UN OMEGA PARA DOS ALFAS (ROSE nº 1) Capítulo 8
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Capítulo 8

La magia de nudar

Jaymie

Creí que Mykel estaba exagerando cuando me advirtió de lo intenso que sería pasar el rut con él y Sebastián a la vez; según me contaron, después de provocar el ciclo del otro por algunos años, su rut se sincronizó y siempre lo tienen juntos.

Tenía la tonta idea de que sería algo parecido a cuando tuve mi celo y ellos me ayudaron; sin embargo, no imaginaba que esto fuese tan agotador, tan intenso y a la vez tan placentero.

Nunca se me permitió informarme sobre el rut y lo que hacen los alfas durante su ciclo de calor, solo lo que nos enseñan en la escuela, que me atrevo a decir es muy básico.

Mykel y Sebastián se turnan para penetrarme; en ocasiones se desesperan y uno me folla la boca mientras el otro me coge por detrás.

Mykel es más demandante y tosco, aunque es cierto que por su rut y las feromonas sexuales que expulsan todo el día me mantengo lubricando en grandes cantidades y la preparación es innecesaria.

Tenerlos dentro de mí tanto tiempo sin pausa, donde ellos mantienen la fuerza y la brutalidad al penetrar, aunque se corran varias veces, me drena toda la energía.

Me permiten comer dos veces al día y, si ellos terminan de alimentarse antes que yo, empiezan a follarme a pesar de que continúe comiendo; no hablan, no dicen nada, solo embisten y se mueven hasta correrse.

Los besos son muy escasos y no hay delicadeza en sus toques, a excepción de cuando estoy dormido y quieren hacerme despertar; es como si, aun con la mente nublada por el ciclo del rut, sintieran la necesidad de saber que estoy consciente de lo que harán conmigo.

Mykel, a pesar de ser un alfa y tener toda su atención en mí, no desatiende a Sebastián; en ocasiones, mientras Sebas me está cogiendo, Mykel lo rodea desde atrás y me doy cuenta de que lo penetra cuando el cuerpo de Sebas, encima o debajo del mío, tiembla de placer por Mykel.

Contrario a mí, Sebastián necesita lubricación externa porque no la produce por sí solo, pero Mykel no la usa; hace uso de mi propio lubricante para dilatar a Sebas o simplemente utiliza su precum.

Los alfas en su ciclo de calor llevan el miembro siempre erecto y goteando de precum; el líquido preseminal suele ser más espeso, con el olor y el sabor más intensos que en días normales.

Aunque me he acostumbrado a ser penetrado por ambos alfas a la vez, tomando en cuenta que sus miembros aumentan de tamaño y grosor durante los días del rut, cuando me penetran al mismo tiempo me sorprende cómo mi cuerpo se traga sus pollas juntas; todo mi cuerpo se arquea y empiezo a gemir mientras ellos se mueven a la par persiguiendo su liberación.

En medio de los alfas, intento abrazarme al cuerpo de Mykel; Sebastián me agarra del cuello desde atrás, sus pollas entran y se mueven dentro de mí con una violencia y una fuerza que me hacen delirar.

Sebastián me frota los colmillos en el lado izquierdo del cuello y Mykel hace lo mismo en el lado derecho; los movimientos de sus cuerpos no cesan, embisten con fuerza haciéndome venir, no sé cuántas veces lo he hecho hoy.

No es necesario que me toquen, sus embates me llevan al orgasmo tantas veces que siento que voy a desmayarme en cualquier momento; a pesar de darse cuenta de que me he corrido, ellos continúan embistiendo hasta que los dos se corren en mi interior.

En el punto más alto de su rut intento moverme; ellos me acorralan entre sus cuerpos y me mantienen quieto.

Mi interior empieza a sentirse extraño, estirándose más, como si sus miembros estuvieran aumentando de tamaño dentro de mí.

—¿Qué pasa? —arqueo la espalda, me retuerzo entre sus brazos—. Sebas, Mykel... esto es incómodo, siento que voy a estallar por dentro —lloriqueo.

—Solo es el nudo, se bajará pronto, aguanta un poco —susurra Sebastián.

—Lo siento, no pude evitarlo —se disculpa Mykel.

Se inclina y me da un beso en la frente; relajo el cuerpo y solo espero.

Puedo sentir cómo la hinchazón va bajando poco a poco; Sebastián me acomoda el cabello detrás de la oreja, me olfatea la zona del cuello a la vez que Mykel hace lo mismo del otro lado.

El nudo de ellos por separado no se compara a tenerlos anudándome a la vez.

Tan pronto como el nudo de ambos se baja, salen de mí y me acomodan en la cama; cierro las piernas uniendo las rodillas, parpadeo con pesadez, me siento cansado, exhausto.

Mykel se sube a la cama, me hace girar y me acomoda encima de mis rodillas y manos, dejándome en cuatro con el culo elevado hacia él; se desliza dentro de mí de una sola estocada dura y certera, y me muerdo el labio inferior.

Una sola estocada fue suficiente para que vuelva a correrme; Mykel empieza a embestirme.

Mi semen ha tomado un tono casi transparente y la cantidad que sale de mí ha disminuido bastante por lo mucho que me he corrido.

