Un otoño en Ceapaire CAPÍTULO 10 #2
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CAPÍTULO 10 #2

—No quiero molestar. Sé que has venido a trabajar y no me gusta interrumpirte —responde Hazel, moviendo la otra mano para rechazar la idea—. Blay dice que estás avanzando a buen ritmo.

—Mi editora no opina lo mismo.

—¿Tienes prisa, querido?

—No. —Aprieta la mano de la mujer con suavidad para darle más énfasis a su negativa—. Puedo quedarme contigo todo el tiempo que desees.

—Roge, cariño, ¿puedes acercarnos una silla?

—No te preocupes. —Se pone en pie y se acerca a Rogelio—. Solo dime dónde está y yo la cojo. Soy Noah, por cierto. —Le tiende la mano a Rogelio, que la mira, sorprendido, antes de estrechársela.

—Rogelio, pero puedes llamarme Roge. Hay algunas sillas plegables tras la puerta del despacho. No sé si sabes dónde está.

—Sé dónde es. Gracias.

Cuando regresa junto a Hazel, un par de minutos después, Rogelio no está en el mostrador, pero en su lugar hay una mujer de pelo castaño recogido en un moño, ojos grises y una radiante sonrisa.

—Ella es mi nuera, Gianna. Es la madre de Blaise y Layla. —Hazel señala a la mujer que hay tras el mostrador, sustituyendo a Rogelio—. Cariño, este es el famoso Noah.

Nota cómo se sonroja al oír a Hazel, pero se acerca a la madre de su amigo para tenderle la mano.

—No soy famoso —susurra, más para él que para las dos mujeres—. Encantado de conocerla, señora.

—Vuelve a llamarme eso y no dejaré que entres en esta tienda. —Gianna suelta una carcajada y le estrecha la mano que le tiende—. Me alegro de verte por fin. Mis hijos no dejan de hablar de ti. Todo cosas buenas —aclara la mujer.

Abre la boca para responder, pero no llega a decir nada porque alguien entra en la tienda y Gianna se gira para atenderlo, así que Noah regresa junto a Hazel, que palmea la silla que ha dejado a su lado.

—Me alegro de que hayas venido. —Hazel señala una bolsa de tela que hay bajo el mostrador—. ¿Puedes traérmela?

Se disculpa con Gianna con una sonrisa cuando saca la bolsa y regresa a paso rápido junto a la anciana.

—El pasado fin de semana estuve haciendo limpieza en el mueble del salón y estuve revisando alguno de los álbumes de fotos. Encontré algo que quiero que veas.

A Noah se le seca la boca al imaginar lo que va a ver. A pesar de intuirlo, cuando Hazel saca otro libro y lo abre, el corazón se le desboca al reconocer a una de las mujeres de la fotografía. La abuela Violet está mucho más joven de lo que Noah la recuerda.

—Teníamos dieciséis años cuando nos la tomaron. —Hazel acaricia la imagen con su dedo, algo retorcido por la artrosis, y luego se la pasa a Noah—. Ya entonces éramos mejores amigas y pasábamos todo el día juntas. Era preciosa, inteligente, dulce y tenía el corazón más grande que haya conocido.

A Noah se le empaña la mirada al pensar en su abuela a una edad tan temprana, y le emociona que alguien que la conoció tan bien hable así de ella tantos años después.

—Tu abuelo ya estaba loco por ella en aquellos días.

No dejaba de hacerle regalos y pedirle una cita, pero ella se hizo de rogar.

Entonces las cosas eran diferentes. Una vez que tenías un novio serio, se esperaba que te casaras con él y tuvieras hijos.

Por eso Violet quería estar segura de que Abner sería el definitivo y sería uno bueno.

—Hazel coge la mano de Noah, con la que no sostiene la foto, y la aprieta—. Y lo fue.

»Abner adoraba a Violet. Besaba el suelo por el que ella pisaba y fue así hasta el día en el que murió. Para tu abuela fue muy duro continuar sin él, pero tenía una hija y un preciosísimo nieto por los que seguir. Ella adoraba a tu madre y sentía devoción por ti.

