Capítulo 21 #2
Era mentira, pero no quería decirle a Scott que se lo había contado otra vez primero a Kyle. Eso daría pie a toda una serie de preguntas. Y desde luego no quería decirle a Scott que Rozanov lo sabía. Scott nunca se recuperaría.
—Se lo diré a Carter cuando estemos juntos de nuevo. No quiero que se entere por otra persona.
—Vale, bueno. Asegúrate de lo que quieres antes de decírselo a nadie más, ¿vale? —le dijo Scott.
Eric le dio un codazo.
—Haces que parezca que me estoy precipitando en esto en lugar de poner fin a una carrera de dieciocho años.
—Es demasiado pronto.
Eric le dio una palmada en el muslo a Scott.
—Me retiro, no me muero.
Se levantó; Scott hizo lo mismo y enseguida lo abrazó con fuerza.
—Más te vale que vengas a todos los partidos —dijo Scott.
—Lo haré.
¿Qué otra cosa iba a hacer? No es que tuviera nada más que lo mantuviera ocupado.
—No sé si esta televisión es lo bastante grande —bromeó Maria.
Kyle soltó una risita. Kip los había invitado a él y a Maria a ver el All-Star Game.
Se había mudado al ático de Scott en Manhattan unos meses después de que empezaran a salir, lo que había supuesto una mejora considerable respecto a vivir con sus padres en Bay Ridge.
Y además contaba con un televisor gigante atornillado a la pared.
—Es que los jugadores se ven casi a tamaño real en esta cosa —dijo Kyle.
—Oye —dijo Kip dejando un bol de Doritos sobre la mesa auxiliar—, a veces hay que ver cada gota de sudor durante un partido de hockey y cada lentejuela durante un episodio de Drag Race .
Maria señaló el televisor con el botellín de cerveza.
—Mirad. Están enseñando al feo de tu prometido.
La preciosa cara de Scott, con su mandíbula cuadrada y sus vivos ojos azules, invadió la pantalla.
Estaba hablando con otro jugador durante una pausa en el juego, riéndose de algo que había dicho el otro tipo.
Eric aún no había jugado en ese partido porque, como era uno de los tres porteros del equipo del Este, solo iba a jugar en el tercer tiempo.La retransmisión solo lo había enfocado al principio del partido, cuando se había presentado a cada jugador de forma individual.
Estaba guapísimo bajo las luces dramáticas, sin la máscara, saludando a la multitud.
Kyle había visto bastante a Eric durante las últimas dos semanas. Tras aquella tarde alucinante en su dormitorio, había ansiado a Eric cada minuto que estaban separados. A juzgar por la cantidad de veces que Eric lo había invitado a su casa, parecía que el sentimiento era mutuo.
Pero solo se acostaban. Eso era lo que Kyle se repetía cada vez que se marchaba de casa de Eric, aunque la mayoría de las veces lo hacía ya por la mañana.
Salvo por un polvo de una tarde, todas las demás veces había pasado la noche con Eric, envuelto en sus fuertes brazos en aquella cama celestial.
Siempre hablaban después de acostarse, acurrucados y haciendo esfuerzos por no dormirse.
Hablar era casi lo que más le gustaba a Kyle.
Casi.
—Anoche tuve otro cliente que nos sugirió que hiciéramos una carta de whiskies en condiciones —dijo Kip durante una pausa publicitaria.
—Sí, el jueves tuve dos así —dijo Kyle, agradecido de tener algo de qué hablar que pudiera calmarle un poco los ánimos—. Se lo diré a Gus, pero ya sabes…
—No va a hacer nada para cambiar el local.
—No.
—¿Qué cojones le pasa a vuestro jefe? —preguntó Maria—. ¿Por qué no quiere que su bar sea bueno?
—Pues no lo sé —dijo Kyle—. Es un tío bastante majo, pero hace tiempo que ya no pone el corazón en el local.
—Ojalá al menos se planteara comprar mesas nuevas —dijo Kip—. Casi todas se tambalean, y están como pegajosas.
—Al menos podría restaurarlas —coincidió Kyle.
—Ojalá fueras el encargado —dijo Kip—. Tienes ideas geniales para el local.
Kyle se sonrojó un poco ante el elogio de Kip. En el fondo, nada le gustaría más que ser el encargado del Kingfisher.
—Ya, bueno. Supongo que ya es bastante conocido así tal y como está.
—Solo porque la gente sigue yendo ahí con la esperanza de toparse con Scott —dijo Maria mientras se levantaba—. Voy al baño y luego a por más birra. ¿Alguien quiere una?
—Claro —dijo Kip.
—¿Por qué no? —asintió Kyle.
Cuando Maria se fue, Kip le dio un codazo a Kyle y le dijo:
—Eric está allí casi tanto tiempo como Scott ahora. Por algún motivo.
—¿Qué estás insinuando?
—Que hay algo entre vosotros dos.
Kyle frunció el ceño.
—Somos amigos. ¿Te acuerdas de cuando dijiste que deberíamos ser amigos? Vale, pues lo somos.