Entrelazo los dedos en el cabello azabache de Mykel, aprieto las hebras y gimo con descaro, arqueo la espalda y me acomodo para que se deslice más profundo dentro de mí; busco los labios de Mykel, al alfa le gusta más morder, succionar y lamer, así que me besa con torpeza.

Sin dejar de confiar en él, pongo la mirada en Sebastián; me toma por sorpresa cómo se coloca detrás de Mykel, se masajea el miembro, agarra a Mykel de la cintura y me mira a los ojos, con el color miel encendido hasta más no poder.

Sebas embiste a Mykel al mismo ritmo que Mykel lo hace conmigo.

¿Son versátiles? ¿Desde cuándo son versátiles?

Es la primera vez en los meses que tengo con ellos que presencio a Sebastián siendo el que va arriba; Mykel es más dominante, más posesivo.

Al final los dos son alfas y eso hace que sean dominantes por naturaleza, pero aun así no tienen problema con dejar al otro estar arriba.

Empuño las sábanas debajo de mí, siento cada embate, cada roce de su miembro golpeando en mi interior; gimo de placer, las rodillas me fallan, ya no tengo demasiada fuerza, no siento mis extremidades, pero es imposible no sentirlos a ellos follar entre sí mientras me follan a mí.

(...)

Despierto por los lametones de la lengua de uno de los alfas en mi vientre; su boca baja a mi miembro y lo desliza en su interior por completo.

Suelto un jadeo, arqueo la espalda hundiendo la polla en la boca del alfa; abro los ojos y encuentro la mirada de ambos alfas puesta en mí.

Sebastián me chupa, metido entre mis piernas, acomodado con el culo elevado; Mykel, detrás suyo, lo mantiene agarrado de la cintura mientras mueve las caderas penetrando a Sebastián.

Jadeo con fuerza, me retuerzo en el colchón, aprieto las sábanas, empujo las caderas follando la boca de Sebastián mientras observo cómo Mykel lo embiste como un animal, duro y rápido; el sonido del choque de sus pieles me vuelve loco.

Sebas me chupa con hambre; Mykel se inclina sin dejar de moverse, me agarra de la mandíbula y me mira como si quisiera devorarme.

Sebastián hunde los dedos en mi interior y me succiona hambriento; suelto un gemido y me corro en su boca.

Me recupero pronto de los espasmos del orgasmo; Sebastián tira de mí, dobla mis piernas, coloca mis rodillas a la altura de mis codos y rodeo mis piernas manteniéndolas quietas.

Sebas empieza a besarme, se acomoda y me penetra hasta el fondo; me encanta cuando estamos así, uno de los alfas dentro de mí y el otro dentro suyo.

Los tres jadeamos y me muevo al ritmo que lo hacen ellos.

—Sebas, estás yendo muy profundo —lloriqueo—. Tu miembro se está haciendo más grande y, joder, se siente tan bien, me llenas tanto —gimo.

Expulso feromonas sin poder evitarlo; los alfas responden liberando feromonas a la vez para mí. Tuerzo los ojos, perdido en el placer, y me muerdo el labio inferior.

—Oh, joder —gruñe Mykel.

Mis ojos buscan los suyos; me excita ver cuánto disfruta cogerse a Sebas, me encanta que se deseen y disfruten tanto.

—¿Qué pasa? Me estás anudando —se queja Sebastián.

—Lo sé, lo estoy sintiendo —pronuncia Mykel—, estoy tan grande para ti, te voy a llenar por completo; siempre quise anudar dentro de ti, cariño.

Los veo besarse y los tres nos quedamos quietos; un solo movimiento en falso y sería doloroso quién sabe por cuánto tiempo.

No nos movemos hasta que el nudo de ambos alfas desaparece; Mykel nos arrastra al baño y tomamos una ducha juntos que termina siendo demasiado larga.

Estoy repleto de la semilla de ambos y ellos se encargaron de ayudar a limpiarme.

Una vez listos regresamos a la habitación; la cama está tendida con mi ropa sucia, formando un pequeño nido que hicimos para ellos.

Mykel se acomoda en el centro de la cama, Sebastián se sienta en las piernas del alfa; Mykel lo agarra de la cintura y lo acomoda en su erección, deslizándose en su interior de una sola estocada.

Con una sola mirada me piden que vaya con ellos y lo hago; me siento encima de Sebastián, no tengo idea de cómo logramos encontrar un equilibrio.

Mykel es quien se encarga de mantenernos encima de él; cada vez que se mueve termina moviendo a Sebastián, quien a su vez me hace mover a mí.

Estoy en medio de los dos, Sebas de frente a Mykel y yo de frente a Sebas, a su vez dándole la espalda a Mykel; los alfas se inclinan hacia mí, me olfatean todo el cuello y empiezan a lamer la zona, rozando los colmillos a cada lado como si fueran a morder.

Nunca pensé querer y anhelar una mordida, la marca de dos alfas, tanto como lo deseo ahora mismo; no tengo idea de si ellos también quieren hacerlo, pero inclino la cabeza hacia atrás dejando en claro que estoy dispuesto a recibir su marca, crear un vínculo eterno con ellos y todo lo hermoso que conlleva un lazo entre un alfa y su omega, en este caso dos alfas.