Capítulo 7 #2
Sebastián, con la mirada fija en mí, aún chupando el pecho de Jaymie, lo agarra de la cintura, lo acomoda en su erección y lo hace bajar lentamente; ninguno de los dos se detiene hasta que todo el miembro de Sebastián entra por completo en el interior de Jaymie.
El omega arquea la espalda, se muerde el labio inferior y empieza a montarlo.
Sus movimientos son lentos y cuidadosos mientras se acostumbra; Sebastián lo muerde por aquí y por allá, y Jaymie empieza a gemir excitado.
Desde mi lugar logro ver a la perfección el lubricante de Jaymie empaparle la polla a Sebastián, cómo entra y sale del interior de Jaymie una y otra vez, cada estocada más dura que la anterior; en cada sentón el interior de Jaymie se traga la polla de Sebas completa.
Los movimientos de Jaymie aumentan de velocidad; mientras se besan, Jaymie lo monta con fuerza y rapidez.
Sebastián maldice entre dientes, detiene la mirada en mí, azota el trasero de Jaymie, hunde los dedos en la piel de sus nalgas y lo abre, dejándome ver cómo el interior de Jaymie se lo traga entero y lo monta sin problemas, como el mejor jinete del mundo.
—Joder, está yendo muy rápido —gimotea Sebastián—. Me va a romper la polla.
Jaymie no se detiene, continúa saltando en su miembro como si realmente quisiera romperlo; ambos gimen.
Noto cómo Sebastián se tensa, Jaymie le da unos sentones duros y profundos, el alfa gime con fuerza y se mueven a la vez con desesperación; Sebastián es el primero en venirse y Jaymie no tarda demasiado en seguirlo.
Tan pronto como terminan, ambos empiezan a besarse.
Juego con el precum que sale de mi miembro, empapando todo el grosor desde la punta hasta la base.
El sonido del último beso me hace sonreír.
Jaymie baja de las piernas de Sebastián y se gira hacia mí; con las mejillas sonrojadas y los labios hinchados, se lleva el dedo pulgar a la boca y lo muerde a la vez que llega frente a mí.
Se acomoda en mis piernas, me da un beso corto sin retirar el dedo de su boca, guía el mismo dedo frente a mis labios, lo atrapo y lo chupo.
Jaymie empuña mi grosor, lo guía a su centro y frota el glande en su agujero, empapándolo con su lubricante y la corrida de Sebastián.
—¿Me vas a montar con el culo lleno de la corrida de Sebas? —le muerdo el dedo.
—¿No puedo? —gime y me mira con una ternura que contradice por completo la posesividad con que me agarra la polla.
—Tú puedes, siempre puedes —confirmo.
El omega asiente satisfecho; la sola idea de embestirlo estando tan lleno de la semilla de Sebastián me vuelve loco.
El omega se deja caer en mi erección, su cuerpo se traga mi miembro de un solo bocado; Jaymie gime y se muerde el labio inferior.
Tal como lo hizo con Sebastián, empieza a moverse despacio, buscando acostumbrarse al estiramiento.
Tengo unas pulgadas más que Sebastián, pero eso no parece ser un problema para él.
Su dedo pulgar se desliza en el interior de mi boca, lo mordisqueo y Jaymie gime con una pequeña sonrisa; me muerde el labio inferior y me besa con necesidad, hunde la lengua en el interior de mi boca y se la chupo mientras los sentones en mi polla se vuelven más y más violentos.
Jaymie empieza a montarme duro y rápido, Sebastián nos observa completamente embelesado; Jaymie me agarra del cuello y salta en mi miembro con una necesidad y un gusto que me hacen apretar los dientes.
—Estás tan mojado por todos lados —gimo—. Si te preñáramos ahora mismo, sería genial.
—Sí, tu semilla junto a la de Sebas dentro de mí... quiero sentirlas, quiero estar lleno de ustedes dos —gime Jaymie.
—Móntame más duro —demando.
