Capítulo 22
—¿Qué te parece?
A Eric le dio rabia mostrar tanta impaciencia, pero es que esperar y mirar cómo Scott leía el comunicado que él había redactado para anunciar su retirada era una tortura.
Era el día de su primer partido tras el parón del All-Star, y Eric había decidido hacer oficial su retirada, empezando por sus compañeros de equipo esa misma noche.
—Está bien. —Scott sonrió con tristeza mientras le devolvía el móvil a Eric por encima de la mesa del restaurante—. Así que vas a hacerlo en serio, ¿eh?
—Sí, en serio. Mañana por la mañana se publicará en la página web y en las redes sociales de los Admirals. Y al equipo se lo diré esta noche después del partido.
Scott hinchó las mejillas mientras exhalaba.
—¿Mañana tendrás el móvil apagado todo el día?
—Sin duda.
—¿Tienes algo planeado para distraerte?
Eric pinchó con el tenedor su paella vegana.
—No.
—Te diría de salir por ahí —dijo Scott—, pero justo Kip y yo tenemos una reunión con nuestro organizador de la boda.
—Estaré bien. Quizá vea esa serie que Carter no para de decirme que vea.
—¿Te refieres a esa en la que sale su novia?
«Ah».
—Pues sí. Supongo.
—Quizá cuando dejes el deporte tengas oportunidad de ponerte por fin al día con la cultura pop, Benny.
—Suena agotador.
—¿No hay nadie… más… con quien te gustaría pasar el día? —preguntó Scott con naturalidad.
—¿Me estás preguntando si estoy saliendo con alguien?
—Bueno…
Eric deseaba poder decirle que sí. El tiempo que había pasado con Kyle durante las últimas semanas había sido increíble, pero después siempre se sentía culpable.
No tenía derecho a quitarle tanto tiempo a Kyle, y empezaba a preocuparle que le estuviera dando falsas esperanzas.
A veces (bueno, muchas veces), Eric podía imaginar un futuro en el que Kyle y él fueran una pareja de verdad.
Pero no era justo por su parte desearlo.
Por mucho que a Kyle no pareciera importarle la diferencia de edad, Eric sabía que sí importaba.
Kyle era tan divertido —tenía tanta vitalidad— que merecía algo más que estar con un viejo portero que seguramente pronto necesitaría una cirugía reconstructiva de hombro.
Que tendría el cuerpo de un hombre mucho mayor de lo que era Eric.
La diferencia de quince años entre ellos parecería de cuarenta.
—No. Con nadie —le dijo a Scott.
—¿Y qué hay de…?
—No. —Eric dejó el tenedor sobre el plato. Aunque sabía que la situación era desesperada, llevaba semanas deseando hablar con alguien sobre esto, y ahí tenía su oportunidad—. Kyle y yo… hemos estado… haciendo cosas.
Scott arqueó las cejas.
—¿Cosas?
—Acostándonos. Esa clase de cosas. Es, tipo, sin compromiso, pero… él me gusta. Mucho.
—Uy. Vale. Jolín.
Las mejillas de Scott se sonrojaron como siempre que la conversación derivaba hacia lo sexual.
—Tengo que parar. Con lo de acostarnos, quiero decir.
No creo que sea el tipo de persona que pueda hacerlo sin que signifique nada más.
No me habría acostado con él en primer lugar si no sintiera algo más profundo por él.
—Ahora que ya había derribado la barrera, las palabras le salieron a borbotones—.
No es justo por mi parte fingir que cuando nos acostamos no significa nada para mí, cuando en realidad significa mucho.
Hubo un silencio, y entonces Scott dijo:
—Guau. Has estado pasando por algo muy duro, ¿no? Jooolín, no tenía ni idea.
—Lo sé. Y puedo gestionarlo solo, casi siempre, pero…
—¿Estás seguro de que él no siente lo mismo por ti?
—No lo sé. Nos llevamos bien, y me dijo que le atraen los hombres mayores, pero que le atraigan mayores y que se acueste con ellos no es lo mismo que tener una relación con un portero viejo acabado con una libido poco fiable.
—Eeeh…
—Lo siento. Quizá te he dado información de más.
—¡No! No, no pasa nada. —A Scott se le pusieron las mejillas como pimientos—. Es que, eeeh, ¿quieres decir que normalmente no disfrutas en la cama?
—Disfruto mucho, cuando encuentro a alguien con quien hacerlo. Es solo que no es muy frecuente que me sienta atraído por alguien de esa manera. Sé que es raro.
—No es raro —dijo Scott enseguida—. Pasé la mayor parte de mi vida sin acostarme con nadie, aunque se debía más al miedo que a la falta, eeeh, de interés. —Se rio nervioso—. En fin. La cuestión es que te gusta Kyle y te gusta acostarte con él, ¿no?
—Sí.
—Y supongo que a él también le gustas y le gusta acostarse contigo.
Eric se mordió la mejilla para contener una sonrisa al recordar la última vez que habían estado juntos.
Kyle le había atado las muñecas y los tobillos y lo había dejado con las piernas y los brazos abiertos en la cama usando unos accesorios que se había traído.
Se habían hecho una mamada el uno al otro a la vez, con el cuerpo esbelto de Kyle encima del de Eric, hasta que ambos llegaron al límite.
Entonces Kyle se había dado la vuelta y había cabalgado sobre Eric con fuerza hasta que ambos se corrieron.
