CAPÍTULO 16 #2
Abre la boca para replicarle, hasta que abre su perfil y ve el número de seguidores.
No es alguien a quien las redes le importen demasiado; son una forma de promocionar su trabajo, porque su agente y su editora lo obligan.
Pero en ese tiempo, desde que se publicó su novela, le ha subido tanto el número de seguidores que siente un poco de vértigo al ser consciente.
—¿Ya puedo atacar o vas a hacer un vídeo aesthetic para subirlo a TikTok?
—Puedes beber. ¿Cuándo me has visto hacer algo así?
—Nunca, pero estaría bien. Me encantaría que subieras vídeos de «¿Leerías una novela con estas vibes?». —Blaise levanta las manos y las mueve como si estuviera escribiendo esa frase—. Y un montón de fotos que me dejen ver de lo que va la historia.
—Todavía no está acabada y no sé si mi editora…
—Si no le gustara lo que le has mandado ya… —le corta el profesor—, te lo habría dicho para que no siguieras perdiendo el tiempo, así que deja de buscar excusas y dame mi vídeo chulo para ponerme los dientes largos.
A pesar de que no suele darle mucha importancia a todo eso, sabe que Blaise tiene razón, así que saca el móvil del bolsillo y le manda un mensaje a Stella.
—Esta noche le enviaré a Stella mi tablero de Pinterest del proyecto para que haga un vídeo de esos. Ella sabe lo que hay que hacer para que quede bien.
—¿Tienes Pinterest?
—¿Te sorprende?
—¡Sí! —Blaise le da un gran mordisco a uno de los pastelitos y mastica con calma, sin apartar la mirada de Noah, que sigue confuso por su respuesta—. No usas las redes.
—Pero es útil para buscar inspiración para lugares y escenas. Soy una persona muy… visual. A veces se me ocurren escenas e incluso ideas para novelas solo por ver un paisaje. Lo veo y pienso: «me encantaría leer o escribir una historia que tenga lugar ahí».
—Así que es así como nacen tus libros…
—No siempre. A veces se me ocurren por una noticia, una experiencia, otra novela… —Se encoge de hombros. Tiene tantas ideas guardadas en una carpeta de su ordenador que necesitaría dos vidas para poder escribirlas todas—. Nunca sabes dónde estará la inspiración.
El unicornio que viste el pie izquierdo de Blaise se mueve, llamando la atención de Noah y haciéndole sonreír. Le encanta saber que su amigo se siente tan cómodo en su casa y que sepa que es bien recibido allí.
—¿Por eso quieres saber lo que le pasó a Layla?
No le sorprende que Blaise haya sabido leer su interés por esa parte de su historia, aunque nunca ha encontrado el momento de preguntarle por algo tan personal y doloroso desde que lo mencionó al contarle lo del idiota de su ex.
—No. Me interesa porque forma parte de las experiencias que te han hecho ser así, y eres mi amigo.
Como si fuera una conversación trivial, Blaise coge la taza entre sus manos y se la lleva a los labios, pero no bebe.
—Nova tenía unos meses. Layla hacía poco que había retomado sus salidas en bici con su grupo; siempre le ha encantado el ciclismo y solía hacer rutas con gente de Ceapaire cada fin de semana. Ser madre ocupaba todo su tiempo y hacer ejercicio era su forma de liberar la tensión del día a día.
»Wes se quedó con la niña —continúa Blaise, sin mirar a Noah en ningún momento—.
Layla había dejado un par de biberones con leche materna por si a Nova le entraba hambre mientras estaba fuera.
Cuando vio que mi hermana no regresaba a la hora prevista, me llamó por si había parado a visitar a la abuela antes de regresar a casa, pero nosotros no la habíamos visto.
Tomándose su tiempo, Blaise le da un lento sorbo al café y suspira, con la mirada perdida en el jardín trasero, que se ve desde ese lugar de la isla.
—Cinco minutos después, me llamó para decirme que iba a llevar a Nova a casa de sus padres, porque le había telefoneado uno de los compañeros de Layla para decirle que habían tenido un accidente y se la estaban llevando al hospital.
»Avisé a mi madre para que fuera a hacerle compañía a mi abuela y me fui a urgencias. Todo era un caos, y tardé en encontrar a Wes y a los compañeros de ruta de mi hermana. Cuando lo hice, supe que había sido grave solo con ver el gesto de sus amigos.
Sin pensárselo dos veces, Noah se baja del taburete y se acerca a Blaise, pasándole un brazo por encima de los hombros para darle algo de consuelo.
—Al parecer, la rueda delantera de Layla chocó con una piedra. Había llovido los días anteriores y el suelo estaba cubierto de barro, así que ella no la vio y no pudo esquivarla. La bici se frenó en seco y su cuerpo salió despedido por encima del manillar.
La respiración de Blaise se hace más superficial y Noah lo estrecha contra su cuerpo. No necesita verle los ojos para saber que se han empañado.
—Cayó sobre una roca. Los médicos nos dijeron que el golpe había dañado la médula espinal y que no volvería a andar.
Fue un shock para toda la familia, y durante semanas vivimos en el hospital.
Nuestras vidas giraban en torno a lo que ella necesitase.
Luego llegó la vuelta a casa, los cambios… , la rehabilitación.
