Un otoño en Ceapaire CAPÍTULO 2 #2
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CAPÍTULO 2 #2

—¿Puedo? —El joven señala la silla que Noah tiene enfrente y espera a que asienta para sentarse—. Era una broma. En Ceapaire no hay tantas cafeterías, aunque esta es la que yo más frecuento.

—¿Vives cerca?

—En la otra punta del pueblo. En el apartamento que hay encima del garaje de mi abuela. No me juzgues… —Blaise le señala con el dedo y una ceja levantada.

Noah levanta las manos y niega con la cabeza.

—No lo hago.

—Se niega a contratar a alguien para que la ayude y tampoco quiere irse a vivir a casa de mis padres o de alguno de mis tíos.

—Pero le encanta la idea de tenerte cerca —aventura Noah con una sonrisa.

—Soy su favorito, pero no se lo digas a Layla ni a mis primos.

A Noah se le escapa otra carcajada.

—La he conocido. Es un encanto.

—Me ofende que hayas tenido que ir a la tienda a comprar algo, con lo bien abastecida que dejé tu cocina.

—Han sido unas cuantas especias —le consuela, antes de darle un sorbo a su café con hielo—. Nada que hubieras podido predecir.

—Tienes que reconocer que, para alguien que no cocina habitualmente, hice un buen trabajo.

—¿No te gusta cocinar?

—Se me da fatal. La última vez que lo intenté, casi le prendo fuego a la casa de la abuela, y me ha prohibido encender ningún quemador.

Además, a ella le encanta cocinar para toda la familia.

—Blaise levanta el brazo para llamar la atención del camarero cuando pasa junto a su mesa—.

Pero, si eres la mitad de bueno como cocinero de lo que eres como escritor, puedes invitarme a comer cuando quieras.

—Tu hermana me ha dicho que va a esperar a conocerme un poco más para autoinvitarse.

—Ella es políticamente correcta. Yo no. Si quiero algo, voy a por ello. —Blaise levanta las manos en un gesto defensivo mientras niega con la cabeza—. Eso ha sonado fatal. No te estoy tirando ficha, solo me encanta comer.

Para corroborar sus palabras, Blaise se palmea la barriga y se ríe.

—Tranquilo. Me parece bien que te apuntes cuando quieras. Odio cocinar solo para mí. —Se calla cuando el camarero deja un vaso frente a Blaise—. Veo que eres un habitual. Ni has tenido que decir qué querías.

—Te lo he dicho. Vengo aquí a menudo. —Blaise le da un trago a su smoothie y se lame los labios para recoger los restos—.

Ahí arriba vive Willow —añade, señalando la vivienda que hay sobre la cafetería—.

Es una de las chicas del club de lectura.

No tiene familia… o, al menos, no una que se preocupe por ella, y yo me paso a ver qué tal está de vez en cuando.

—¿A ella también le has recomendado mi novela? ¡En qué estabas pensando para dejársela a tu abuela?

—Eh, a mí no me mires. Esa se la compró ella solita.

Yo no tuve nada que ver, pero tampoco veo cuál es el problema.

Ella no se escandaliza con facilidad y, mucho menos, por algo tan natural como sexo consentido entre dos adultos.

—Blaise se inclina hacia delante, dejando su rostro cerca del de Noah—.

Y, si lo dices porque son dos hombres, te puedo asegurar que mi abuela no tiene ningún problema con eso.

Es lo que tiene tener un nieto bisexual y haber visto pasar a algunos de sus novios por su apartamento.

Blaise se echa para atrás de nuevo con una sonrisa ladeada que parece retarlo a decir algo en contra. Cuando Noah no lo hace, su acompañante se lleva el vaso a los labios y le guiña un ojo.

—Para tu información, me refería a las escenas de sexo, pero gracias por la información extra. La tendré en cuenta.

—¿Me vas a pedir una cita? Porque déjame decirte que paso de esas mierdas. Ya no me van las relaciones serias, pero si quieres divertirte, chiqui, soy tu hombre.

—Lamento decirte que yo sí soy de los de citas y romance.

Blaise chasquea la lengua y hace rodar los ojos.

—Lo imaginaba. Pues nada, chiqui, vamos a tener que limitarnos a ser amigos. —Blaise levanta su vaso a la espera de que Noah haga lo mismo y sonríe cuando chocan en el aire—. Y ahora dime: ¿de qué va tu próxima novela?

—Si te lo cuento, luego tendré que matarte.

—No te sería fácil deshacerte del cadáver. —Blaise levanta las cejas y las comisuras de su boca se elevan un poco.

—Es un romance. Entre dos hombres —aclara por si su acompañante tiene dudas—.

Ninguno de los dos está pasando un buen momento, pero se ayudan mutuamente a sobreponerse.

He tenido que documentarme bastante para no cometer errores porque mi protagonista está en una ciudad europea en la que no he estado.

Google Maps va a ser mi mejor amigo durante toda la escritura.

—Nunca he estado en Europa, pero me encantaría. Y, tal y como se están poniendo las cosas por aquí, sería un buen lugar para huir.

—No me lo recuerdes. Tengo pesadillas todas las noches en las que un ganchito gigante grita: «¡que le corten la cabeza!», como si fuera la Reina de Corazones de Alicia en el país de las maravillas.

Blaise casi se atraganta cuando lo escucha y, al recuperarse, suelta una carcajada que llama la atención de todos los clientes de la terraza de la cafetería.

—No podré volver a mirarlo sin imaginármelo así. Eso sí, con una corona minúscula sobre una peluca pelirroja y los labios pintados en forma de corazón como la Reina de Corazones de Tim Burton.

Esta vez la carcajada proviene de Noah.

—Y bien, chiqui, ¿cuándo se te unirá tu novio?

A Noah se le borra la sonrisa de golpe cuando escucha la pregunta de su acompañante.

—Creo que acabo de meter la pata. Leí una entrevista en la que hablabas de tu novio y…

—Rompimos hace unos meses —le corta al ver su incomodidad—. En realidad, me dejó él.

—Menudo gilipollas…

—Ni siquiera le conociste.

—¿Me equivoco? —Blaise levanta una ceja y mueve la cabeza trazando un pequeño círculo.

—Ni lo más mínimo.

—Brindemos por habernos librado de la basura de nuestros ex.

—Creí que no eras de los que tienen relaciones largas —lo pincha después de chocar sus vasos de nuevo.

—Ya no. También te he dicho que mi abuela ha visto a algunos de mis novios pasar por el apartamento.

Espera a que Blaise añada algo más, pero cuando no lo hace, se anota mentalmente preguntarle sobre ello más adelante, cuando haya más confianza. Al fin y al cabo, Noah tampoco le ha contado los motivos por los que Castiel lo dejó y toda la mierda que le escupió antes de hacerlo.

El teléfono de Blaise se ilumina con una notificación y el joven salta de la silla para ponerse en pie. Noah lo ve sacar la cartera y dejar un billete sobre la mesa antes de inclinarse hasta que su rostro queda frente al suyo.

—Chiqui, tengo que dejarte. Mi hermana acaba de llegar a casa de mi abuela y ha llevado a mi sobrina. La próxima invitas tú —añade Blaise, señalando el dinero sobre la mesa.

Y, sin más, Blaise da media vuelta y camina a paso rápido calle abajo hasta perderse en la oscuridad.

Está claro que su estancia en Ceapaire va a ser divertida si Blaise sigue a su alrededor.