CAPÍTULO 12 #2
—Cuando monté el club de lectura, decidimos leer un libro que la biblioteca del centro social no tenía disponible.
Willow no conduce ni tiene forma de ir a Sandwich a coger los libros prestados allí sin pedir que alguien la lleve, así que dijo que a ella no le apetecía leer ese y que se apuntaría al siguiente.
Me lo confesó unos días después, cuando me la encontré al salir de la cafetería.
»Cada vez le cuesta más leer en físico porque la vista comienza a fallarle, así que hace un par de años, entre todos, decidimos organizar un sorteo falso de un libro electrónico. Todos pusimos algo de dinero, menos Willow, por supuesto.
—Por supuesto —apunta Noah, y Blaise le da un manotazo en el brazo para callarlo.
—Le tocó a ella y, desde entonces, yo me encargo de comprarle los ebooks que leemos. Como no se aclara con la tecnología, es fácil…
—Engañarla.
—Dicho así suena fatal, pero sí. —Blaise se encoge de hombros y aprieta los labios, haciendo un gesto muy infantil—. Supongo que eso hacemos.
—No te estoy juzgando. Sé que lo hacéis para hacerle un favor y que solo su orgullo saldrá lastimado si se entera. Y, si hay que amañar otro concurso, contad conmigo.
—¿El señor perfecto se apunta a participar en un engaño colectivo?
—Eres tontísimo, Blay. —Noah lanza un paño de cocina a la cara de su amigo, que lo coge al vuelo y se echa a reír, y se pone en pie para comprobar la cena.
—Gracias, pero no olvides que ella no puede enterarse.
—Sé guardar secretos. —Noah se detiene frente al horno cuando recuerda algo—. Me dijo que quería que le firmara mi novela, ¿cómo la ha conseguido?
Blaise pone la sonrisa más falsa que le ha visto nunca antes de responder:
—Yo se la compré. Le dije que le habías mandado a mi abuela un par de novelas como agradecimiento por cuidarte la casa y que, como yo ya me la había comprado, se la regalaba. Así que no me dejes con el culo al aire y finge que enviaste ese paquete.
—Nunca traiciono a un amigo.
—Has perdido una oportunidad de oro para recordarme que no quieres ver estos preciosos y redondos glúteos. —Blaise levanta el trasero del taburete y se lo coge con ambas manos para enfatizar sus palabras.
—Estamos a punto de cenar, Blay. Un poco de respeto.
—Chiqui, estoy seguro de que te has comido cosas peores.
Noah siente cómo se sonroja y se gira para evitar que su amigo se dé cuenta y haga bromas al respecto.
Siente una mano en el hombro y se gira para comprobar que Blaise se le ha acercado por la espalda.
—¿Me he pasado? —pregunta su amigo, con un tono suave y algo preocupado.
—No, solo me ha pillado por sorpresa.
—Prometo no volver a hacer bromas sobre lo que te metes en la boca, chiqui.
Lo empuja para alejarlo de su cuerpo y suelta una carcajada cuando Blaise le guiña un ojo. Se queda de pie frente al horno mientras el profesor comienza a colocar los cubiertos sobre los manteles individuales que ha puesto sobre la encimera.
—¿Qué vas a hacer mañana? —pregunta, para cambiar de tema.
—He quedado para cenar con unos amigos. Me gustaría mucho que te animaras a acompañarme. Mis colegas están deseando conocerte.
—He venido a escribir.
—Tendrás que cenar de todas formas. —Blaise se le acerca, pone las manos enmarcando su rostro y hace un puchero—. Te prometo que volveremos pronto a casa.
—No tienes que regresar por mí. Sé volver solo. Seguro que tienes a alguien esperando.
—La verdad es que no. Hace un par de días quedé con un chico de Sandwich después del trabajo y digamos que liberé tensiones.
Se ríe mientras saca la fuente del horno y la deja sobre la isla.
Le encanta que Blaise esté tan abierto a hablar de sexo y lo haga con tanta naturalidad.
Para Noah no es algo extraño; se ha criado teniendo a Stella de mejor amiga, pero entiende que, para un pueblo tan pequeño como Ceapaire, tener a alguien como el profesor debe ser un soplo de aire fresco. Y, para algunos, algo que temer.
—¿Te apuntas a la cena o no? —insiste Blaise, sacando otra jarra de agua de la nevera.
—Ya veremos.
—Venga, chiqui. Que no muerden… a menos que te guste eso, claro.
