Capítulo 24
Lo que ocurría con los play-offs era que Eric nunca estaba seguro de cuándo sería su último partido. Y aún más difícil era saber cuándo sería su último partido jugando en casa.
El último partido acabó siendo fuera de casa en Washington, al final de la primera ronda de los play-offs . El marcador ni siquiera estaba reñido, así que Eric se quedó solo junto a los postes de la portería —sus compañeros inseparables— y contó en silencio los últimos diez segundos.
Cuando terminó, le dio una palmadita al larguero que tenía detrás.
—Gracias por todo, compas. Cuidad bien de la próxima generación, ¿vale?
Fue devastador no pasar ni siquiera de la primera ronda, pero a Eric le conmovió la ovación que le dedicó el público de Washington tras el partido.
El estadio había puesto su foto en las pantallas gigantes mientras el locutor recordaba a la multitud que ese era el último partido de Eric.
Había muchos aficionados de los Admirals, pero todos los de Washington también le aplaudían.
Entre el palo de la eliminación y esa conmovedora muestra de afecto del público, cuando Eric por fin llegó al vestuario era un saco de lágrimas.
—Lo siento —le dijo a Scott, cuyos ojos estaban tan rojos y llenos de lágrimas como los de Eric—. Quería que llegásemos más lejos.
—Hemos perdido juntos —respondió Scott con firmeza, a pesar de las lágrimas—. Solo lamento que tu último partido no fuera en casa.
Lo abrazó, y luego Carter se unió a ellos, y enseguida todo el equipo se abrazó con Eric en el centro. Quería muchísimo a esos chicos.
El ambiente se volvió sombrío por un momento, pero Carter no tardó en animar de nuevo a todos.
—Pues mi último partido —dijo— será legendario. Marcaré cinco goles y el último dejará un boquete en el cuerpo de Dallas Kent.
Todos se rieron y vitorearon. Eric estaba agradecido a Carter. No creía que pudiera aguantar que su última vez compartiendo vestuario con sus compañeros fuera silenciosa y triste.
Eric había tenido su propia celebración discreta durante su último partido de la temporada regular en casa.
Su familia (padres, hermanos, sobrinas y sobrinos) había bajado desde Hamilton para ver el partido, y después habían salido y pasado el día siguiente juntos.
Había sido agradable, pero hacía mucho tiempo que Eric no estaba de humor para celebrar.
No desde que Kyle le había dado un portazo en la cara.
Habían pasado dos meses desde el día en que habían ido de excursión.
Dos meses desde que había visto a Kyle o había hablado con él.
Había pensado en enviarle un mensaje. Había pensado en aparecer sin más por el Kingfisher.
Pensaba en Kyle todos y cada uno de los días.
Pero Eric tenía que centrarse en los play-offs , y seguía creyendo que le había hecho un favor a Kyle al alejarse de él.
Estar lejos de él le dolía como si se hubiera roto todos los huesos del cuerpo, pero era lo mejor.
Al igual que un hueso roto, se curaría con el tiempo.
Pero, dios, ojalá hubiera podido presentar a Kyle a su familia.
Sabía que sería impactante cuando les dijera que se sentía atraído por hombres.
Y aún más si presentaba a Kyle como su novio, pero estaba empezando a dejar de preocuparse por escandalizar a la gente.
La verdad era que no podía dejar de pensar en la apasionada declaración de Kyle: «Eres perfecto para mí».
Y a pesar de que su mente, quizá tratando de ser sensata, le decía lo contrario, Eric sabía que era verdad. Su corazón sabía que era verdad.
Kyle había sido lo más especial en la vida de Eric, y a Eric le costaba mucho encontrar alegría en cualquier cosa desde que lo había perdido.
Había dedicado el tiempo libre sobre todo a redecorar el salón para que combinara mejor con el cuadro nuevo.
Ahora pasaba las noches mirándolo fijamente, solo, y se arrepentía de haberse tomado tantas molestias para dar cabida a algo tan soso.
Se preguntaba si, en cambio, debería haber hecho espacio en su vida para algo más cálido.
Los pensamientos de Eric giraron en torno a Kyle durante el breve vuelo de vuelta a casa del equipo aquella noche.
Quizá fuera la montaña rusa emocional de los play-offs , o quizá el salto al vacío que suponía poner fin de manera oficial a su carrera en el hockey, pero Eric se encontró preguntándose si no sería demasiado tarde para volver a intentarlo con él.