—¿Solo amigos? —preguntó Kip—. Porque me he fijado en cómo te mira…
La verdad era que en realidad Kyle quería hablar del tema con alguien, y eso parecía una invitación.
—Vale. Bueno, le he estado… echando una mano con todo eso de salir con hombres. Al principio solo hablábamos. Fuimos juntos a un bar gay, solo a tomar algo.
—Creía que Eric no bebía —interrumpió Kip.
—Toma refrescos. Hablamos y fue agradable. Y, luego, pues… nos besamos.
Kip le dio un puñetazo en el brazo.
—¡Te lo he dicho!
—¡Fue él! Te lo prometo. Tipo, le di un beso en la mejilla, pero luego él se lanzó.
—Hostia puta. ¿Y luego qué pasó?
—Nada. Nos besamos. Y luego me ofrecí a ayudarle con cualquier otra… primera vez.
—¿Y qué dijo? —preguntó Kip impaciente.
—Al principio, nada. Cada uno fue a lo suyo. Después, unos días más tarde, me invitó a cenar a su casa. Y luego… tuvimos sexo educativo.
—¿Sexo educativo?
—Sexo educativo la hostia de sexy. Y luego nos hemos acostado unas cuantas veces más.
—Estoy flipando —dijo Kip—. ¿Entonces estáis juntos?
—No —respondió Kyle rápido—. Qué va. Solo nos acostamos. Sin compromiso. —No le estaba gustando el modo en que Kip le sonreía—. ¿Qué?
—Te has pillado.
—Sin más.
—¡Sin más nada, monada!
—¿Sin más el qué? —preguntó Maria al volver de la cocina con tres botellines de cerveza.
—Nada —dijeron ambos a la par.
Maria entrecerró los ojos.
—Ajá, eso para nada suena sospechoso.
Kyle se rio nervioso.
—Son cosas del trabajo.
—¿Y no tiene nada que ver con el hecho de que Kyle está pilladísimo por alguien? —acusó Maria.
—No… ¡no es verdad! —balbuceó Kyle.
—Ajá. Solo digo que puede que haya más de una persona en esta habitación que esté liada con un puto New York Admiral.
Kyle se quedó boquiabierto. La verdad era que le encantaría contarle a Maria todo sobre Eric, pero él aún no había salido del armario del todo. Y, además, no era una relación en serio. Decidió desviar la atención de sí mismo.
—¿Por qué? ¿Te estás follando a Matti Jalo?
—Ojalá —suspiró Maria mientras se dejaba caer en el sofá—. Quedamos para comer una vez después de aquel espectáculo de drag queens en diciembre y nunca más volví a saber de él.
—Ay —dijo Kip—. ¿Al menos se portó bien contigo?
—Se rio de mis chistes y me hizo preguntas. ¡Es que…, tíos! ¡Me hizo preguntas! ¡Sobre mí!
Cogió un cojín y lo abrazó.
—Espera. ¿Y escuchó las respuestas? —preguntó Kyle.
—Me hizo preguntas para entrar en detalles. De verdad que fue la mejor cita que he tenido nunca. Excepto por el hecho de que en realidad no era ni una cita.
Kip la abrazó.
—Lo siento, amiga.
—Ya sé que no tengo ninguna posibilidad con Matti Jalo, pero aun así… ¡Jolines, macho!
Kip se quedó boquiabierto.
—¡Obvio que tienes posibilidades con él! ¡Pero si yo me he comprometido con una superestrella del hockey! ¡Yo! Y trabajábamos juntos, ¿te acuerdas?
Kyle asintió.
—Si acaso, lo raro es que tú no salgas con una estrella de la NHL , Maria.
Todos se rieron, y luego se distrajeron de la conversación cuando Scott marcó un gol.
—Ese es mi chico —dijo Kip alegre, y luego se apoyó contra Kyle y descansó la cabeza en su hombro.
El calor que Kyle sintió con ese contacto esporádico fue bienvenido, y no contenía nada de la angustia o la culpa que pudiera haber sufrido antes. Se inclinó hacia el brazo del sofá para que su amigo pudiera relajarse mejor contra él.
Parecía que el tercer tiempo tardaba una eternidad en llegar, pero por fin Eric estaba entre los palos y Kyle seguía el partido con mucha más atención. La madre de Maria la había llamado, así que se había llevado el móvil a la cocina, dejando a Kip y a Kyle solos de nuevo.
—Deberías hablar con él —le dijo Kip con voz somnolienta.
—¿Con quién? —preguntó Kyle, como si no lo supiera.
—Con Eric. Si sientes algo por él, deberías averiguar si él siente lo mismo.
—¿Y si no es así? —preguntó Kyle, en lugar de negar los sentimientos que sabía que tenía por Eric.
—Entonces, por lo menos lo habrás intentado. Porque ¿y si sí lo siente?
La idea era abrumadora. Kyle no se había permitido imaginar de verdad una vida en la que fuera el novio de Eric. En la que se le permitiera enamorarse de él.
Observó a Eric hacer una parada en el televisor y contempló en silencio la pregunta que le había hecho Kip.
«¿Y si sí lo siente?».