Un otoño en Ceapaire CAPÍTULO 9 #2
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CAPÍTULO 9 #2

Pasé una mala racha, que acabó con unos cuantos kilos más y un montón de perfiles en aplicaciones de citas.

—No puedes culparte. Cuando estamos heridos, tomamos muchas decisiones equivocadas.

—Quería encontrar a alguien que contradijese las palabras de Seven.

Alguien que me quisiera tal y como era. Al principio todo iba bien: intercambiábamos mensajes durante algunas semanas, conectábamos y decidíamos quedar para conocernos en persona.

Y ahí es donde todo se torcía, porque, en cuanto me veían, desaparecían y me bloqueaban en la app.

—De nuevo Blaise baja la mirada y Noah lo estrecha con más fuerza—.

Daba igual que fueran mujeres u hombres.

»Así que dejé de hacerme daño. No voy a volver a ponerme en la situación de que otra persona me desprecie. Soy como soy, me gusta ser así y no voy a cambiar por nadie, solo porque le avergüenza tener una relación con una persona con algunos kilos de más.

—No deberías hacerlo. Eres perfecto tal y como eres —le asegura Noah—. Si no son capaces de apreciarlo, ellos se lo pierden.

—Pero no quieres follar conmigo…

A Noah se le escapa una carcajada y le da un manotazo en el brazo a Blaise, pero no lo suelta porque su amigo ha recostado la cabeza contra su hombro y parece tranquilo.

—Hay apps para eso —le recuerda.

—Y las uso, chiqui. A las personas que las usan, por contradictorio que parezca, les da igual que pese más de lo que debería si follo bien. Y, aunque no quiero tirarme flores, soy muy bueno, chiqui.

A Blaise se le borra la sonrisa antes de que continúe hablando:

—No van a salir a la calle conmigo. Solo quedamos, nos damos placer y cada uno se va a su casa. No hay cenas ni cine ni espectáculos ni conciertos en los que puedan verlos conmigo.

—No deberías conformarte con eso.

—No me conformo. —Blaise se aparta un poco para poder mirarle a los ojos—. Me ha quedado claro que el amor no es para mí. No voy a gastar mi tiempo y mi esfuerzo en personas que van a salir corriendo porque no entro en los cánones de belleza actuales. Ahora las dos partes salimos satisfechas.

Noah tira de su amigo y apoya la mejilla en la coronilla de Blaise.

Entiende que el profesor ha pasado por dos malas experiencias y la vida no se lo ha puesto fácil, pero cree sinceramente que está conformándose con esa situación solo porque le da miedo volver a sufrir.

Pero está claro que Blaise no quiere escucharlo, y Noah acaba de llegar a su vida; no se ha ganado el derecho a destrozar la mentira con la que se siente seguro.

—¿Ese es el motivo por el que no tienes pareja? —Usa un tono suave para hacer la pregunta. No quiere que Blaise se lo tome a mal.

—Estoy bien como estoy. Cuando quiero algo de sexo, quedo con uno de mis follamigos o con alguien de una app. Si me apetece salir con amigos, lo hago. Tengo una familia maravillosa, un trabajo que me gusta y ayudo con el negocio familiar. ¿Qué más podría desear?

Abre la boca, dispuesto a responderle para hacerle ver los agujeros de su argumentación, pero luego decide que no es el momento. Y puede que él no sea la persona que deba decírselo, así que se limita a apretarlo contra su cuerpo y dejar un beso en su cabeza.

—En realidad, se me ocurre una cosa, pero no vas a dármela. —Blaise usa ese tono juguetón. Noah no necesita mirarlo para saber que estará alzando las cejas.

—No vamos a acostarnos.

—Otro rechazo más que añadir a la lista…

—No juegues con eso, Blaise —le advierte, clavándole el dedo en el hombro—. Si te hubiera conocido en un pub o en otras circunstancias, me habría ido contigo sin pensarlo dos veces.

—Así que soy tu tipo…

—No tengo uno en concreto, al menos no para el sexo. Solo necesito que me atraiga.

—Que te la ponga dura, vamos —aclara Blaise, dándole palmaditas en la rodilla a Noah para remarcar sus palabras.

—Qué poético… Pero sí. He estado con chicos muy distintos durante mi adolescencia y mis años de universidad.

—Una pena no haberte conocido entonces…

—Pero, cuando se trata de tener una pareja, mi tipo son los chicos inteligentes, cariñosos y divertidos. —Noah le da un toque en la mejilla a Blaise para que lo mire—. En ese, tú encajas a la perfección.

—Voy a decirte dos cosas: la primera, que esa relación no me interesa; la segunda, que algo te falló con el tal Castiel.

—No me lo recuerdes. Debí haber entendido que ese no era cuando demostró ser un tío arisco y poco dado a las muestras de afecto públicas o privadas.