Kyle podría estar con otra persona ahora.
Podría haberse olvidado por completo de Eric. ¿Y no era eso lo que Eric quería?
No. Dios. Solo pensar en esa posibilidad ya le parecía una tortura.
Eric no quería que Kyle estuviera con nadie más.
Y Eric no quería estar con nadie más que con Kyle.
Se quedó mirando por la ventana mientras observaba cómo las luces de Nueva York titilaban en la oscuridad.
El hockey había terminado. Ese capítulo de su vida había llegado oficialmente a su fin.
Cuando bajara de aquel avión, se despediría de sus compañeros de equipo y de su carrera.
Y, cuando pensaba en el resto de su vida, lo único que sabía era que quería a Kyle en ella.
Tenía que ser valiente una vez más. Esta vez sin máscara ni armaduras. Tenía que ir a ver a Kyle con el corazón en la mano y pedirle perdón por no haberle dado una oportunidad. Por no haberle dado una oportunidad a la relación.
Y, ay, dios mío, esperaba no haber llegado demasiado tarde.
Kyle se quedó paralizado cuando Eric entró en el Kingfisher. ¿No acababa de jugar su último partido esa noche? ¿¡En Washington!?
Kyle miró a ver si encontraba a Scott, pero no estaba ahí. Tenía sentido, ya que Kip no trabajaba esa noche. Estaba solo Eric, y se dirigía decidido hacia Kyle.
¿Qué narices era eso? ¿Estaba Eric triste porque su carrera había terminado y esperaba enrollarse con Kyle para distraerse? Kyle no iba a aceptar eso de ninguna de las maneras.
Bueno, quizá.
Se armó de valor mientras Eric se acercaba y dijo, con la mayor indiferencia posible:
—Hey.
—Hola…
Eric tenía los ojos muy abiertos y parecía inseguro. Si tenía algo más que decir, no parecía tener ninguna prisa en decirlo.
—¿Qué? —preguntó Kyle al final, sin apenas ya paciencia.
—Pues… —Eric echó un vistazo al bar—. ¿Hay algún sitio donde podamos hablar? ¿Solo un momento?
—¿Por qué? ¿Quieres echarme un polvo rápido? Paso.
Kyle fingió secar una jarra de cerveza que ya estaba seca, con la esperanza de parecer que la presencia de Eric le dejaba indiferente.
—No, no es eso por lo que estoy aquí. Te lo prometo. Es solo que… Me gustaría mucho hablar contigo.
—Insisto, ¿por qué?
—Porque necesito pedirte perdón.
Kyle se rio.
—Te ha costado dos meses darte cuenta de eso, ¿eh?
—Sí —dijo Eric con sinceridad—. Es verdad. Pero eso no significa que no haya pensado en ti todos los días.
Joder. Kyle no pudo evitar que el corazón se le acelerara al oír eso.
Había pensado mucho en Eric durante los últimos dos meses, con una mezcla de rabia, tristeza y arrepentimiento.
Al mirarlo ahora, tan guapo con el traje con el que debía de haberse ido del estadio, Kyle no podía negar que todavía lo deseaba.
Buscó a Aram, que estaba merodeando junto a la mesa de tres chicos muy guapos.
—Dame un segundo —le dijo a Eric.
Se acercó a Aram y le dio un golpecito suave en el brazo para llamar su atención.
—¿Qué pasa? —le preguntó su compañero.
—¿Puedes echar un vistazo al bar unos minutos? Eric quiere hablar conmigo de algo en privado.
Kyle sabía lo intrigante que sonaba aquello, pero era lo mejor que se le había ocurrido.
—Claro —dijo Aram, aunque lo miró con curiosidad.
Kyle se alejó antes de que pudiera haber más preguntas. Llevó a Eric al almacén que había detrás de la barra. Cerró la puerta con firmeza al entrar y luego se quedó de pie frente a Eric, sin saber muy bien qué esperar.
Kyle cruzó los brazos sobre el pecho en actitud defensiva.
—Solo tengo unos minutos.
—Lo siento —dijo Eric enseguida—. Me equivoqué y lo siento mucho. Lo eché todo a perder y ojalá hubiera subido contigo después de la excursión.
Kyle lo miró con el ceño fruncido.
