Capítulo 2
Los hermanos Rose
Jaymie
¿Por qué debo elegir a uno, cuando puedo quedarme con los dos?
Desde niño escuché a mis abuelos y a mis padres hablar sobre la monogamia, lo hermoso que es que un omega encuentre a su alfa, tengan hijos y sean felices para siempre; me criaron con los valores tradicionales, queriendo construir un omega obediente y sumiso para su alfa.
Siempre estuve de acuerdo, siempre quise lo que mis padres me inculcaron hasta que los conocí a ellos, los hermanos Rose.
Tan pronto como los conocí, incluso antes de presentarme como omega, supe que ya no estaba tan seguro de querer lo mismo que mis padres se encargaron de inculcarme con tanto esmero.
Me fue imposible apartar la mirada de ellos: dos alfas en todo el sentido de la palabra, dos hombres altos y musculosos, el mayor más aterrador y sexi que el menor, y no voy a negar que eso me humedece como nada más.
Cuando escuché los rumores de su verdadera relación, todo fue peor.
En lugar de sentir repudio o asco, sentí más curiosidad de si puedo recibirlos a los dos a la vez, si puedo tomar a uno por la boca mientras el otro me folla por detrás.
Incluso la sola imagen de ellos follándose entre sí es exquisita; lejos de querer mantenerme alejado de ellos, tan pronto como noté las feromonas en los dos y supe lo que eso significa, chillé de emoción.
Mi padre no tiene ni idea de la razón detrás de haberle pedido hacer mi pasantía aquí, pero no tengo planes de hacérselo saber.
El viernes en casa de los Rose, me encargué de liberar las feromonas suficientes para que ambos hermanos se dieran cuenta de que soy su omega y, tal como lo pensé, lo notaron.
No voy a negar que me sorprendió que intentaran conquistarme uno a uno; esperaba que fuesen los dos a la vez, sería más divertido y estaba dispuesto a aceptar lo que sea que propusieran ahí mismo.
Incluso tenía intenciones de coquetear con ellos, pero ellos empezaron primero y me siento en la gloria.
Como lo pensé, Sebastián es más reservado y caballeroso que Mykel, pero los dos me gustan tanto que no puedo elegir a uno; algo me dice que ellos tampoco aceptarían que elija a uno cuando puedo tenerlos a los dos.
Yo sé que puedo tomarlos a ambos, soy uno de los mejores guerreros de la Madre Luna; ella sabe por qué me envió dos alfas.
Mientras ellos intentan conquistarme, se hace cada vez más evidente la diferencia entre ellos.
Sebastián es todo rosas, elogios, besos dulces, caricias discretas, mensajes de buenas noches; y Mykel es más de acorralarme en los pasillos, escabullirse en el baño de los omegas solo para tocarme como le da la gana, repetirme una y otra vez que soy de ellos, elogiar el aroma de mis feromonas y dejarme saber lo mucho que desea follarme.
Sé que ambos me observan por las cámaras.
Papá está en su oficina, demasiado cerca, pero saber que puede descubrirme en algo solo me emociona más.
Introduzco la mano en el bolso y saco un plug de tamaño mediano; ignoro las cámaras y me meto al baño.
Después de introducirme el juguete, avanzo a la puerta del baño dispuesto a salir; tan pronto como lo hago, encuentro a los alfas avanzando hacia mí.
Mykel es quien se acerca primero, me agarra del brazo y me arrastra de regreso al interior del baño.
—Ven aquí —ordena.
Sebastián me mira y alza una ceja, sonríe y sacude la cabeza siguiendo a su hermano al interior del baño. Mykel me empuja contra el lavamanos y me mira a través del espejo frente a nosotros.
—Señor Rose, ¿qué está haciendo? —suelto un jadeo.
—Tienes dos segundos para decir que no quieres esto y te dejaré ir —informa.
—Uno... Dos —cuento.
Ambos alfas comparten una mirada y asienten. Sebas cierra la puerta del baño desde adentro.
—¿Qué necesitas para aceptar estar con nosotros? —cuestiona Sebas.
—¿Qué clase de apuesta hicieron? —me muerdo el labio inferior.
Mykel sonríe con malicia, me agarra del mentón, hace que lo mire a la vez que empuja las caderas en mi trasero, provocando que el plug se hunda más profundo en mi interior.
—El que obtiene el sí te estrena —confiesa Sebas, mientras Mykel simula embates en mi trasero y el plug vibra dentro de mí. Sebas se inclina y me besa con una dulzura que me arranca el aliento—. Deja que sea tu primero, precioso.
—Imposible, ese privilegio es mío —gruñe Mykel.
Sonrío y turno la mirada entre ellos, intentando mantenerme concentrado tanto como el vibrador dentro de mí me lo permite.
—Quiero... —aprieto los ojos y suelto un gemido, me agarro del lavamanos y enfoco la mirada en Mykel—. Quiero ver cómo te coges a Sebas; fóllalo delante de mí y le daré el sí a quien quiero que me joda primero —acepto.
Ambos aceptan. Espero a que salgan del baño, pero no lo hacen.
