CAPÍTULO 18
Noah
Se ha mantenido un poco al margen de los preparativos de la fiesta de Halloween porque sigue sin estar muy convencido de que sea buena idea ir.
No solo por lo que le dijo a Blaise de que no se siente cómodo acoplándose a los planes de su grupo de amigos, y mucho menos si eso incluye a Jim.
También porque, después de ser consciente de que le ha empezado a gustar el profesor, puede que no sea muy buena idea irse de fiesta con él.
No, al menos hasta que se le pase un poco.
Así que ahí está, delante del traje de algún superhéroe que no conoce y que le ha traído Blaise a primera hora de la mañana antes de irse a no se sabe dónde, decidiendo si fingir que está malo o prestarse a esa locura.
No es que le moleste disfrazarse, en absoluto.
Las fiestas de Halloween de Stella son un clásico, pero esas mallas parecen demasiado estrechas para mantener su dignidad intacta.
Pone los ojos en blanco en cuanto ve el nombre de Eliana en la pantalla. Está seguro de que la ha mandado Stella para conseguir imágenes del traje, después de que le haya llorado por mensaje mientras desayunaba.
—No te voy a mandar fotos del traje —dice a modo de saludo—. Ni siquiera he decidido si voy a ir a la fiesta.
—Tengo demasiada paciencia con vosotros.
—Te recuerdo que le pegaste una bofetada a Castiel. No sé de qué estás hablando.
—Eso fue porque se portó muy mal contigo, Noah —se defiende su amiga—. Se merecía la patada en los testículos que Stella quería darle.
—Te podrías haber metido en un lío por mi culpa.
—Soy abogada, cariño, creo que me las habría apañado.
Además, el idiota de tu ex es demasiado orgulloso para admitir públicamente que una mujer lo ha humillado.
Pero dejemos de hablar de ese. Quiero ver el disfraz.
Stella dice que sería una fantasía verte con eso puesto y que no entiende cómo a Jason no se le ha ocurrido antes que te lo pusieras.
—Porque con Jason tengo la confianza suficiente para mandarlo a la mierda si se le ocurre.
Con los amigos de Blaise, no. —Coge las mallas y se las coloca por delante antes de situarse frente al espejo—.
Esto es ridículo. Me voy a sentir incómodo toda la noche, no sé ni por qué me estoy planteando ir.
—Porque necesitas socializar, Noah. Te va a venir bien salir, bailar un rato, entretenerte…, divertirte. No todo va a ser trabajar. Seguro que te lo pasas bien con Blaise.
Hace una mueca, que agradece que Eliana no vea porque tendría que explicar el porqué, y no está preparado para volver a reconocer en voz alta que le gusta su amigo.
—¿De qué te vas a disfrazar para la fiesta de Stella?
—Calla, que ha sido todo un desastre. Siempre habíamos querido ir de Beyoncé y Jay-Z, pero con la que está cayendo ninguna de los dos está por la labor, así que nos ha tocado buscar algo de última hora. Vamos a ir de Wicked.
—Si estuviera en Boston, yo sería vuestro Fiyero —promete, ilusionado—. Aunque no me parezco a Jonathan Bailey.
—En eso no voy a contradecirte. Sabes que te quiero y que me pareces precioso, pero es que ese hombre…
—Lo sé. Es perfecto.
—¿Vas a enseñarme ya el disfraz? —insiste su amiga.
—¡Ni siquiera sé de qué iría, Eli! No veo películas de superhéroes, ya lo sabes.
—Está bien; voy a hacerte una videollamada para que me lo enseñes.
—Mi friki favorita.
—Si te oye Stella decirme eso, te arranca los testículos. —Eliana se ríe, pero Noah no puede evitar apretar los muslos y poner una mueca de dolor—. Cuelga y te llamo.
Alza el teléfono para que le enfoque la cara cuando coge la videollamada. Le lanza un beso a la pantalla cuando aparece el rostro de su amiga, y siente algo cálido extendiéndose en su pecho cuando Eliana le sonríe.
—Te echamos de menos, cariño, pero estamos muy orgullosas de que no te hayas rendido.
—Yo también os extraño. Estoy deseando volver a achucharos. He pensado que tal vez podíamos pasar aquí la Nochevieja —propone con una sonrisa.
—Me encanta la idea. Seguro que al resto también. Pero, ahora, a lo importante. Enfócame ese disfraz, cariño.
Noah gira la cámara para que muestre el reflejo del espejo y mueve un poco el teléfono para que lo vea entero.
—Cariño, con lo listo que eres para algunas cosas… —le reprende su amiga—. Es el Capitán América. Nick Nelson lo lleva en la fiesta de Halloween de la tercera temporada.
—Anda, es verdad… Pero yo no soy Kit Connor, Eli. Mi espalda es la mitad que la suya.
—Te va a quedar genial. Póntelo y disfruta de la noche, cariño. Te lo has ganado. Siempre puedes volverte a casa si la cosa se tuerce o realmente lo estás pasando mal.
—Se supone que Blaise pasa a recogerme para llevarme a la fiesta —dice, tirando el disfraz sobre la cama y volviendo a girar la cámara.
—¿No hay ni un solo taxi en Ceapaire?
—Sí, hay. Aunque esta noche estarán algo saturados.
—Noah… —El tono de Eliana es una mezcla de cansancio y diversión—. Deja de poner excusas y cámbiate.