—¿Te arrepientes de no habernos acostado hace dos meses?
—No. Me arrepiento de todo lo que podría haber ocurrido después de habernos acostado hace dos meses.
A Kyle se le paró el corazón. ¿Estaba pasando eso de verdad?
—¿Qué podría haber sucedido?
Eric dio un paso hacia él.
—Podría haberte dicho lo que siento de verdad. Que he disfrutado cada momento que hemos estado juntos, ya fuera acostándonos o hablando. Que quiero tener más momentos así. Estar años así.
Kyle tragó saliva, con los ojos en llamas.
—Ah. —Dejó que las palabras calaran hondo, y luego recordó las que Eric había dicho meses atrás, que eran todo lo contrario—. ¿Y qué pasa con eso de que la gente solo debería salir con personas de su misma edad? Porque no he envejecido quince años por arte de magia en los últimos dos meses.
—Siento haber dicho eso. Siento muchas cosas… —Eric miró a Kyle con expresión de súplica—. ¿Me odias?
Kyle relajó los brazos y suspiró.
—Lo he intentado.
Los labios de Eric se curvaron un poco hacia arriba.
—¿Y ha funcionado?
—No. Joder, Eric. No puedo odiarte. Quiero todo lo que acabas de decir. Lo he querido durante meses.
Eric estaba un poco más cerca. Su mirada no dejaba de desviarse de Kyle y se mordisqueaba el labio inferior. Kyle preferiría ser él quien lo hiciera.
—Quiero estar contigo, Kyle. Quiero ser tu novio. Tu pareja. Mientras tú me quieras.
Las lágrimas brotaban sin control de los ojos de Kyle. No le importaba. Sonrió con los ojos llorosos y dijo:
—¿Cómo te atreves a decirme esto en la trastienda del trabajo?
Eric se rio entre dientes y dio un paso hacia él.
—No era así como lo había planeado.
Kyle le rodeó el cuello con los brazos.
—Sabes que después de esto tengo que volver ahí fuera a atender clientes, ¿verdad?
Y entonces los labios de Eric se posaron sobre los suyos, y se besaron con pasión. El cuerpo de Kyle se estremeció de alivio tras tantas semanas sin eso. Eric le agarró la cabeza a Kyle, enredando los dedos en su pelo y despeinándolo.
—No deberíamos… —jadeó Kyle interrumpiendo el beso.
—Lo sé —dijo Eric, y luego lo besó de nuevo.
Deslizó la mano por debajo del dobladillo de la camiseta de Kyle y se la subió para dejar al descubierto su abdomen.
—Ay, joder —jadeó Kyle.
Empujó las caderas hacia delante para que su entrepierna entrara en contacto con la de Eric, y luego volvió a comérselo a besos. No podía creer que estuviera ocurriendo de verdad, y estaba tan abrumado por el deseo que se estaba planteando follarse a Eric en ese almacén.
Eric de pronto se apartó.
—Lo siento —dijo mientras se limpiaba la boca con el antebrazo. Tenía la cara roja por la excitación y, lo más probable, por algo de vergüenza—. No debería haberlo hecho… No era mi intención…
—No pasa nada. De verdad que no me importa.
Eric le sonrió como si no pudiera creer que fuera de verdad. Kyle estaba seguro de que él tenía la misma expresión en el rostro.
—Quiero ir a Grecia contigo —soltó Eric.
—¿De verdad?
—Sí. Pronto. ¿Cuándo puedes ir?
—Pues…
—Y estaba pensando… ¿Crees que Gus vendería el local? ¿A mí, quiero decir? Y quizá a Scott también. No lo sé. Todavía no he hablado con él sobre el tema. Pero creo que le encantaría ser copropietario conmigo, y tú podrías ser el encargado y…
Kyle lo interrumpió con otro beso, pero fue algo torpe porque se estaba riendo del balbuceo tan poco común de Eric.
—Todo suena increíble, pero ahora mismo tengo que ir a acabar mi turno.
—Vale. Claro. —Eric lo besó de nuevo—. Deberíamos hablar. Después.
—Después —asintió Kyle—. Terminaré en una hora.
—¿Quieres venir a mi casa?
—Es muy pasada tu hora de acostarte. ¿Estás seguro?
Eric se inclinó y lo besó de nuevo.
—Que le den a la hora de acostarse. Me he retirado.