Un mismo objetivo (Game Changers 4) Capítulo 21
90%

Capítulo 21

Dos semanas después, Eric se encontraba en un ruidoso vestuario de Buffalo mientras los All-Stars de la Conferencia Este se preparaban para el Concurso de Habilidades.

Viejos amigos que por lo general solían ser rivales disfrutaban de la excepcional oportunidad de ponerse al día.

Otros se tomaban el pelo entre escandalosas carcajadas.

Eric observaba a todo el mundo en silencio.

Era un ejercicio interesante reunir a todos esos rivales a mitad de temporada. El hockey era un deporte cargado de emociones y los rencores eran profundos, pero a todos los unía ese deporte que tanto amaban. En cierto modo, eran como una familia.

Ilya Rozanov y Shane Hollander estaban sentados el uno frente al otro y no dejaban de mirarse a los ojos y sonreírse.

Entre ellos había un afecto mutuo que Eric aún no acababa de creerse.

Eran rivales muy famosos, pero supuso que también eran seres humanos más allá de sus habilidades en hockey.

Era evidente que habían encontrado cosas que les gustaban el uno del otro y se habían convertido en buenos amigos.

Dallas Kent estaba en una esquina, hablando con otro jugador que a Eric no le caía muy bien que digamos.

El compañero de equipo de Kent, Troy Barrett, estaba sentado en el vestuario junto a Eric, pero había estado callado todo el tiempo mientras se ponía el equipamiento.

En ese momento estaba absorto en su móvil.

Eric no tenía ningún motivo para que le cayera bien el chico, pero decidió mostrarse amable.

—Este es tu primer All-Star Game, ¿verdad?

Troy levantó la vista, sorprendido.

—Sí. Se suponía que iba a ir el año pasado, pero me lesioné.

—Me acuerdo de eso. ¿En qué prueba vas a participar?

—En la de patinador más rápido.

Eric asintió.

—Tiene sentido. Aunque hay mucha competencia.

—No creo que gane. Pero la otra opción era participar en esa puta mierda de carrera de obstáculos y no quiero hacer el ridículo en mi primer Concurso de Habilidades.

—Los porteros lo tienen mucho más fácil en estas cosas.

Troy solo tenía veinticuatro años. No era un tipo muy grande (quizá rondara el metro setenta y cinco y tenía muy poca masa muscular).

Al igual que Kyle, tenía un cuerpo hecho para la velocidad.

A diferencia de Kyle, él tenía el pelo negro y brillan­te y le caía sobre los penetrantes ojos azules.

Esos ojos no parecían felices en aquel momento, y Eric se dio cuenta de que nunca había visto a Troy muy feliz. Tampoco es que lo hubiera visto mucho.

—Normalmente, después de esto, nos reunimos todos en el bar del hotel o a veces se hacen fiestas en las habitaciones —dijo Eric.

—Ya lo suponía. Sería divertido, pero… —Frunció el ceño al ver a alguien al otro lado de la sala, y Eric se dio cuenta de que era Dallas Kent—. ¿Crees que Hunter irá?

—¿Por qué? —Eric sintió un arrebato de rabia.

¿No sería Troy un capullo de esos homófobos que pasaba de relacionarse con Scott?

Troy lo miró con sus grandes ojos color zafiro.

—No es porque… Dios, no soy de esos, ¿vale? No tengo nada en contra de la gente queer . Solo quiero, no sé, hablar con él. Pero puede que él no quiera hablar conmigo. Eso es todo.

Eric se relajó.

—Hablará contigo —dijo seguro—. Scotty es el chico más simpático del mundo.

—Eso parece.

Eric decidió que, aunque no hiciera nada más útil en ese último fin de semana del All-Star, al menos podría darle un consejo a aquel chaval.

—Sabes, llevo mucho tiempo en esta liga y he tenido que jugar en equipos con gente que no me caía muy bien. Algunos de ellos eran incluso jugadores estrella. Por suerte, los vestuarios son grandes y puedes elegir a las personas con las que quieres estar.

Troy frunció el ceño y luego bajó la mirada al suelo. Se ajustó el jersey y dijo:

—Estoy empezando a darme cuenta de eso.

Eric intentó darle una palmadita amistosa en el hombro, de esas que Scott o Carter darían sin esfuerzo. Le salió un poco torpe, pero esperaba que el gesto se entendiera.

Más tarde esa noche, una vez terminada la competición, un numeroso grupo de jugadores de ambos equipos se había reunido en el bar del hotel. Eric estaba sentado en una mesita con Wyatt Hayes, el portero de Ottawa, un tipo muy divertido. Se les acercó Ilya Rozanov.

—Apártate, Hazy —le ordenó Rozanov—. Tengo que hablar con Bennett.

Wyatt negó con la cabeza, pero se levantó.

—No tienes ni una pizca de respeto por el tipo que te salva el culo cuarenta veces por partido.

Rozanov le entregó un billete de diez dólares.

—Ve a pillarte una cerveza.

Wyatt lo miró con rabia.

—Puedo pagarme la cerveza. Yo también soy un All-Star, ¿sabes?

Rozanov lo miró parpadeando, y Wyatt se alejó refunfuñando sobre los ególatras rusos. Rozanov se deslizó en la silla en que había estado Wyatt.

—No has anunciado tu retirada —dijo yendo al grano.

—Tu capacidad de observación nunca deja de sorprenderme, la verdad.

—¿Por qué no?

—Quería esperar hasta después de este fin de semana.

—¿No quieres ser el centro de atención?

—¡Qué va!

Rozanov sonrió.

—Por eso somos distintos. Yo quiero una temporada de despedida. Un desfile. Que todo el mundo llore en cada partido.