—¿Me quieres liar con uno de tus amigos? —Abre mucho los ojos, sorprendido por esa revelación.
—Ni de coña. Los quiero mucho como amigos, pero como pareja serían un desastre, porque no les interesa comprometerse. Aunque podéis follar si os apetece, claro.
—No me estás animando demasiado a que me una a la cena.
—Soy sincero. Si pretendes conocer al hombre de tu vida, olvídalo. Pero si te apetece pasar un buen rato, reírte, escuchar anécdotas absurdas, comer algo rico —Blaise señala a Noah con un dedo—, y me refiero a alimentos, y bailar un rato, son los mejores. Al menos, la mayoría.
—¿Cómo encaja ahí lo de volver pronto a casa?
—Podemos volver después de la cena, quedarnos a las copas o alargar la noche hasta la madrugada.
Sirve el pollo y las verduras en los platos, y luego toma asiento junto a Blaise mientras piensa en que no parece tan mala oferta.
No ha salido de Ceapaire desde que se mudó, solo ha trabado amistad con Blaise y su familia, aunque todos le saludan cuando se lo cruzan por el pueblo.
Tal vez va siendo hora de abrir un poco su círculo y conocer a nuevas personas.
Eso también forma parte de su labor como escritor.
Y no le vendrá nada mal salir y hablar con otras personas. Por mucho que las charlas con Blaise sean de las más interesantes que ha tenido, le vendrá bien conversar con más gente.
—Está bien, pero prométeme que no dejarás de hacer tus planes por mí.
—Chiqui, cuando salgo con mis amigos, no tengo intención de irme a casa de nadie. Es tiempo para estar con ellos. Igual que cuando quedo contigo, no tengo otro plan. Si quiero follar, salgo con esa intención.
—¿Y si surge? —le pregunta, curioso.
Blaise se lleva un trozo de pollo a la boca, lo saborea y luego se piensa la respuesta.
—A ver, si son las dos de la mañana y todos estamos con ganas de irnos a casa, tal vez me lo plantee. Pero si he quedado en que vuelvo contigo…
—No necesito una niñera.
—No te voy a dejar solo la primera vez que salgas por aquí.
—Blaise levanta la mano y detiene su protesta—.
No lo hago por ti… No al menos solo por ti.
No me sentiría bien quedándome por ahí si tú tienes que coger el coche y regresar a casa.
Échale la culpa a mi abuela y a mis padres por educarme así.
—Te puedes traer a tu amante a casa y yo finjo no existir en el asiento de atrás —bromea, intentando darle otra opción a su amigo.
—Jamás me llevo un lío a casa.
—¿Por qué?
Blaise deja el tenedor sobre el plato y lo mira. Parece estar buscando las palabras adecuadas.
—Mi apartamento es mi refugio. Es el lugar en el que me siento cómodo y seguro; no dejo entrar a cualquiera después de Seven.
Alguien que solo va a estar en mi vida una noche…
o un par, no tiene cabida ahí. —Blaise se encoge de hombros y sonríe, recuperando el tenedor—.
Solo vienen mi familia y algunos amigos.
Durante algunos minutos, Noah se dedica a comer, pensando en lo que le ha dicho Blaise. Tiene sentido que en tu hogar solo entren personas en las que confíes y que son importantes para ti.
Mientras disfruta del pollo, que le ha quedado exquisito, se plantea si acepta la invitación de su amigo.
—Está bien. Me apunto a la cena.
—Eso ya lo habías dicho.
—Te lo confirmo —responde, sin poder contener la risa.
—Si no lo haces por escrito y triplicado, no cuenta. —Blaise le saca la lengua antes de terminarse el último trozo de verdura que quedaba en su plato—. Y ahora, chiqui, siento irme corriendo, pero mañana tengo que trabajar y se me está haciendo tarde. Recojo…
—No haces nada. Ya me encargo yo. Avísame cuando estés en la cama.
—¿Quieres tener sexo telefónico conmigo?
—Más quisieras. —Pone los ojos en blanco mientras se pone en pie y acompaña a Blaise hasta la puerta—. Hablamos mañana.
—Por supuesto. Buenas noches, chiqui. Sueña conmigo; digo, sueña con los angelitos.
No puede evitar reírse mientras mantiene la puerta abierta para ver cómo Blaise se sube al coche y abandona su calle.
Noah se apoya en la puerta y frunce el ceño al pensar en los gritos de Stella cuando le cuente que va a salir con los amigos de Blaise. Está seguro de que le va a elegir hasta los calzoncillos que debe ponerse.