ojos y suspira.
Había intentado no imaginarse que algo así podría ocurrir, por su propio bien, pero ahora lo tiene delante y esas imágenes lo perseguirán cada vez que piense en su amigo.
Esta vez no se molesta en ser cuidadoso con la gente cuando se abre paso entre la multitud de camino a la salita para recoger su abrigo. Gruñe y está a punto de soltar un improperio cuando una mano en el pecho le impide seguir avanzando, pero se contiene a tiempo cuando ve a Taylor.
—¿Estás bien? Tienes mala cara —grita la chica para hacerse oír.
—Me he agobiado. Solo necesito tomar un poco de aire fresco.
—Vale. Nos vemos cuando vuelvas.
Taylor da media vuelta y regresa al interior de la casa. Noah revuelve entre el montón de ropa hasta dar con su abrigo y sale de la casa, casi a trompicones. Se detiene en mitad del jardín delantero y boquea en busca de un poco de aire.
Hay casi tanta gente fuera como dentro de la mansión, así que Noah atraviesa la valla y se aleja por el camino en dirección al coche de Blaise, pero, antes de llegar, saca el teléfono del bolsillo y busca la aplicación de taxis.
Ni siquiera lo duda cuando pide uno para regresar a casa.
No puede quedarse en ese lugar ni un segundo más.
Espera a estar sentado en la parte trasera del vehículo para enviarle un mensaje a Blaise, avisándole de que se encuentra mal y se vuelve a casa.
Respira hondo y cierra los ojos cuando ve el nombre de su amigo en la pantalla. No le apetece hablar con él, pero sabe que no dejará de intentarlo hasta que se lo coja.
—¿Dónde estás? Te llevo a casa ahora mismo —dice su amigo, con la música de la fiesta de fondo.
—Estoy en un taxi, a punto de llegar. No te preocupes. Vuelve a la fiesta, Blay.
—¿Por qué no me has avisado?
—No quería molestar. —Apoya la cabeza en la ventanilla y agradece el frío del cristal.
—No digas tonterías.
—Estabas disfrutando de la fiesta y no quería cortarte el rollo.
—Podría haberte llevado a casa y luego regresar. Eres más importante que Halloween. —Blaise suspira y se queda en silencio durante unos segundos. La música suena cada vez más alejada—. ¿Estás bien?
—Solo necesitaba salir de ahí. Me estaba agobiando. No te preocupes por mí, Blay, y vuelve a la fiesta.
—Te llamaré mañana.
Se alegra de colgar la llamada, aunque eso signifique quedarse a solas con sus pensamientos y sus sentimientos, con ese dolor en el pecho y los pinchazos en el corazón.
Sube las escaleras a la carrera y se quita el disfraz como si le quemara, tirándolo al suelo con tanta fuerza que está a punto de tirar una de las lámparas. Se mete en la cama y se tapa hasta la frente, como si así pudiera dejar de sentir ese malestar que no le deja respirar con normalidad.
Ha sido un imbécil pensando que lo que estaba sintiendo era algo pasajero y que se olvidaría si pasaba unos días alejado de Blaise. Se ha dado cuenta demasiado tarde de sus sentimientos, y ahora son más profundos de lo que imaginaba y no va a ser tan fácil olvidarlo.
Noah cierra los ojos y suspira, negando con la cabeza.
Cómo se le ocurre enamorarse de Blaise después de todo lo que le ha dicho, de todas las advertencias, sabiendo cómo ha cambiado su relación con Jim después de cometer el mismo error que él.
Va a perder a un buen amigo y no se le ocurre cómo evitarlo sin acabar con el corazón roto de nuevo.
***
Duerme poco y mal, despertándose sin ningún motivo, soñando con cosas que no recuerda al despertar, pero que le dejan el cuerpo revuelto y el corazón acelerado.
Así que, en cuanto piensa que no es demasiado temprano, sale de la cama, se da una ducha y baja a prepararse el café más cargado que pueda elaborar.
Marca el número de Stella en cuanto termina de desayunar, esperando que su amiga no lo mande a la mierda por despertarla.
Se le dibuja una sonrisa en los labios cuando el rostro de su mejor amiga llena la pantalla, porque, da igual lo que pase, siempre podrá contar con ella.
—¿Qué pasó anoche? —le pregunta Stella, acercándose el móvil a la cara para verle mejor.
—¿Cómo sabes que ocurrió algo?
—Me llamas a estas horas, después de Halloween y con cara de no haber dormido. Te conozco, amigo.
—Blaise se enrolló con una chica anoche —reconoce, con un hilo de voz.
—Oh, mierda… Noah… —Stella lo sabe. Le ha bastado una frase para entender lo que a él le ha llevado varios días descubrir por las malas—. Lo siento mucho, pero no puedo evitar alegrarme de que hayas pasado página y olvidado al gilipollas.
—No creo que sea el momento, Stella. Enamorarse de un tipo que no quiere relaciones serias y verlo comerle la boca a una chica no es lo que esperaba.
—Ya, perdón —susurra su mejor amiga antes de chasquear la lengua—. Creo que será mejor que unamos a Eli y Jason a la videollamada.
Suelta un sonidito parecido a un sollozo antes de asentir. Sabe que tarde o temprano tendrá que contarles la historia a sus otros amigos, pero hacerlo después de ese horror de noche no le apetece nada.
—Nosotros no te juzgamos, Noah. Recuérdalo —comenta Stella, justo antes de que las caras somnolientas de Eliana y Jason aparezcan en la pantalla partida.
—Debe ser grave si nos llamáis a esta hora. —Eliana gira la cabeza para comprobar que Delilah sigue durmiendo y sale de la cama, frotándose los ojos—. ¿Quién necesita ánimos?
—Noah —susurra Jason, incorporándose para apoyar la cabeza en el respaldo de su sofá cama—. Déjame adivinar: ese tal Blaise.
Mira a su amigo con los ojos entrecerrados, aunque no tiene muy claro si está enfadado o simplemente sorprendido porque Jason pueda leerlo tan bien.
—Me encantaría decir que lo sabía, pero, a juzgar por la mala cara que tiene Noah, creo que no hay nada que celebrar —interviene Eliana—. ¿Pasó algo en la fiesta?