Y, después, Kyle se había quedado a pasar la noche. Eric lo había abrazado con fuerza mientras dormían, y por la mañana habían vuelto a acostarse.
En esa ocasión no había habido ni esposas ni juguetes. Solo besos que hicieron que se retorcieran de placer y muchas sonrisas y carcajadas.
Quizá fuera entonces cuando Eric se había dado cuenta de que estaba a punto de enamorarse de Kyle.
—Creo que esto me sobrepasa —admitió Eric.
Los ojos de Scott mostraban compasión, lo que solo hacía que Eric se sintiera aún más patético.
—Como ya he dicho, lo más probable es que no sea la persona más indicada para dar consejos sobre relaciones, pero me parece que deberías hablar con él.
Eric reflexionó sobre la sensata sugerencia de Scott y luego negó con la cabeza.
—No puedo. Aunque él quiera tener una relación conmigo, no es justo para él.
Scott dio un sorbo de agua y luego dijo:
—Sabes, alguna vez había pensado lo mismo sobre Kip.
Al principio por lo de las citas a escondidas y luego por la atención que sabía que recibiríamos como pareja.
Pero al final me di cuenta de que no era una decisión que me correspondiera a mí.
Kip tenía derecho a opinar, y Kyle igual. Es joven, pero ya no es un niño.
—Lo sé. Es que… —Eric suspiró. Sabía que todo lo que decía Scott tenía sentido, pero aún no estaba convencido de que pedirle a Kyle más de lo que tenían fuera justo—. Lo solucionaré. Mejor hablemos de hockey. ¿Crees que los chicos se van a sorprender esta noche?
Scott masticó pensativo el bocado de arroz que tenía en la boca. Después de tragar, dijo:
—Quizá no se sorprendan, pero creo que aun así les afectará. Cuentan contigo, ¿sabes?
—Tommy está listo para sustituirme.
Scott asintió.
—Estoy seguro. Lo hará genial. —Sonrió con tristeza—. Pero él no es tú.
—Me quedaré en Manhattan. Seguirás viéndome. He dedicado demasiado esfuerzo a esa casa como para dejarla.
—Cuando me mudé a la ciudad, no creía que fuera a acostumbrarme nunca. Pero ahora no me imagino viviendo en ningún otro sitio.
—Me pasa igual. Creo que me quedaré para siempre.
Justo mientras decía eso, se le pasó por la cabeza que podría imaginarse viviendo en otro sitio si saliera en serio con Kyle y él quisiera irse de Nueva York. Era una idea del todo absurda.
—Pues perfecto —dijo Scott sonriendo—, así podremos envejecer juntos.
—Te llevo un poco de ventaja, Scotty.
Scott se rio, pero a Eric le fastidiaba que fuera cierto. Le fastidiaba ser mucho mayor que casi todos sus amigos. Mucho mayor que el hombre en el que parecía no poder dejar de pensar.
Por enésima vez, Eric encerró todos sus pensamientos y sentimientos sobre Kyle en una caja fuerte y la cerró con llave.
Tenía que concentrarse en el partido de esa noche contra Toronto.
Entre el anuncio de su retirada y el hecho de que su equipo necesitara muy en serio ganar esa noche, su vida amorosa debería ser lo último que le preocupara.
El ambiente en el vestuario era sombrío tras el partido.
Los Admirals habían jugado duro, pero no habían podido mantener la ventaja hasta el final.
Toronto había empatado el partido cuando quedaba poco más de un minuto para el final del tercer tiempo y luego había marcado de nuevo en la prórroga.
Eric se sentía fatal por haber encajado ese gol.
Y ahora tenía que anunciar a sus compañeros que se retiraba. Joder, quizá se sintieran aliviados después de ese partido.
—Oíd —dijo Scott en voz alta. Se dirigió al centro del vestuario, todavía vestido con el equipo de cintura para abajo y desnudo de cintura para arriba—.
Ha sido un partido duro. Pero nos hemos dejado la piel, joder, y no tenemos por qué bajar la cabeza por eso, ¿vale?
—Señaló a los rookies —. Woody, ¿esa jugada que has hecho en el segundo tiempo para conseguir nuestro tercer gol?
Una puta pasada. Una de las mejores que he visto nunca.
Hubo murmullos apoyándolo por todo el vestuario, e incluso algunos aplausos.
—Benny, sé que te estás machacando por esos dos últimos golpes, pero ¿cuarenta y ocho paradas? Y por lo menos cinco de ellas eran casi imposibles. Esta noche te has lucido de verdad.
—¡Sí, Benny! —gritó Carter.
Los demás lo repitieron y aplaudieron.
—Breezy. —Scott se volvió hacia Brisebois—. Has bloqueado ese disparo de Kent. —Eso provocó silbidos y vítores entre los chicos—. Sin cagarte, tío. Con un par. Me encanta. ¿Cómo tienes la pierna?
—Magullada. Pero me arrancaría toda la pierna y la tiraría si eso impidiera que Kent marcara.
Estallaron las risas, e incluso Eric sonrió.
Scott se sentó junto a Eric y le dijo en voz baja:
—Ya está. Los he preparado para ti.
Eric le sonrió agradecido. Scott y Carter eran los únicos en el vestuario que sabían que Eric se retiraba. Se lo había contado a los entrenadores y a la directiva hacía una semana, pero esta parte sería la más complicada.
Eric se levantó y saludó con la mano, lo que hizo que todos se callaran enseguida. Rara vez decía algo, así que era lo bastante extraño como para llamar su atención.