Noah asiente, consciente de que las palabras de Hazel son ciertas. Siempre supo y sintió que su abuela lo quería. Para Noah, los veranos en Ceapaire con sus abuelos eran las vacaciones más deseadas.

—Mila fue una niña muy querida y esperada —continúa Hazel con tono nostálgico—. A Violet le hubiera encantado tener más, pero tuvo un parto complicado y fue imposible, así que tu madre se convirtió en la niña de sus ojos.

—Tu madre y yo fuimos amigas —interviene Gianna, una vez que el cliente ha abandonado la tienda—.

No éramos íntimas, pero íbamos a la misma clase y vivíamos en el mismo pueblo…

Era inevitable no serlo. Además, la casa de Violet siempre fue el punto de reunión para los críos de Ceapaire.

Era una gran mujer y todos los que la conocimos seguimos lamentando su muerte.

Noah tiene que tragar varias veces para deshacer el nudo que tiene en la garganta. Le encanta hablar con gente que conoció a las personas a las que más ha querido, pero sigue siendo duro no tenerlos ya en su vida.

—A Dion lo conocí menos —continúa Gianna—.

Solo coincidimos alguna vez cuando tus padres pasaban unos días en Ceapaire en verano.

Todos echamos de menos a Mila cuando se instaló con tu padre en Boston, pero era normal.

Tu padre tenía la clínica allí; y tu madre, un buen trabajo en el hospital como enfermera.

—A mis padres les encantaba su trabajo. Algunos de los pacientes a los que ayudó mi padre siguen enviándome felicitaciones por Navidad.

—Las mujeres de tu familia supieron elegir bien a las personas con las que compartieron su vida —asegura Hazel, apretando de nuevo la mano de Noah—. Tú también lo harás.

—Ahora mismo no estoy muy seguro de eso.

—No me digas que tú también crees que no hay alguien para ti ahí fuera, como mi hijo… —Gianna pone los ojos en blanco y niega con la cabeza.

—Lo que dudo es que lo encuentre, pero voy a seguir buscándolo. Soy un romántico empedernido —sentencia Noah, sin poder contenerse.

—Exactamente igual que tu abuelo y tu madre. —Hazel palmea la rodilla de Noah.

En ese momento, Rogelio aparece con varias cajas apiladas en las manos, que deja sobre el mostrador antes de regresar al interior de la tienda y volver con otras.

—Voy a hacer el reparto —anuncia el joven, señalando el callejón con la cabeza—. Si viene alguien para que le llevemos la compra a casa, tendrá que ser ya para mañana, a menos que sea algo urgente y Layla o Blay puedan servirlo esta tarde.

—No te preocupes por eso, Roge. Descansa y aprende mucho en clase.

Rogelio le dedica una enorme sonrisa a Gianna, que acaricia su mejilla al pasar a su lado para abrirle la puerta.

—Gracias, Gia. Lo haré.

En cuanto Rogelio se ha llevado todas las cajas, Hazel le da un toquecito en el brazo a Noah.

—Tengo un álbum entero de fotos de Halloween. Si quieres, puedo traerlo para que las veas. En la mayoría salimos solo las chicas, pero en algunas también salen tu abuelo y mi Harris.

—¿No te importaría? —A Noah se le dibuja una sonrisa en los labios. Ver a su abuela disfrazada le hace mucha ilusión.

—Por supuesto que no. Puedes llevártelo y verlo con calma, pero tienes que devolvérmelo.

—No te preocupes. Lo cuidaré como si fuera de oro y cristal. —Le devuelve la foto a Hazel y observa cómo vuelve a meterla en el libro—. Es mi novela —se sorprende cuando se da cuenta.

—¿Dónde más podía guardar una foto de Violet para enseñártela?

Regresa a casa unos minutos después, tras pasarse por la carnicería y la verdulería. Y se da cuenta, al mirarse en el espejo de la entrada, de que no ha dejado de sonreír desde que vio esa fotografía. Incluso a pesar de la tristeza que le produce no tenerla ya en su vida.

Deja la chaqueta en el armarito y sube para cambiarse. Le apetece hacer una de las comidas que le enseñó a hacer su abuela: un pastel de carne y verduras.