CAPÍTULO 5
Blaise
—¿Se puede saber dónde te has metido? —le pregunta Layla a Blaise en cuanto pone un pie en Ceapaire’s Groceries.
—Estaba en casa de Noah.
Layla empuja la silla hacia el mostrador y apoya los codos en la madera para demostrar lo interesada que está.
—Así que con nuestro nuevo e ilustre vecino. —Layla descansa la cabeza en sus manos unidas y levanta una ceja.
—Deja de jugar a ser una celestina, hermanita. Ya hemos hablado de esto y no va a pasar.
—Solo quiero lo mejor para ti, Blay.
—Pues acepta mis decisiones, princesa. Ya he tenido suficiente. —Se cruza de brazos, con las piernas algo abiertas, frente a su hermana—. Mi vida es mucho más fácil y sencilla desde que no me implico emocionalmente en relaciones de pareja. Tengo lo que necesito cuando lo quiero, y a otra cosa.
Layla baja los brazos y ladea la cabeza. Blaise puede notar la frustración en la mirada de su hermana y eso le hace poner los ojos en blanco y descruzar los brazos, en un gesto de hastío.
—No me mires así —protesta, empezando a girarse para alejarse cuando escucha los pasos lentos de su abuela por el pasillo. No necesita que Layla tenga una aliada.
—¿Cómo lo hago?
—Con lástima.
Siente un sabor amargo cuando pronuncia esa palabra.
—Cariño, nadie en su sano juicio te tendría lástima —interviene Nana, sin dejar de caminar hacia el sillón que siempre ocupa en la tienda—. Pero te conocemos y sabemos qué te ha llevado a esto.
—Es mi decisión, Nana.
Su hermana abre la boca y vuelve a cerrarla sin decir nada. Aparta la silla del mostrador y se gira hacia el ordenador, pero parece cambiar de opinión y clava su mirada en la de Blaise.
—Algún día te darás cuenta, cariño, y será divertido.
—¿A qué te refieres?
En lugar de contestar, Layla hace un gesto con la mano, como si estuviera espantando un bicho, y vuelve a centrarse en la pantalla.
—Sois lo peor. Pero, Layla, espero que no hagas este tipo de comentarios delante de Noah. Una cosa es que yo le pique y otra muy distinta es que tú te creas esas mierdas y le hagas sentir incómodo.
Layla y Nana intercambian una mirada y se sonríen, pero ninguna de las dos vuelve a pronunciar palabra.
Suspira cuando llega al despacho. Rogelio ha debido hacer inventario, porque le ha dejado la lista de los productos que deben reponerse, así que se sienta en el sillón y comienza a hacer llamadas mientras entra en las plataformas para hacer los pedidos.
Es una de las partes que menos le gustan de gestionar la tienda, pero alguien tiene que hacerlo.
La próxima vez se asegurará de que le toque a Layla.
Está tan concentrado que no escucha el jaleo en la tienda hasta que alguien se cuela entre sus piernas, haciéndose hueco para sentarse en su regazo.
—Mira a quién tenemos aquí… —dice Blaise con una enorme sonrisa en los labios.
—Tío Blay, me aburro.
Acaricia el pelo castaño de Nova y le da un beso en la frente. Con sus cinco años, esa niña es la alegría de la familia y la razón que le hace sonreír cada día. Lo mejor de su vida, sin duda.
—Y has decidido venir a molestar al tito, ¿no?
—Eres divertido. —Nova se acurruca contra su pecho, buscando más caricias y mimos. Es la niña más lista.
—Pues el tío divertido tiene que trabajar y no puede prestarte atención, peque.
Nova hace pucheros y lo mira con la misma cara que el gato de Shrek. Blaise se derrite, porque esa niña es su debilidad.
—Está bien. No te voy a mandar de vuelta con tu mami, pero tienes que dejar que termine esto, princesa. ¿Lo prometes?
Nova asiente, pero le señala el cajón en el que guarda las chucherías.
—Solo una, que luego no cenas y tu madre se enfada conmigo.
Consigue terminar todos los pedidos, pero adelantar algo del papeleo se le hace imposible cuando Nova empieza a removerse sobre su regazo, intentando llamar su atención, pero negándose a bajar para ir a buscar a Nana o a su madre.
—Princesa, tengo que terminar esto. Si te aburres aquí, vuelve a la tienda con mami.
—No.
Cuando Blaise admite que no va a conseguir hacer nada más, coge a Nova en brazos y se pone en pie. Al fin y al cabo, pagan a un gestor para algo. No van a hacer ellos todo el trabajo.
