Capítulo III
—No estoy de acuerdo —expresó Kei cuando él y Floree se hallaban solos—. Desperdiciaremos soldados en una misión inútil.
Ella frunció el ceño.
—Pero dijiste que había pruebas de la existencia del dragón.
Él la observó unos minutos. Luego se acercó hasta quedar a escasos centímetros de ella y la tomó por los hombros.
—Es nuestra oportunidad —susurró con fervor—. Aunque los hechiceros se encuentren debilitados, tardarán años en desaparecer, incluso con sus numerosas peleas.
—Ahora están unidos —interrumpió Floree.
—No durará mucho —descartó el general—, los conozco: la tregua terminará apenas vean al reptil. Y entonces, quizás, por fin mueran todos. Seremos libres. Y podremos reconstruir el Imperio.
Ella se mordió el labio.
—¿Y las cosas que dependen de sortilegios?
Él inspiró.
—No resultará fácil, pero lo conseguiremos. La magia solo crea sufrimiento.
Floree titubeó.
—Mmm…
—¿Qué?
—¿Y si capturan al dragón y crean más hechiceros? —preguntó ella—. Entonces, retornarán fortalecidos.
Kei sacudió la cabeza.
—Sabes que muchos civiles desean convertirse en brujos —insistió Floree.
El joven militar se alejó de ella y caminó por la habitación.
—Mi padre fue un mago bueno —dijo Floree con timidez—, ¿no?
—Una excepción —gruñó él.
—Quizás… —propuso ella—, si enviamos personas…
Kei negó con la cabeza.
—Se corromperán, como todos.
Ella suspiró. Y el silencio se instaló en el cuarto.
—Tienes razón —anunció de pronto el general—. Precisamos enviar tropas. —Entornó los ojos—. Y matar a ese reptil, antes de que cree nuevos brujos. Si no, la magia no se irá nunca.
Floree se mordió la lengua y reprimió un escalofrío, no estaba segura de si él asesinaría solo al animal… Debía alertar a Lunet, por las dudas.
Al final , desde el palacio, se despachó una excursión oficial formada por hechiceros, civiles y soldados. Con ella, había más de diez grupos en busca del dragón. Sin embargo, el nuevo objetivo no cambió la situación en los pueblos y la capital.
—Precisamos disminuir el perímetro de las fronteras —anunció el general en una de las asambleas del consejo.
—¿Achicarnos? —preguntó un brujo, con tono indignado.
—Eh… —intervino Floree con timidez, cada vez hablaba más en las reuniones—, sería mejor, ¿no? En un territorio menor, alcanzarían los recursos. —Vaciló cuando los otros la miraron con fijeza y en silencio—. ¿Acaso… la extensión del Imperio no representa uno de los principales problemas?
—Sí —respondió Lunet—, pero las zonas que abandonemos, puede tomarlas alguien.
—¿Quién? —indagó un civil—. La escasez afecta al continente completo.
Lunet inspiró y moduló con calma:
—Razón por la cual, liberar regiones alentará disputas para quedarse con ellas.
El hombre sacudió la cabeza.
—Se utilizó esa excusa para anexar los reinos vecinos y eso no solucionó nada, las peleas no cesaron. En realidad, nunca necesitamos un territorio tan extenso. Reducir el Imperio constituye una opción válida.
—Estoy de acuerdo —dijo Kei.
Lunet intercambió una mirada con el otro mago y luego todos se giraron hacia Floree.