—Estoy seguro de que lo conseguirás.

No se le escapó la forma en que la mirada de Rozanov se desvió brevemente hacia donde estaba Shane Hollander.

—Quizá.

—Scott me ha dicho que quieres que te eche una mano en los campamentos de verano.

—Sí. Pero está ocupado casándose con ese chico al que le gusta besar.

—Creo que te ayudará en el futuro. Lo has impresionado. A todos, de hecho.

Rozanov parecía casi avergonzado. Bajó la cabeza y luego levantó la vista tímidamente.

—¿Sí?

—Claro. Si hay algo en lo que pueda ayudar, dímelo.

—Podrías vender uno de esos trajes caros que te gusta llevar y darnos dinero.

Eric se rio entre dientes.

—Puedo dar dinero sin vender los trajes.

—Nos vendría bien más ayuda con los porteros en los campamentos.

—Quizá podría hacerlo. Me gusta que te hayas esforzado por ser inclusivo en tus campamentos. Supongo que por eso se lo pediste a Scott.

—Sí. Además, no se le da mal el hockey.

—Es lo más bonito que has dicho nunca de él.

—No se lo digas.

Eric no estaba seguro de si debía compartir información personal con Rozanov o no, pero algo le decía que confiara en él.

—No es que sea importante, la verdad, pero soy bisexual. Bueno, parece que ya lo habías adivinado, pero si quieres ese tipo de reputación en tus campamentos…

El rostro de Rozanov se iluminó.

—¡Bisexual! Qué estupendo. ¿Y te has follado ya al adolescente ese rubio?

—No es un… —Eric se mordió la lengua—. Tiene veinticinco años.

—Hace siglos desde que tú tenías veinticinco. ¿Te acuerdas de cuando tenías veinticinco?

—¿Dónde coño está Wyatt?

Eric fingió mirar por encima del hombro de Rozanov.

—¿Así que sí lo has hecho? ¿Te lo has follado?

Eric debería haberse quedado aterrorizado con esa conversación, pero, en cambio, solo deseaba decirle a Rozanov que no solo había follado con Kyle. Deseaba decirle que salía con él. Que Kyle era su novio.

—No te pienso decir nada.

—Eso es un «sí».

Justo en ese momento, Shane Hollander se acercó a su mesa.

—Hola, Eric.

Shane, en resumen, era todo lo contrario de Rozanov: serio, educado y callado.

—Shane. Buen trabajo en la carrera de obstáculos.

Shane le dedicó una sonrisa burlona a Rozanov, que no lo había hecho ni de lejos tan bien en la misma prueba.

—Gracias. La verdad es que fue bastante fácil.

Rozanov le devolvió la mirada con ojos que ardían de cabreo y algo más. Antes de que Eric pudiera averiguar qué era, Rozanov apartó la vista.

Eric vio a Scott hablando con Troy Barrett cerca de la barra, lo cual le alegró. Dallas Kent no aparecía por ningún lado, pero, a juzgar por su reputación, lo más probable era que hubiera encontrado a alguna admiradora que le hiciera compañía.

—Voy a subir a mi habitación —dijo Shane—. Nos vemos mañana, chicos.

—Buenas noches, Shane —dijo Eric.

—Sí, yo no creo que tarde tampoco en subir —dijo Rozanov.

Shane asintió, luego se dio la vuelta rápido y se fue. Rozanov se quedó en la mesa un minuto más o menos y luego le dijo a Eric que iba al baño. Eric se dio cuenta de que, en lugar de eso, se dirigió hacia los ascensores.

Una hora más tarde, Eric estaba solo en el ascensor con Scott, de camino a sus habitaciones contiguas del hotel.

—¿Qué crees que harás? —preguntó Eric—. Cuándo te retires, quiero decir.

Scott frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Por curiosidad.

—Pues no lo he pensado. Todavía me queda mucho hockey por jugar.

Eric asintió despacio.

—Últimamente he estado pensando mucho en eso.

—¿Te…? —Scott bajó la voz hasta convertirla en un susurro repleto de horror—. ¿Te refieres a que estás listo para retirarte?

—Tengo cuarenta y un años.

—Sí, pero… O sea… ¡Mírate! Estás en mejor forma que cualquier otro del equipo.

—¿Te has fijado en mí, Scott?

—¡A veces! ¿Acaso me puedes culpar? ¿Te acuerdas de la altura que alcanzaste en los saltos en cuclillas en el entrenamiento de pretemporada de este año?

Scott se abanicó haciendo teatro.

Eric se rio.

—No, pero en serio. No voy a poder jugar siempre.

—Podrías intentarlo.

Eric le sonrió con cariño cuando el ascensor llegó a su planta. De verdad quería a Scott, y era hora de ser sincero con él. Lo siguió por el pasillo y se detuvo al llegar a su habitación. Scott abrió la puerta e hizo un gesto para que Eric entrara.

—¿Intentas decirme algo, Benny?

Eric se armó de valor. Había llegado el momento.

—Voy a anunciarlo pronto. Esta es mi última temporada.

Scott se quedó boquiabierto.

—No se lo digas a nadie —continuó Eric—. Y no intentes hacerme cambiar de opinión. Ha llegado el momento.

Scott abrió y cerró la boca un par de veces, y luego dijo:

—¿Estás seguro?

—Estoy seguro.

—Pero te echaré de menos —dijo Scott, como si ese fuera todo el argumento que Eric necesitara.

—Compraré un abono de temporada. Iré a todos los partidos.

Scott se dejó caer en la cama.

—No es lo mismo…

—Lo sé. Yo también te echaré de menos. Os echaré de menos a todos.

—¿Lo sabe el entrenador?

Eric se sentó a su lado.

—No. No lo sabe nadie.