Capítulo 4 #2
Embisto sin de tenerme; mientras se corre, su interior me succiona, y sus paredes palpitan y se aprietan a mi alrededor. Maldigo entre dientes, Mykel me agarra de la mandíbula y empieza a besarme a la vez que me corro dentro de Jaymie y él se viene en su boca.
Las feromonas de Jaymie vuelven a hacer acto de presencia; el omega sale de la cama sin decir nada y se encierra en el baño, dejándonos solos en la habitación.
El aroma deja en claro que el efecto del supresor se ha ido y su celo está en picada ahora mismo.
Después de unos minutos, cuando estoy dispuesto a entrar al baño y confirmar que todo está bien con él, Jaymie vuelve a salir, recoge la ropa que acabamos de quitarnos y la arroja sobre la cama; vuelve a subirse, se muerde el labio inferior y turna la mirada entre nosotros, la detiene en Mykel y lo llama con el dedo índice.
—Y el chico tierno se ha ido —susurra el alfa.
—Definitivamente —concuerdo.
Por órdenes de Jaymie, termino sentado encima de Mykel y él está acostado; el omega se acomoda en la cara de Mykel manteniéndose de frente a mí.
Me llevo los dedos a la boca dispuesto a lubricarme antes de continuar, pero Jaymie sacude la cabeza, alcanza mi mano y me chupa los dedos, me los empapa con la saliva el medio y el anular; después escupe encima de ellos.
Guío los dedos a mi propio centro mientras le como la boca a Jaymie y Mykel se encarga de hundirle la lengua y lamerlo por detrás.
—Ummh —Jaymie gime en medio del beso.
Agarro el miembro de Mykel y lo acomodo debajo de mí; me dejo caer sobre la erección de un solo sentón, lo que hace que Mykel gima.
—Carajo, ve despacio, aflójalo bien primero —se queja.
—No quiero, me gusta cuando se siente por completo, incluso cuando llega a doler un poco —acepto.
—Maldita sea, móntame duro, Sebas —gruñe Mykel.
Obedezco y empiezo a montarlo con sentones rápidos y consecutivos; Jaymie sacude las caderas contra el rostro de Mykel y se pellizca los pezones, por lo que el alfa debajo de él lo golpea en el culo en forma de reproche.
Atrapo los botones duros de Jaymie y los succiono uno a uno, paso la lengua por cada uno de los pezones sin dejar de cabalgar la polla de Mykel.
Aprieto los ojos y monto el miembro de Mykel hasta el fondo; su polla con cada sentón golpea ese punto sensible dentro de mí.
Todo mi cuerpo tiembla, me muerdo el labio inferior y aumento la velocidad de los sentones; el omega detiene la mirada en mí y se acomoda como si fuese a hacer el 69 con Mykel, pero en lugar de chupar su miembro se lleva el mío a la boca.
A la vez que me muevo follándome con el miembro de Mykel, deslizo el mío en la boca de Jaymie.
—Sigue así, vas a romperme la polla, cariño; móntalo duro, justo así —gime Mykel.
Jaymie hace que guarde silencio frotándole el culo en la cara; Mykel saca la lengua y deja que el chico se mueva encima de su lengua como le da la gana.
Maldigo en voz alta, aprieto un mechón de cabello del omega y le follo el interior de la boca con la misma velocidad con que salto en la erección de Mykel.
Embisto con desesperación, gruño y arqueo la espalda mientras me corro; Jaymie se queda quieto en su lugar hasta que termino de correrme, y el miembro de Mykel dentro de mí se sacude y empieza a llenarme.
Siento mis propias paredes apretarle la polla al otro alfa; Jaymie me mira y saca la lengua, mostrándome que se ha tragado todo.
—Buen chico, ven aquí —lo beso en la boca, saboreándome a mí mismo en sus labios.
Jaymie se gira, se pone en cuatro con la espalda hacia mí; Mykel abre la boca y recibe la erección que el omega desliza en el interior de su boca.
El centro de Jaymie está empapado, con el lubricante escurriéndose por sus muslos; la lengua de Mykel le lame las pelotas, se las chupa una por una.
Llevo los dedos a la entrada del omega; mi dedo medio entra sin problema, por lo que deslizo un segundo dedo; follo su interior con suavidad viendo cómo mis dedos se empapan de su lubricante.
—¿Cuántos dedos entran en ti, precioso? —pregunto.
—¿Más? —es lo que responde.
—¿Quieres intentar meter los tuyos? —le hablo a Mykel.
El alfa no responde, pero alcanza mi mano, tantea a ciegas el centro de Jaymie. El omega chilla; Mykel desliza un primer dedo junto a los míos y luego otro, sigue el ritmo que establezco; sus dedos y los míos entran y salen del interior de nuestro omega.
—Nuestras pollas entran juntas aquí sin ningún jodido problema —gruño—. Son cuatro dedos y los recibe tan bien.
Jaymie gime y empujamos los dedos más profundo; mientras Mykel se la chupa, lo follamos a la vez con los dedos.
El omega empieza a moverse de adelante hacia atrás; agarro al omega de la mandíbula y hago que me mire.
Su mirada está completamente perdida por el placer, todo su rostro sonrojado, su torso lleno de chupones y marcas de mordidas leves; intento morderle la boca, sin embargo, Jaymie inclina la cabeza a un lado y me ofrece su cuello para que lo marque.
Sin poder negarme, pero respetando mi acuerdo con Mykel, lo marco temporalmente; paso la lengua por la herida y atrapo sus labios, muerdo su labio inferior y deslizo la lengua en el interior de su boca.
Al correrse, Jaymie nos empapa los dedos de lubricante al tener un orgasmo anal; la intensidad de dicho orgasmo le deja espasmos repetitivos por varios segundos.
Los tres nos metemos a la ducha. Jaymie no pierde tiempo, nos besa cada que puede y toca los músculos de Mykel apretando sus pectorales a la vez que se muerde el labio inferior y se masturba; nos toca bañarlo porque no quiere detenerse, pero el dolor de estómago que tendrá mañana si no lo limpiamos correctamente será tremendo y no queremos que sufra.
Bajo la ducha, el omega recuesta la cabeza en el hombro de Mykel y le acaricia el pecho.
Regresamos a la habitación y nos acomodamos con el omega en medio de nosotros; él se acomoda en el pecho de Mykel y ronronea, alcanza mi mano y tira de mí pegándome a su espalda, gira el rostro y frota su nariz contra la mía ronroneándome tal como lo acaba de hacer con Mykel.
—Intenta dormir un poco, el calor del celo volverá a nublarte los sentidos y no podrás dormir más tarde —intento.
El omega asiente, nos da un beso por separado y le damos uno a la vez, y cierra los ojos dispuesto a dormir. Mykel enfoca la mirada en mí, pega su frente a la mía y me da un beso en los labios.
—Prometo arrancarlo de las manos de su padre —susurra.
—Quiero que lo hagas.