—Y lo de tu ex —aventura, sintiendo asco al pensar en cómo tuvo que ser para su amigo pasar por aquello justo en ese momento de su vida.
—Estaba demasiado centrado y ocupado en lo que necesitaba Layla para ser consciente de lo que pasaba en ese momento, pero el día que volví a casa y comprendí de verdad lo que había pasado, que me había dejado y no volvería, fue como si me tiraran un cubo de agua fría en pleno mes de enero.
—Lo siento —masculla, inclinándose para dejar un beso en la cabeza de Blaise.
El corazón de Noah se ha encogido en su pecho, así que no sabe cómo el profesor pudo sobreponerse a algo así.
—Me dejé caer sobre la cama y me pasé horas llorando, pero por la mañana me di una ducha, me vestí y fui a trabajar como si no hubiera pasado nada.
Tardé semanas en contárselo a mi familia, pero yo no dejaba de darle vueltas en mi cabeza a las palabras de Seven.
—A pesar de que no queda café, Blaise sigue aferrado a la taza, como si le diera el valor que necesita para seguir contando su historia—.
Y me las creí. Todas y cada una de ellas.
»Que daba asco, que debería avergonzarme y que nadie me iba a querer nunca.
—Nada de eso es verdad.
—Lo sé. Me costó un par de años de terapia y que Layla me diera un sermón para que me diera cuenta de que valía mucho más de lo que Seven podría llegar a soñar. Es mi hermana mayor, tengo que hacerle caso —bromea Blaise, y Noah no puede evitar sonreírle.
—Y, aun así, dejas que la idea de que no mereces ser querido siga en tu cabeza.
Con toda tranquilidad, Blaise deja la taza sobre la mesa y levanta la cabeza para mirarlo.
—No. Sé que merezco que me quieran, pero no me interesa enamorarme de alguien. Te hace ser vulnerable, y no pienso darle ese poder a nadie nunca más.
—Blay, la mayoría de la gente no usaría esa vulnerabilidad para hacerte daño. —Intenta sonar seguro, pero su amigo niega con la cabeza.
—Puede que tu experiencia sea diferente. Solo has acabado mal con uno de tus ex. Todos los míos han sido unos mierdas. Tengo un gusto pésimo para enamorarme y no voy a volver a pasar por eso.
La boca de Noah se abre, pero ningún sonido la abandona. Sabe que en ese momento no va a convencer a Blaise de nada, pero le duele verlo así, saber que su motivo para no querer enamorarse es el miedo a que le hagan daño. No debería ser así.
Noah siempre ha sido un romántico. Su madre siempre le decía que, habiendo nacido el 14 de febrero, no podía ser de otro modo. No concibe su vida temiendo enamorarse. A veces sale mal, pero incluso entonces, con alguna excepción, merece la pena todos los momentos buenos que te deja.
El sonido de la vibración del móvil de Blaise rompe el silencio que se ha instalado en la cocina.
—Es Taylor. Quiere saber tus medidas para buscarte el disfraz de Halloween.
Noah vuelve a su taburete, pero coge la mano de Blaise para no romper el contacto físico con él. Suspira y niega con la cabeza.
—No sé si es buena idea que vaya, Blay. Apenas conozco a tus amigos y no me apetece crear más mal rollo con Jim. No le caigo bien y…
—Tonterías —le interrumpe Blaise, levantando un poco la voz—. Mis amigos te adoran y Jim no tiene un problema contigo; solo está enfadado conmigo porque no quise nada más con él. Se le pasará en algún momento. Será divertido, Noah. Y me debes una salida, ¿recuerdas?
Algo en el rostro de Noah debe indicarle a Blaise que no está convencido, porque aprieta su mano y tira un poco para acercarlo a él.
—Apenas sales de casa. Solo a comprar, a correr por la playa o a dar una vuelta rápida.
Necesitas distraerte o vas a volverte loco.
Solo será una noche. Beberemos, bailaremos, conocerás a gente y, quién sabe, tal vez tengas una idea para otra novela.
Por no hablar de que a Zack le romperás el corazón si no vas.
—No voy a liarme con Zack.
—¿Por qué? Es guapísimo y un encanto. —Blaise levanta las cejas un par de veces, provocativo—. Y le gustas.
—Es tu amigo. No me siento cómodo.
—No digas tonterías. Si te apetece… Si surge, no te cortes. A nadie le amarga un dulce, chiqui. Tampoco es como si Zack quisiera casarse contigo.
En el fondo, Noah sabe que Blaise tiene razón. Además, algo le dice que su amigo no le dejará en paz si no va a esa maldita fiesta, así que asiente, resignado.
—Está bien, pero deja de hacer de celestino. No te pega nada.
—Como tú quieras, chiqui. Pero espero que esa noche eches un polvo, que seguro que ya has quemado las baterías de los juguetitos que te has traído.
—Te dije que no íbamos a tener ese tipo de conversaciones, Blay —le recuerda, levantándose para ir al despacho para escribir un poco—. Puedes quedarte en la salita a leer mientras trabajo.
—Me parece bien. Tengo mi libro en la mochila.
—Veo que vienes preparado.
—Siempre, chiqui. Para lo que tú quieras.
Ignora el tono sensual de Blaise, porque no quiere pensar en por qué algo le baila en la boca del estómago cuando lo escucha.