—Tienes que irte.
—Debería empezar a arreglarme, sí. Hazme caso y disfruta un poco. Y hazte una foto con el disfraz para que Stella no se presente allí para verte con sus propios ojos. No quieres eso y sabes que es capaz.
—Como hagáis una sola broma… —le advierte.
—Seremos buenos. Además, te va a quedar genial.
Pone los ojos en blanco y se despide con un beso al aire antes de colgar la videollamada.
Tira el teléfono sobre el colchón y se queda mirando las mallas.
Sabe que sus amigos tienen razón, que debería salir y divertirse en lugar de quedarse en casa.
Así que se sienta a los pies de la cama y luego se deja caer de espaldas con un suspiro.
—A la mierda… —gruñe, incorporándose para ir al cuarto de baño.
***
Cuando Blaise toca el claxon frente a su casa, una hora después, Noah se pone el abrigo y sale corriendo. Se sorprende cuando no hay nadie en el asiento del copiloto, pero mucho más cuando se gira dentro del vehículo y la parte trasera también está vacía.
—Buenas noches. Pensé que ibas a recoger a tus amigos también.
—Buenas noches, chiqui. Jim y yo en el mismo coche no es una buena idea. Y a Taylor le queda más cerca las casas del resto. —Blaise lo mira de pies a cabeza y levanta una ceja—. Estás muy guapo, por cierto. Creo que han acertado dándote ese disfraz.
—Ni siquiera me has visto; llevo el abrigo puesto.
—Tú siempre estás guapo, y he visto el traje antes. Tengo mucha imaginación, chiqui.
Se le escapa una carcajada cuando escucha al profesor, pero eso no evita que sienta un peso en el estómago.
No le molestan los comentarios con connotaciones sexuales que le hace Blaise.
Siempre le han hecho gracia, nunca se ha sentido incómodo con ellos ni le han parecido demasiado explícitos.
Pero en ese momento, en el que es consciente de que siente algo por él que no va a ser correspondido y que todo el interés que su amigo pueda tener por él se limita a llevárselo a la cama, le hacen sentir uno más. Y eso no le gusta nada.
—Tienes mala cara, ¿te encuentras bien? —le pregunta Blaise antes de ponerse en marcha de nuevo.
—Sí, no te preocupes. He estado durmiendo poco estos días.
—¿La novela?
Suelta un gruñidito, que puede ser interpretado como una afirmación o una negación.
Es cierto que le cuesta mucho dormirse. También que la novela le tiene tenso, porque se está planteando varios finales y no sabe con cuál de ellos quedarse, y eso no le gusta.
Suele tener muy claro cómo quiere acabar las historias y se siente muy inseguro en esa fase desconocida.
Pero no es ese el motivo que lo mantiene despierto hasta la madrugada.
Cómo salir de esa situación, en la que no puede decirle al profesor lo que siente por él sin perder la amistad, pero tampoco quiere alejarse y enrarecerla, es lo que no le deja dormir por las noches.
En el fondo sabe que, tome la decisión que tome, va a perder un amigo o, al menos, cambiarán las cosas.
—Tienes que descansar, chiqui. —Blaise pone una mano en su rodilla y aprieta con suavidad antes de volver a colocarla sobre el volante—. Sé que tienes un plazo que cumplir, pero estoy seguro de que tu editora prefiere que te retrases a que acabes en el hospital.
—No seas exagerado. Solo han sido un par de malas noches.
Agradece que Blaise esté centrado en la carretera y no note el escalofrío que le recorre la columna vertebral con ese simple toque. Está fastidiado si no se le pasa pronto el crush que tiene con su amigo.
Apenas tardan unos minutos en llegar a la casa donde se celebra la fiesta.
Está a las afueras de Ceapaire, pero no demasiado lejos de la casa de Noah.
Según le contaron durante aquella cena, es propiedad de un adinerado empresario al que le gusta pasar los veranos en Cabo Cod, pero lejos del bullicio que trae el verano.
Su hijo la usa para organizar una gran fiesta en Halloween desde que aprendió a conducir, y todos los años se llena con los jóvenes de todo el condado.
Aparcan en el camino a medio asfaltar que lleva desde la carretera a la casa, a varios cientos de metros de las edificaciones porque, al parecer, lo de que medio Barnstable estaría en la celebración no era una exageración.
—Creo que este año hacerse con el premio va a estar complicado.
Aunque los nuestros sean los mejores —bromea Blaise, guiñándole un ojo mientras caminan a paso rápido hacia la casa.
Se encuentran con el resto del grupo junto a la valla, y Zack no tarda en colgarse de su brazo después de que salude a todos.
Había confiado en poder dejarse el abrigo puesto un rato, pero, en cuanto se adentran en el interior, el calor es tan intenso que siente que se ahoga, así que no le queda más remedio que aceptar la oferta que les ha hecho Taylor de dejarlo en la salita que hay junto a la entrada.
Se agobia solo de ver la cantidad de prendas que hay amontonadas sobre cualquier mueble de la estancia.
La música está incluso más alta que la calefacción, así que, cada vez que quiere escuchar algo de lo que dicen los amigos de Blaise, tiene que acercarse a ellos. Lo bueno de salir de fiesta con su grupo es que se comunican con la mirada y algunos gestos, y eso no puede usarlo con esas personas.