Un nuevo dragón: Ciclo Transformación – Libro III (Crónicas hechiceras 6) Capítulo II
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Capítulo II

Se trataba de un hombre mucho más joven que su predecesor. Antes era solo sargento, pero los oficiales escaseaban.

Floree removió los papiros sobre el escritorio mientras Kei daba su reporte. Si bien él le llevaba pocos años, ella opinaba que su seguridad y aplomo igualaban a los de Lunet.

Floree sonrió con timidez cuando él terminó de hablar.

—Lunet se fue hace unos minutos, lo siento.

—El informe es para ti —señaló Kei con gravedad.

Ella se encogió de hombros.

—Yo no soy nadie.

—No digas eso, todo el mundo importa; no les creas a los hechiceros.

—Lunet es buena y existen otros como ella.

El general vaciló.

—Tal vez por ahora; sin embargo, al final siempre enloquecen. —Inspiró—. Si supieras algunos de los experimentos que realizan. —Negó con la cabeza—. Habría que encerrarlos a todos.

—Lunet dice que no podemos —expresó Floree—, que demasiadas cosas dependen de sortilegios.

—Cierto, pero eso debe cambiar. Incluso tu padre lo creía. —Kei titubeó—. Él trabajaba en ello junto a un grupo de civiles. Quizás la razón por la que lo traicionaron los brujos. Él ansiaba terminar con esta locura.

Floree se mordió el labio y miró los papiros, había leído aquellas mismas palabras ahí.

—Se esforzó en mantenerte alejada —continuó Kei—. Eres la hija, sin magia, del primer hechicero. Representas el futuro que él deseaba para el Imperio.

Ella agrandó los ojos y se echó hacia atrás.

—Yo no sé… nada —musitó.

—Aprenderás. —Kei se inclinó hacia ella—. Solo escucha a la gente y ayúdala, protégela de los brujos.

—Yo no…, no… —tartamudeó Floree—. ¿Qué puedo hacer sin magia?

—No la necesitas. Influencia a Lunet, ella controla a los hechiceros del palacio.

—¿Influenciarla? —preguntó Floree.

Kei vaciló unos minutos y luego se arrimó aún más.

—No le cuentes esto —susurró.

—Comprendo —musitó Floree y pensó en los temas que Lunet pedía no mencionar al general.

—Existen rumores sobre un dragón —cuchicheó él— y… una prueba. —Pasó la lengua por sus finos labios—. Si esta información se esparce… —Sacudió la cabeza.

El secreto no duró ni una semana.

Tras la primera explosión de caos, las facciones de brujos acordaron una tregua. En ambos bandos, escaseaban los hechiceros y no había ninguno ileso. Ansiaban capturar al reptil, que aparentemente se hallaba en los límites del Imperio extendido.

—Debemos enviar una excursión oficial —anunció Lunet en la reunión del consejo.

—No disponemos de recursos suficientes —manifestó Kei—. Las revueltas desbordan la capital hacia los pueblos cercanos y las aldeas exteriores.

—La escasez de comida es la prioridad —intervino un civil—. El invierno se aproxima y el encantamiento de calefacción tampoco alcanza para todos.

—Por eso precisamos más brujos —insistió Lunet—; si no, resulta imposible sostener el Imperio.

—Antes…

—¿Qué importa el antes ? —profirió un mago—. Vivimos en el ahora , y ahora necesitamos un dragón.

—¡Entonces, vayan ustedes a buscarlo! —exclamó Kei.

—Lo haremos —contestó el otro.

Floree observaba la conversación en silencio. Solía permanecer callada en las asambleas. Sin embargo, esa vez sentía los ojos de Lunet sobre ella, presionándola a hablar. Floree se mordió el labio. ¿Qué diría su padre?

—Creo… —expuso con timidez— que… mejor un grupo mixto.