En cuanto salen del despacho, deja a Nova en el suelo, se endereza y sonríe. Ni siquiera pronuncia una palabra cuando su sobrina echa a correr, riéndose como una desquiciada, sabiendo que Blaise irá detrás. Y eso es lo que hace.
Nova sabe que no puede meterse en los pasillos en los que hay clientes, así que su tío le da margen para que pueda echar marcha atrás y seguir corriendo.
Adora pasar tiempo con su familia, siempre lo ha hecho; pero, desde que nació Nova, esa pequeñaja se ha quedado un gran pedazo de su corazón y haría cualquier cosa por oírla reír tal y como lo hace en ese momento.
Nova se detiene en mitad de un pasillo, levanta la cabeza y continúa corriendo en dirección a la puerta. No le extraña nada encontrarse a Wes, su cuñado, inclinado sobre el mostrador para darle un beso a Layla.
—¡Papi!
—Y aquí está mi chica favorita —dice Wes, agachándose para coger a Nova en brazos y levantarla.
—Estaba jugando con el tío Blay.
—¡Qué novedad! —Wes le da un beso a Nova en la frente antes de volver a dejarla en el suelo—. Hace contigo lo que quiere —le dice a Blaise, sin poder esconder la sonrisa.
—Lo sé, pero no me arrepiento de nada. —Se gira hacia Layla porque acaba de acordarse de algo—. Y tú, ¿cómo sabías que no había estado en casa?
—Porque hemos pasado para que Nana pillara otro libro. Se lo ha acabado en la sala de espera del médico y ya sabes cómo es. Necesita algo de lectura para cuando no tiene a nadie con quien darle a la lengua.
—No tengo la culpa de que los habitantes de Ceapaire quieran mi consejo —interviene Nana.
—Por favor, Nana, que no necesitas que te pregunten para que des tu opinión sobre cualquier tema —le responde Blaise.
—Ya tengo edad para hacer lo que quiera. Meteos en vuestros asuntos.
Blaise y Layla intercambian una mirada antes de echarse a reír. Tiene gracia que precisamente Nana les diga eso, como si ella no fuera la primera que tiene una sugerencia en cada situación.
—Nos llamarán cuando tengan los resultados, pero nos ha dicho que la ve igual que siempre y que, si tiene algún malestar al empezar el frío, la llevemos —anuncia Layla.
—Habláis de mí como si fuera un saco de patatas —protesta la abuela.
—Solo nos aseguramos de que, si te duele algo, tengas una atención médica adecuada.
—Mis buenos dineros me cuesta —gruñe Hazel, removiéndose en su sillón—. Estoy bien, chicos. Solo ha sido una revisión rutinaria. Dejad de darle importancia.
—Gracias por acompañarla, Layla —le susurra a su hermana, apretándole la mano cuando se acerca al mostrador—. Vete a casa, que tu hija y tu marido te esperan. Ya cierro yo.
Layla hace rodar la silla para salir de detrás de la caja y se acerca a la abuela para darle un beso antes de gritar en dirección a Nova y Wes, que están seleccionando el postre para la cena.
—¿Más azúcar? —se sorprende Layla cuando ve aparecer a su hija con una copa de chocolate y nata—. Esto lo dejamos para mañana. Esta noche toca un poco de sandía.
—Y chocolate —pide Nova, volviendo a poner sus ojitos de perrito abandonado.
—Ya veremos.
—Papi ha dicho que sí.
Layla fulmina a su marido con la mirada, y Wes aprovecha para ir a despedirse de la abuela y evitar así la bronca que sabe que le va a caer.
—He dicho que ya veremos. Despídete de Nana y del tío, que nos vamos a casa.
Se agacha para acoger a Nova entre sus brazos y le da varios besos en las mejillas antes de dejar que se acerque a Nana, que la estrecha y le acomoda las coletitas antes de dejarla marchar.
Acerca la silla y se sienta para ir cerrando los documentos que ha dejado abiertos su hermana. A esa hora, pocos clientes van a tener ya.
—¿Dónde has comido? —se interesa Nana—. Cuando he pasado por casa, he visto que lo que te había dejado seguía en la nevera.
—Noah me ha invitado. Cocina muy bien.
Ignora la sonrisa de su abuela porque no piensa volver a tener esa conversación.
Noah le cae bien y le gusta tontear con él, pero no va a pasar nada entre ellos. Cada uno quiere cosas diferentes e incompatibles de la vida y sería un desastre que su familia insistiera.
Aunque si, en algún momento, Noah cambia de opinión y quiere echar un polvo, Blaise será el primero en decir que sí.
Ese hombre tiene algo y, lo mejor de todo, es que ni siquiera lo sabe.
El día que se dé cuenta de que es mucho más, en todos los aspectos, de lo que le han hecho creer, su vida será mucho mejor.