CAPÍTULO 2
Noah
Noah se ha pasado la gran parte de la mañana releyendo lo que ya había escrito, pasando las anotaciones que tenía en los márgenes de las hojas impresas y repasando la documentación, también ha escrito un par de párrafos.
No es demasiado, pero es más de lo que ha conseguido hacer en las últimas semanas, así que da por buena la jornada, aunque no descarta hacer una sesión vespertina ese mismo día.
Aunque primero tiene intención de entretenerse con uno de sus hobbies favoritos: la cocina.
Por suerte, los Price le han dejado un poco de todo, así que prepara uno de sus platos favoritos a base de pollo y verduras.
Está deseando que deje de hacer calor para poder dedicarle tiempo a los guisos de cuchara, en lugar de alimentarse a base de platos fríos o tibios.
Como siempre que se encierra en la cocina, Noah pone una de las playlists de R pero, al menos, ha conseguido darle forma a esas ideas abstractas que le rondaban mientras preparaba la comida.
Aprovechando que ya no hace tanto calor, Noah decide salir a dar una vuelta por el pueblo, acercarse a la tienda de los Price y conocer los negocios locales. Está deseando probar alguna de las delicatessen de esa zona de Massachusetts.
Sigue las indicaciones que Blaise le dio el día anterior para llegar hasta el ultramarinos de Ceapaire y se sorprende porque es bastante más grande de lo que recordaba. Una joven de pelo castaño le sonríe desde la caja cuando le ve entrar.
—Noah, ¿verdad?
—Veo que las noticias vuelan —responde Noah, acercándose a la joven.
—Soy Layla, la hermana de Blaise y nieta de Hazel.
—Me hablaron de ti. Es un placer conocerte.
—Lo mismo digo. Tienes suerte de que todavía estamos en temporada alta y hay muchas caras nuevas por la zona. De no ser así, tendrías a los vecinos revolucionados —le advierte Layla—. Todos querrán conocer al famoso nieto escritor.
—No creo que sea muy famoso por aquí.
—Nos subestimas. ¿Puedo ayudarte en algo?
—Quería echar un ojo porque necesito un par de cosas. ¿La zona de las especias? —le pregunta a la joven.
Sigue las indicaciones que le ha dado Layla y se pasa un buen rato fascinado porque, además de las típicas envasadas, tienen algunas a granel que son demasiada tentación para Noah.
Después de abastecerse con lo que ha ido a buscar, da una vuelta por el resto de la tienda para hacerse una idea de lo que puede encontrar allí para sus próximas compras.
Cuando regresa a la caja, encuentra a Layla rellenando el estante más cercano con más caramelos. En cuanto la mujer lo ve, hace girar la silla de ruedas y regresa tras el mostrador.
—¿Has encontrado lo que necesitabas? Si te falta algo, podemos pedirlo y en un par de días estará aquí. Si te corre mucha prisa, tal vez puedas sobornar a Blay para que vaya personalmente al almacén en Sandwich. Roge seguro que lo haría, pero ahora está de vacaciones.
—No te preocupes; tengo todo lo que he venido a buscar —responde, dejando lo que ha escogido sobre la caja.
—Así que te gusta la comida especiada… A mi marido también, pero a mí no me sienta demasiado bien.
—Las especias no son para todo el mundo, pero a mí me encantan. Si das con la adecuada para un plato, hace magia.
—Eres un cocinillas —comenta Layla, divertida.
—Solo me gusta probar recetas.
—Esperaré a tener más confianza contigo para autoinvitarme a probarlas.
—Layla le guiña un ojo después de meter todos los productos en una bolsa de papel—.
Espero volver a verte pronto por aquí. Toma una tarjeta para que tengas el teléfono de la tienda.
—Layla le da la vuelta y escribe algo en el dorso—.
He añadido el teléfono de Blaise y el mío, por si quieres pedirnos algo.
—Gracias, Layla —responde, guardándose el cartoncito en el bolsillo trasero de los vaqueros.
—A ti.
Regresa a casa para dejar la compra y vuelve a salir ahora que ya está anocheciendo.
Le echa un ojo a un par de restaurantes, una tienda de antigüedades, una con electrodomésticos de todo tipo y una librería, que también vende artículos de regalo y papelería.
También localiza el centro social, aunque está cerrado, y se queda con las ganas de entrar a ver qué libros hay en su biblioteca.
Ceapaire no es un pueblo demasiado grande, pero tiene un encanto especial. Siempre se lo ha parecido y, aunque ha crecido un poco desde su niñez, sigue manteniendo el encanto.
Antes de volver a casa, se detiene en una cafetería a tomar algo fresco. Saca el móvil para responder mensajes, lamentando no haberse llevado su lectura actual. No pensó que encontraría un lugar que le invitase a sentarse a leer tranquilamente aprovechando la farola cercana.
Pone los ojos en blanco cuando lee el mensaje de Stella preguntando si hay chicos guapos en Ceapaire. Acaba de llegar y su amiga ya le está animando a liarse con alguien. En realidad, lleva haciéndolo desde que Castiel rompió con él y, después de tantos meses, debería empezar a hacerle caso.
—¿De todas las cafeterías del mundo, tenías que venir a la mía?
Levanta la cabeza de golpe y se encuentra con el gesto divertido de Blaise.