UN OMEGA PARA DOS ALFAS (ROSE nº 1) Capítulo 2 #2
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Capítulo 2 #2

En verdad quería verlos así, completamente perdidos en el otro, mirándose fijamente como lo hacen ahora, mordiendo el labio del otro mientras Mykel entierra la polla entera en Sebas.

El miembro duro del segundo me hace salivar; quiero arrodillarme ante él y chuparle todo el semen que se escurre por el falo hinchado y palpitante.

Sebas se lleva los dedos a la boca, los chupa y empuña su propio miembro; por puro instinto, doy dos pasos al frente dispuesto a ayudarlo.

—No, no puedes —exclama Mykel—. No me tocas a mí, no lo tocas a él, no si no eres parte de nosotros —aclara.

Agarra las manos de Sebas con las suyas, dejándolo inmóvil—.

Y tú conoces las reglas: te corres con mi polla, no con las manos —le recuerda a Sebas—.

Que me corten la polla el día que no sea capaz de hacer que te corras.

Antes de que el otro alfa sea capaz de responder, Mykel empuja la pelvis rápido y duro; el sonido húmedo de los choques repetitivos me hace apretar las piernas.

Sebas lloriquea, pero no se esfuerza por liberarse; el miembro de Mykel entra por completo en una de las estocadas, haciendo que el otro alfa se retuerza y empiece a correrse.

Mykel no se detiene, continúa empujando las caderas en el interior de Sebas mientras él se corre, le lame el cuello y le acaricia la yugular con los colmillos.

Al recomponerse de la corrida, Sebas empieza a corresponder los movimientos de Mykel.

Mykel detiene los movimientos de su cuerpo, permitiendo que Sebas tenga control total de los sentones; libera las manos del otro.

Sebas juega con su propia corrida sin dejar de mirarme, se lleva los dedos a la boca y los chupa gimiendo de placer al probarse a sí mismo.

Mykel alza una ceja divertido; de vez en cuando noto cómo aprieta los dientes mientras Sebas se mueve cada vez más rápido, montándolo con una destreza y facilidad que me deja la boca abierta.

Ambos alfas comparten una mirada. Sebas vuelve a empaparse los dedos de semen; esta vez hace ademán de guiar los dedos a su boca, pero los lleva a la boca de Mykel y curva los labios con una sonrisa satisfecha.

—Eres un buen chico; tu hermano mayor te enseñó a compartir —elogia Mykel; se inclina y hunde los dedos en su boca, los chupa y luego los lame uno a uno.

Los alfas se empiezan a besar; me pone caliente ver cómo se muerden los labios y se meten la lengua el uno al otro.

Ni hablar de la escena frente a mí ahora mismo: tener a los alfas que me gustan desnudos y follando frente a mí es jodidamente caliente, el porno no me prende tanto como ellos, no me pone así de empapado como estoy ahora.

Los sentones de Sebas cobran vida, zamarrea sus caderas y salta con fuerza; por mucho que se mueva, la polla de Mykel continúa firme dentro de él, no se desliza, no se sale. Mykel rompe el beso, agarra a Sebas de la cintura y empieza a levantar la pelvis a la vez que el otro baja.

—Eso es, joder, lo montas muy bien, no pares —elogia Mykel.

—Él... su aroma me está volviendo loco —susurra Sebas, refiriéndose a mí.

Mykel enfoca la mirada en mí.

—Lo sé, huele delicioso, ¿no es así? —cuestiona; aunque mantiene la mirada en mí, sé que habla con Sebas, quien asiente en respuesta—. Está tan empapado ahora mismo... Estoy seguro de que los dos podemos entrar en él sin problema —menciona.

—Yo también —gime Sebas.

Hablan sobre lo que podrían hacerme como si yo no estuviese presente y justo frente a ellos en estos momentos.

—Necesito verte arrancarle la virginidad de una maldita vez —gruñe Mykel.

Ambos fijan la mirada en mí, empiezan a rodearme de feromonas y las mías salen como si tuvieran vida propia.

Los alfas fruncen el entrecejo, se mueven más rápido y descoordinados, gimen con fuerza.

Mykel hunde los dientes en el hombro de Sebas mientras él se muerde los labios; ambos alcanzan el orgasmo, sus cuerpos se sacuden, continúan moviéndose por unos escasos segundos más hasta que sueltan un suspiro.

Los movimientos se van apaciguando poco a poco, se miran a los ojos y se besan.

—Eres increíble —elogia Mykel.

—Soy el mejor y lo sabes —responde Sebas.

Todo mi rostro se pone caliente. Los alfas enfocan la mirada en mí, completamente recuperados.

Sebastián es el primero en moverse; Mykel maldice entre dientes cuando el otro se levanta abandonando la polla ajena, todavía erecta.

Colocándose la camisa, avanza hacia mí, me toca el rostro; el olor a sexo y semen me hace apretar los ojos.

—Eres nuestro omega, eso ya lo sabes. En verdad sería un placer y una bendición que aceptes ser nuestro; no nuestro juguete, nuestro omega, de verdad, por completo —comenta.