—Tampoco me gustan las personas que no son capaces de mostrarte lo importante que eres para ellas. —Blaise chasquea la lengua y hace un gesto de disgusto—. A mí me encanta abrazar y besar a mi familia y amigos.

—A mí también.

Para demostrarlo, Noah estrecha a Blaise, que se recoloca para poder rodearle la cintura con sus brazos.

—¿Solo te han roto el corazón una vez? —pregunta Blaise después de unos segundos de silencio.

—Sí. Con el resto de mis ex la relación simplemente se acabó, tomamos caminos diferentes o nos desenamoramos.

—Eres de esos que son amigos de sus exnovios.

—Tampoco es eso —reconoce, sonriendo al recordar a los hombres que han formado parte de su vida de alguna forma—. Mantengo relación con uno de ellos y solo para felicitarnos la Navidad y los cumpleaños. Del resto no he vuelto a saber nada, pero no guardo malos recuerdos de ellos.

—Más motivos aún para odiar al tal Castiel. Ese hombre ha dejado ir a una joya y ni siquiera es consciente, así que no puedes permitir que su veneno te haga daño.

—Lo estoy intentando, Blaise. Con todas mis fuerzas, pero a veces no puedo evitar que su voz se me cuele aquí. —Noah se señala la sien con el índice—. Y grita más fuerte que las de mis amigos diciéndome lo contrario.

Suspira y cierra los ojos. No quiere volver a esa noche, pero, ahora que lo ha mencionado, puede escuchar las palabras de Castiel con total claridad.

—Te comenté que me dijo que no volvería a triunfar y que me dejara de tonterías y volviera a mi puesto.

—Blaise asiente y levanta un poco la cabeza, pero la mantiene apoyada en su hombro—.

Sus palabras textuales fueron: «te crees que vas a triunfar como T. J. Klune, pero mírate. Eres un fraude. La flor de un día. Un one hit wonder como los cientos que salen cada año y de los que no vuelves a oír hablar jamás. Piensas que vas a ser el Ernest Hemingway de tu generación,

pero tu talento es tan falso como el culo de Kim Kardashian. Hazte un favor y arrástrate para que te vuelvan a contratar en ese trabajo que dejaste. Al menos, te dará de comer cuando los cuatro dólares que cobrarás por esa novelucha se acaben».

Recita las palabras que tantas veces se han repetido en su cabeza con una voz monótona y, en ese momento, se da cuenta de que, al volver a escucharlas en voz alta, desprenden tanta envidia y tanto egoísmo que han perdido su poder.

Blaise se deshace de los brazos de Noah, gira su cuerpo para poder mirarlo mejor y le sostiene el rostro con las manos, tal y como hizo la noche anterior.

—No necesitas ser T. J. Klune, aunque, si decides escribir una tetralogía sobre hombres lobos cachondos perdidos, yo me la leeré encantadísimo.

—Blaise levanta una ceja y sonríe como un felino, haciendo que Noah se ría—.

Tampoco Ernest Hemingway. Eres Noah Lee.

Tienes tu propio talento y tu propia forma de escribir.

Si alguna vez esa voz, que seguro es desagradable, vuelve, me llamas o a alguno de tus amigos para que podamos recordarte lo valioso que eres aún más alto, ¿entendido?

—Vale —concede con una sonrisa.

—Así me gusta. Y ahora déjame decirte que tu exnovio es un auténtico capullo y espero que alguien algún día se lo haga ver con una patada en la boca. —Blaise acaricia sus hombros y sonríe con dulzura—. ¿Quieres escribir hoy?

—He estado rehaciendo parte de la escaleta esta mañana y necesito dejar que la historia repose en mi cabeza. Mañana volveré a retomar mi rutina. Te lo prometo.

La cabeza, ahora más castaña que rubia platino, cae contra el respaldo del sofá y gime antes de hacer un puchero.

—Adoro a los niños y me encanta volver a verlos, pero la idea de no regresar a casa hasta media tarde me tiene desesperado.

—¿Ya vuelven al cole?

—Mis pequeños demonios… —La sonrisa de Blaise es tan amplia que apenas le cabe en el rostro—. Los echo mucho de menos, pero me encantaría tener el horario de estos días.

—¿Eso significa que te voy a ver menos?

—Siempre te haré un hueco en mi agenda si quieres verme, chiqui.

—Eres imposible.

Noah le da un manotazo a su amigo en el hombro y regresa a su sofá.

—¿Qué tal si vemos una película y luego preparo algo de cena? —propone, esperando que diga que sí, porque esa noche no le apetece estar solo.

—Por supuesto, chiqui. Ya te he dicho que nunca le digo que no a algo sabroso.

Se le atasca la saliva en la garganta y tiene que toser cuando escucha al profesor soltar esa frase en un tono que consigue que parezca algo indecente.