Mykel me baja el pantalón hasta los muslos, le hace una señal a Sebas y él me acaricia los labios, empuja dos dedos en el interior de mi boca; los chupo sin apartar la mirada de la suya, mientras su hermanastro juega con el plug dentro de mí, hundiéndolo en mi interior una y otra vez, haciendo que salga solo para volverlo a hundir completo.
—Mírate, cachorro; succionas igual de fuerte por delante y por atrás —elogia Mykel.
Sebas me folla la boca con los dedos mientras Mykel lo hace por detrás con el plug que continúa vibrando.
El segundo me pasa la lengua por el cuello, siento sus colmillos rozar mi yugular y suelto un gemido aun con los dedos de Sebastián en mi boca.
Aprieto las piernas a punto de correrme; ambos liberan feromonas, la vista se me nubla de placer.
Parpadeo viendo cómo Mykel agarra a Sebastián de la mandíbula con fuerza y empieza a besarlo mientras cada uno me folla un agujero a su manera.
—Ummh —gimo.
Empujo las caderas hacia atrás buscando más fricción con el plug; empiezo a correrme, mis piernas flaquean.
Mykel me rodea la cintura con su mano libre sin dejar de besar a Sebas; ver cómo dos alfas se besan con tanta pasión, cómo enredan sus lenguas y el sonido obsceno que crea el choque de sus bocas me lleva al límite.
Tan pronto como logro correrme por completo, intento recomponerme.
Los alfas rompen el beso y se turnan para besarme.
—Ven a la oficina en cinco minutos —ordena Mykel—. Verás lo que quieres.
Mykel retira el plug de mi cuerpo y me sube el pantalón.
—Eres un pervertido, precioso —exclama.
(...)
Me muerdo el labio inferior de pie frente a la puerta de la oficina de Mykel.
Parece irreal que los voy a ver juntos, conectados, amándose; lo he imaginado tantas veces, sin embargo, estar a un paso de verlo frente a mí, estar cerca de ellos, poder unirme si eso quiero, hace que los latidos del corazón se vuelvan locos dentro del pecho.
Me armo de valor y empujo la puerta; de inmediato enfoco la mirada en los alfas, sentados en el sofá de la oficina.
Mykel, con los ojos fijos en mí, besa a Sebas; el segundo está sentado a horcajadas sobre el regazo del primero con una pierna a cada lado de las del otro, con una mano hundiendo los dedos en la piel del sillón y la otra atrapa un mechón de cabello de Mykel.
El bote de lubricante está a un lado, los dedos gordos y largos de Mykel entran y salen de Sebas con una fuerza y dureza que me hace apretar los dientes.
—Tenemos público, cariño —le habla Mykel a Sebas a la vez que desliza un tercer dedo en su interior.
Sebas enfoca la mirada en mí. A pesar de estarme viendo, no puede contenerse; suelta un gemido y asiente.
Mykel retira los dedos, le da un beso en la mejilla al otro alfa y lo agarra de las caderas; sujeta el tronco húmedo y erecto y lo guía al centro de Sebastián, frota la punta hinchada en el anillo anal y alzo la cabeza encontrando la mirada de Mykel.
Con una sonrisa ladina empuja las caderas de Sebas; el pelicastaño gime e inclina la cabeza hacia atrás.
Bajo la mirada a la unión, a ese trozo de carne gordo y duro que se desliza en el interior del otro alfa contra todo pronóstico; la facilidad con la que se desliza indica que el lubricante y el continuo sexo entre ellos hace un buen trabajo.
Mykel alcanza el cabello de Sebas, enreda los dedos de su mano izquierda entre las hebras y hace que el alfa me mire a la cara.
Observo cómo le lame la cara y empieza a deslizar la polla en el interior ajeno una y otra vez; no lo mete completo, solo quiere que el otro se afloje y logre tomarlo por completo.
Sebas gime sin control, cada tanto cierra los ojos y al abrirlos vuelve a mirarme; se muerde el labio inferior mientras Mykel me mira con ojos depredadores como quien quiere que su próxima víctima vea con sus propios ojos lo que está a punto de vivir en carne propia, y esa víctima soy yo.
—Amor... —lloriquea Sebas.
Solo entonces Mykel aparta la mirada de mí, mira al otro alfa y suaviza los movimientos de su pelvis como si estuviera preocupado de estar haciéndole daño al otro.
—¿Precioso? —susurra Mykel.
Los apodos que se tienen, la forma en que se miran, cómo se entienden, cómo se adoran... Quiero tener todo esto con ellos, quiero ser parte de esto, quiero compartirlo con ellos.
—Mételo todo —gime Sebas.
Mykel enfoca la mirada en mí, dejando de lado la preocupación y retomando los embates fuertes en el otro alfa; rodea el cuello de Sebas con la mano izquierda y aprieta un poco.
—Pídelo correctamente —exige Mykel.
—Amor, por favor —suplica Sebas.
Mykel obedece, se hunde en Sebas de una sola estocada dura y certera; el choque de las pieles me hace apretar las piernas.
Ver cómo su miembro entra y sale con una velocidad indescifrable y una fuerza bruta me hace gemir; me muerdo el labio inferior sin dejar de mirarlos.
Estoy excitado, necesitado, completamente empapado y temo que el aroma del lubricante natural que sale de mi cuerpo en estos momentos sea demasiado evidente para ellos, aunque no me molesta que noten cuánto estoy disfrutando esto.