Sus labios tocan los míos con tanta ternura y delicadeza que no reconozco a la bestia sexual que estaba montando a otro tipo ahora mismo—.

Dinos que sí, Jaymie, por favor —suplica.

Comparto una mirada con Mykel; él me brinda una media sonrisa y un asentimiento.

—Sí —acepto.

Mykel sonríe ampliamente y empieza a vestirse; Sebas, por otro lado, retrocede y me mira a la cara.

—¿Dijiste sí? —me mira incrédulo.

—Eso dije —confirmo.

Sus ojos brillan y se apresura a buscar los ojos de Mykel.

—¿Escuchaste eso, Myke? Él ha dicho que sí —comunica emocionado.

—Lo escuché, bebé, y deja de llamarme Myke, mocoso —reprende a Sebas.

Sebastián pone los ojos en blanco y sacude la cabeza, enfoca la mirada en mí y me sonríe, me da un beso rápido en la boca y me acaricia los hombros.

—¿Deberíamos hablar ahora mismo sobre cómo serán las cosas? —cuestiona Sebas.

—Yo digo que te pongas unos pantalones primero o no podré concentrarme —responde Mykel.

Sebas se mira las piernas desnudas como si hubiera olvidado por completo que andaba en pelotas en la oficina.

—Cierto.

Mykel se acerca mientras Sebas va en busca de su ropa interior y su pantalón; el pelinegro me toca la mejilla y traza los alrededores de mi boca con la yema del dedo pulgar.

—Supongo que le fundiste el cerebro a mi chico —dice.

—Nuestro —me atrevo a corregirlo, a lo que Mykel sonríe.

—Eso; aprendes rápido: nuestro chico —confirma.

(...)

—En casa no me permiten tomar licor, lo siento —murmuro.

Los Rose comparten una mirada y se sientan uno a cada lado de mí, le dan un sorbo a su trago y Mykel es quien se aclara la garganta.

—Como ya escuchaste por mí, Sebastián es mi hermano menor; no compartimos un vínculo de sangre, pero mi padre se casó con su madre y le puso nuestro apellido a Sebas, así que se puede decir que crecimos juntos.

Tenemos más años de los que recuerdo juntos.

Me lo tuve que robar de casa porque por allá estaba mal visto y todo eso, pero aquí no tenemos ese problema.

Tanto él como yo estamos bien en todos los sentidos, sabemos tu situación en tu familia así que, creo que sería bueno si te mudas con nosotros.

No queremos jugar, eres nuestro omega destinado y por eso te queremos exclusivamente para nosotros y para siempre —comunica.

—Siempre tenemos que ser tu prioridad, así como tú lo serás para nosotros; nuestra relación es lo más importante.

Si no estás de acuerdo con algo o te sientes incómodo, tienes la libertad de hablarlo y lo solucionamos para que te sientas feliz y cómodo; tampoco estás obligado a hacer algo que no quieres solo para complacernos.

No puedes tomar supresores, no a partir de hoy; nos tienes a nosotros para complacerte, protegerte y hacer lo que tú quieras —interviene Sebas.

—Eres nuestro omega aquí, en la luna, en casa, en todos lados; no es algo de momentos o lugares, eres nuestro omega y punto.

No lo puedes ocultar, nosotros tampoco lo haremos; seremos responsables de cualquier situación con tu familia.

Nuestro dinero, nuestros bienes, nuestra casa, nosotros...

todo es tuyo, así como tú tienes que entregarte por completo a nosotros.

Y por si no he sido claro, no quiero alfas rondándote; no se te permite tener el aroma de alguien más impregnado en tu cuerpo.

Ahora bien, ¿tienes dudas o alguna recomendación?

—El sexo —susurro—, ¿será con los dos a la vez, siempre?

—¿Quieres hacerlo solo con uno en específico? —se aterra Mykel.

Me apresuro a sacudir la cabeza.

—No es eso, es que tomarlos a los dos a la vez... no sé si siempre podré, creo que será un poco doloroso —me atrevo a decir.

—Oh, carajo, eso no será así. Un día puede que me folle a Sebas mientras él te lo hace a ti, o viceversa y, como ya dijimos, puedes hablarlo si te sientes incómodo; podemos turnarnos, respetamos lo que quieres.

—¿Qué pasa con los embarazos? —continúo—. Dijiste que nada de supresores y... Quiero disfrutar mi juventud, explorar mi sexualidad, no quiero tener bebés ahora mismo —acepto.

—En ese caso, puedes tomar un anticonceptivo que no te quite las feromonas y deje que tu celo llegue con normalidad —aclara Sebas.

—Puedes tener por seguro que nosotros tampoco queremos un bebé cuando recién entras en la relación; también necesitamos disfrutarte antes —agrega Mykel.

Sebas lo mira mal.

—Mejor cállate —lo reprende Sebas.

—Entonces, estoy dentro; a partir de hoy, ustedes dos me pertenecen —sentencio.