Jaymie obedece, su cintura baja y sube cabalgándome con fuerza; lo nalgueo con ambas manos a la vez, el omega se retuerce y suelta un quejido, se muerde el labio inferior y aumenta la velocidad de sus sentones.
Alcanza mis manos y las guía a su pecho, le aprieto los pezones erectos y sensibles, lo beso en el cuello, inhalo la fuente de sus feromonas, froto los colmillos en su yugular; Jaymie hunde las uñas en mis hombros.
—Me llenas tanto —gime Jaymie—. Eres tan grande —elogia.
—Lo sé, precioso, lo tomas muy bien —susurro en su cuello.
Lo agarro de la cintura, hago que vaya más rápido; Jaymie entiende que necesito correrme, que estoy cerca del borde y no duda en arrastrarme hacia allá.
Su interior se tensa a mi alrededor, aferrándose a mi miembro; sin dejar de montarme, empieza a besarme el cuello, sube a mi oreja y me muerde el lóbulo, expulsa feromonas a la vez que lo hace Sebastián.
—Jaymie, si me muerdes y liberas feromonas así mientras me montas con tanta fuerza, harás que me venga —exclamo.
—Ese es el punto, quiero que te corras, ahora —exige—. Para mí.
Empieza a saltar en mi miembro con más necesidad y fuerza; aprieto los dientes conteniéndome, su interior me aprieta la erección tan duro como si fuera a romperme en dos.
—No harás que me venga tan rápido —provoco.
Aprieto el agarre en su cintura, hago que sus movimientos sean más rítmicos y rápidos mientras él intenta mantener la fuerza y profundidad de sus sentones.
—¿No? —Jaymie hace un puchero.
—No —confirmo.
Mientras me monta, Jaymie se inclinó hacia mí, pasea la lengua por todo mi cuello y sube a mi oreja.
—Córrete para mí, alfa —suplica con un gemido en mi oreja—. Aliméntame.
Aprieto los dientes, Jaymie da sentones duros en mi polla; no aguanto más, maldigo entre dientes, hundo las uñas en su cintura.
Sus movimientos no cesan, gruño y empiezo a besarlo; empujo sus caderas hacia abajo a la vez que levanto la pelvis, ambos gemimos en la boca del otro.
Mis ojos encuentran los de Sebas; el alfa bombea su miembro sin dejar de mirarnos, con la mirada perdida, llena de lujuria y placer, se muerde el labio y tanto él como Jaymie gimen mi nombre.
El omega inclina la cabeza hacia atrás, lo agarro del cuello y lo embisto duro, aprieto los ojos y tenso la mandíbula.
Mi miembro palpita en su interior, su interior intenta tragarme entero; su centro toma todo el semen que sale de mí.
Jaymie se retuerce encima de mí y empieza a correrse, manchando todo mi abdomen; uno su frente a la mía, atrapo su boca e intento devorar sus labios.
Miro a Sebas, él asiente por lo que trago grueso y sujeto a Jaymie de la cintura.
—Pasa el celo con nosotros —propongo. Jaymie frunce el ceño—.
Sé que los ciclos de celo de los alfas son intensos y suelen ser muy cansados para los omegas, y sobre todo que nosotros somos dos, es el doble de agotamiento, el doble en todo; entonces, puedes pensarlo, no te vamos a obligar, podemos entender si no quieres hacerlo.
—No nos vamos a enojar si no quieres —agrega Sebas.
—¿Cuántos días? —indaga.
—Tres días —respondo.
Jaymie guarda silencio por unos minutos, la incertidumbre me carcome por dentro; Sebas no está mejor, se muerde el interior de la mejilla sin apartar la mirada de nosotros, esperando escuchar la respuesta de Jaymie. El omega sonríe y sacude la cabeza.
—No puedo creer que piensen que tengo que pensarlo. Si esto será como la vez de mi celo, pero más intenso, no veo por qué diría que no; yo en verdad quiero pasar el rut con ustedes —concluye Jaymie.