Un nuevo dragón: Ciclo Transformación – Libro III (Crónicas hechiceras 6) Capítulo V
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Capítulo V

Una semana más tarde , Kei marchaba de un lado a otro en el despacho de Ektor y Floree lo contemplaba quieta.

—No se puede confiar en nadie —gruñó él.

—La gente está asustada —explicó ella.

Él inspiró.

—Desde que apareció la magia, todo es miedo y estupideces.

—Y luchas por el poder —susurró Floree.

Kei hizo un gesto desdeñoso con la mano.

—Eso existió siempre. —Sacudió la cabeza—. ¡No comprendo cómo nos traicionaron tantos civiles! Estábamos tan cerca… —Arrugó la frente—. Pero aún tenemos una oportunidad, todavía…

Sonó un golpe a la puerta y, sin aguardar invitación, entró un soldado apresurado, que susurró al oído del general.

Kei frunció el ceño y asió con fuerza los brazos del hombre.

—¿A qué te refieres con «Se confirmó»? ¿ Quién lo vio?

—Uno de los nuestros.

—¿Estás seguro? —insistió el general.

—Sí, lo oímos de sus propios labios.

—Debo hablar con él. ¡Ya!

—Murió —dijo su subordinado, temblando—, a los minutos de contar lo sucedido. Creo que aguantó solo para eso.

Kei bufó y se pasó las manos por el cabello.

—¿Su pelotón?

El soldado negó en silencio. El general suspiró, apretó las quijadas y luego se giró hacia Floree.

—Preciso atender este asunto de inmediato —declaró.

—¿Cuál? —preguntó ella.

Kei rumió unos instantes, después miró la puerta entornada de la habitación e hizo un gesto a su subordinado, quien se apresuró a salir del cuarto y cerrar tras de sí. Entonces, Kei inspiró y se arrimó a Floree.

—Se confirmó el avistamiento de un dragón —murmuró—. No le digas a nadie.

Ella se mordió el labio.

—No creo que tal secreto dure.

—No lo hará —concedió él—, pero necesito todo el tiempo posible.

Floree asintió en silencio y observó a Kei abandonar el despacho. Aguardó quieta. Sin embargo, la portezuela oculta que solía usar Lunet no se abrió. Floree arrugó el ceño y examinó el escondrijo: estaba vacío. Se mordió la lengua.

«¿Le cuento ya a Lunet? ¿O mañana?», caviló a la vez que recorría la habitación.

Ignoraba los planes de Kei. Él deseaba matar al reptil, pero… ¿lo conseguiría? ¿Y si los brujos se enteraban…?

Floree sacudió la cabeza y miró hacia el acceso secreto. Se frotó la cara con las manos. Luego observó sus palmas. Aunque en muchas ocasiones había tratado de ejecutar sortilegios, nunca logró generar magia. Y no le importaba, al menos…

La portezuela del escondrijo se abrió y una agitada Lunet entró al cuarto.

—Perdona —dijo la hechicera y se desplomó en una silla—, debía actuar sobre esa información cuanto antes.

—Esta locura lleva meses —se quejó un civil en la reunión del consejo.

—¡Años! —gruñó Kei.

—Necesitamos enviar más refuerzos —expresó Lunet—, precisamos capturar al dragón.

—¿Y cuál es el plan después? —indagó el militar—, ¿lo traemos a la capital? ¿lo encerramos en el palacio?

—Los preparativos ya se realizaron —declaró la hechicera.

—A mí no me los informaron —expuso Kei.

—El dragón incumbe a los magos —intervino otro brujo.

—¿Entonces por qué quienes más mueren son civiles y soldados? —rebatió el militar—. Nadie regresa con vida luego de avistar a ese reptil. Tal vez, no vale la pena…

—No —interrumpió Lunet y sacudió la cabeza—. No cancelaremos la búsqueda. ¿Acaso no comprendes el riesgo de que lo capture la secta negra? Debemos evitarlo —enfatizó.

—¿A cualquier costo? —preguntó Kei.

—Eh…, tengo una idea —anunció Floree con timidez.